Lisa Ling: diagnosticada a los 40 y por fin todo tuvo sentido
Lisa Ling fue diagnosticada con TDAH a los 40 años. Periodista de investigación, presentadora de CNN. 'Toda mi vida tiene sentido ahora'.
Lisa Ling lleva décadas entrando en sitios donde nadie quería que entrara.
Campos de minas activos en Angola. Comunidades cerradas en Corea del Norte. El interior de una prisión de máxima seguridad. Barrios controlados por narcotraficantes en México. La lista sigue.
Periodista de investigación para National Geographic. Presentadora en CNN. Colaboradora de The View. Una de las periodistas más reconocidas de Estados Unidos en lo que lleva de siglo.
Y a los 40 años, mientras grababa un episodio sobre TDAH para su programa, se quedó helada.
"Mientras rodábamos ese episodio", dijo después en una entrevista, "me di cuenta de que yo tenía todos esos síntomas. Toda mi vida de repente tuvo sentido."
Cuarenta años. Una carrera entera. Y hasta ese momento, ninguna explicación que encajara.
¿Cómo puede alguien llegar a los 40 sin un diagnóstico?
Esta es la pregunta que más me hacen cuando hablo de diagnósticos tardíos. Y tiene sentido que la hagan, porque desde fuera parece imposible.
Lisa Ling era buena en su trabajo. Muy buena. Viajaba por el mundo, hacía periodismo de alto riesgo, construyó una carrera sólida. ¿Cómo es posible que nadie viera el TDAH?
Pues precisamente por eso.
El TDAH en personas inteligentes, y especialmente en mujeres, tiene una capacidad brutal para camuflarse. El cerebro encuentra atajos. Desarrolla sistemas propios. Aprende a funcionar a base de adrenalina y plazos imposibles. Y el resultado externo parece competencia, cuando por dentro es un caos constante gestionado a duras penas.
Lisa lo describió así: toda su vida había luchado con la atención. Siempre le costaba mantener el foco en cosas que no le parecían urgentes o estimulantes. Pero cuando algo le interesaba de verdad, meterse en zonas de conflicto, investigar historias que nadie más quería contar, ahí podía concentrarse durante horas.
Eso es hiperfocalización. Y en personas con TDAH, la hiperfocalización puede hacerte parecer muy competente en determinados contextos mientras el resto de tu vida se desmorona a cámara lenta.
El sesgo de género que retrasa los diagnósticos
Aquí hay un punto que me parece importante mencionar porque afecta a muchas mujeres que están leyendo esto ahora mismo.
El TDAH en mujeres se diagnostica tarde. Mucho más tarde que en hombres. Y no es porque las mujeres tengan menos TDAH. Es porque el perfil clásico que aprendieron los médicos durante décadas era el de un niño hiperactivo que no podía quedarse quieto en clase.
Las niñas con TDAH tienden a presentar un patrón diferente. Menos hiperactividad visible. Más inatención. Más tendencia a soñar despiertas, a perderse en sus pensamientos, a parecer distraídas pero tranquilas. No dan problemas en clase. No interrumpen. No se pelean.
Y por eso no se las diagnostica.
Se las etiqueta de despistadas, de poco organizadas, de ansiosas, de sensibles. Y se las manda a casa con un "ya se le pasará cuando madure".
Lisa Ling maduró. Y no se le pasó. Simplemente aprendió a funcionar con ello sin saber que tenía un nombre.
El diagnóstico tardío de TDAH en adultos sigue un patrón muy parecido en miles de personas. Y el daño no es solo no saber lo que tienes. Es construir durante años una imagen de ti mismo basada en información equivocada.
¿Qué cambia cuando por fin te diagnostican a los 40?
Mucho. Y al mismo tiempo, nada.
Tu pasado no cambia. Los años de luchar sin herramientas siguen siendo los mismos. Las veces que te sentiste raro, o disperso, o incapaz de hacer algo que los demás hacían sin esfuerzo, siguen siendo reales.
Pero cambia el marco.
Y cambiar el marco lo cambia todo.
"Toda mi vida tiene sentido ahora." Eso es lo que dijo Lisa Ling. No "ahora ya sé cómo curarme". No "ya tengo la solución". Solo: por fin entiendo por qué.
Por qué le costaba tanto mantener relaciones en ciertos periodos de su vida. Por qué algunas semanas era imparable y otras no podía organizar ni una lista de la compra. Por qué necesitaba el caos y la urgencia de las zonas de conflicto para rendir al máximo, cuando sus compañeros podían trabajar igual de bien desde una redacción tranquila.
El diagnóstico no te arregla. Pero te da un mapa.
Y hay una diferencia enorme entre perderse en un bosque sin mapa y perderse en un bosque sabiendo dónde estás.
El periodismo de riesgo como forma de gestionar el TDAH
Esto es especulación mía, pero no me parece descabellada.
Lisa Ling no cubría noticias suaves. No hacía entrevistas en platós cómodos ni reportajes desde redacciones con wifi y café. Elegía, sistemáticamente, las historias más difíciles, los sitios más peligrosos, los contextos con más presión.
Y eso, desde el conocimiento del TDAH, tiene una lógica bastante clara.
El cerebro con TDAH funciona diferente bajo presión. La adrenalina activa mecanismos que en condiciones normales no están disponibles. Muchas personas con TDAH describen que se sienten más lúcidas, más capaces, más centradas en situaciones de emergencia real que en el trabajo rutinario del día a día.
No porque sean adictas al riesgo en el sentido clásico. Sino porque su cerebro, estructuralmente, necesita un nivel de activación que el trabajo normal no proporciona.
Lisa Ling encontró ese nivel de activación en el periodismo de guerra. En las historias que requieren adrenalina, improvisación y capacidad de reacción inmediata. En los sitios donde no hay tiempo para distraerse porque la distracción tiene consecuencias reales.
Scott Kelly, el astronauta con TDAH
No es la única forma de gestionarlo. Pero explica por qué hay personas con TDAH que rinden de forma extraordinaria en contextos de alta presión y les cuesta horrores hacer los trámites del banco.
La conversación pública que importa
Cuando Lisa Ling habló de su diagnóstico, no lo hizo en un artículo académico. Lo hizo en su programa. Frente a millones de personas.
Y eso tiene un impacto que va más allá de su historia personal.
Hay una mujer de 38 años viendo ese episodio y pensando "espera, eso me pasa a mí". Hay un médico que empieza a hacerse preguntas sobre pacientes que lleva años tratando por ansiedad cuando quizás hay algo más debajo. Hay unos padres que por fin entienden por qué su hija, que saca buenas notas y no da problemas, parece siempre al borde del colapso.
La visibilidad importa. No porque los famosos tengan más autoridad moral que nadie, sino porque normalizan conversaciones que de otra forma no ocurrirían.
Entre los famosos con TDAH que han hablado públicamente de ello, Lisa Ling ocupa un lugar particular. Su historia no es la de alguien que fracasó y luego triunfó. Es la de alguien que triunfó sin entender por qué le costaba tanto, y que a los 40 por fin pudo poner nombre a algo que había cargado toda la vida.
Eso, para mucha gente, es más útil que cualquier historia de superación al uso.
El diagnóstico no llega solo
Lo que me parece importante de la historia de Lisa Ling no es el diagnóstico en sí. Es lo que necesitó para llegar a él.
No llegó buscando ayuda. Llegó por accidente, rodando un reportaje sobre TDAH, y de repente encajaron cuarenta años de piezas sueltas.
Eso no debería ser así. No deberían falta cuarenta años y un golpe de suerte para que alguien entienda cómo funciona su propio cerebro.
Y sin embargo, es la historia de miles de personas.
Si llevas tiempo con la sensación de que algo no cuadra. De que te esfuerzas el doble que los demás para conseguir lo mismo. De que hay días que funciona y días que no, sin ninguna lógica aparente. De que el caos es tu estado natural aunque no quieras que lo sea.
No hace falta esperar al accidente de Lisa Ling. Puedes empezar antes.
Si crees que tu cerebro puede funcionar diferente, el primer paso es entender cómo.
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