Recuerdo un diálogo de una serie de 2003 pero no qué cené anoche
Tu memoria no está rota, tiene preferencias. Por qué recuerdas cosas inútiles y olvidas lo importante con TDAH.
Puedo recitar de memoria la alineación del Real Zaragoza de la temporada 2003/2004. Portero, defensa, medio, ataque. Con dorsales.
También puedo repetir, textualmente, un diálogo de Scrubs que vi en 2005. No uno importante. Uno random del capítulo 14 de la segunda temporada. Ni siquiera era gracioso. Pero ahí está, grabado en mi cerebro como si alguien lo hubiera cincelado en piedra.
¿Qué cené anoche?
Ni idea.
Literalmente no sé si fue algo que cociné, algo que pedí, o si simplemente no cené. Mi cerebro ha decidido que esa información no merece espacio. Pero los dorsales del Zaragoza de hace 22 años, eso sí, eso hay que guardarlo a fuego.
Si te pasa algo parecido, quédate. Porque tu memoria no está rota. Tiene preferencias. Y son unas preferencias bastante absurdas.
¿Por qué recuerdo la letra de una canción de 2001 pero no dónde he dejado las llaves?
La respuesta corta: dopamina.
La respuesta larga: tu cerebro con TDAH no archiva información por importancia. La archiva por interés emocional. Es como tener un bibliotecario borracho que en lugar de ordenar los libros por tema los ordena por lo mucho que le flipó la portada.
Un diálogo de una serie te hizo gracia en su momento. Tu cerebro se enganchó. Dopamina. Grabado para siempre. Un dato sobre dónde dejaste las gafas hace 20 minutos no genera ninguna emoción. Tu cerebro lo mira, bosteza, y lo tira a la papelera antes de que llegue a la estantería.
No es un fallo de almacenamiento. Es un fallo de filtrado. Tu cerebro decide qué es relevante basándose en lo interesante que le resulta, no en lo útil que es. Y resulta que las curiosidades absurdas, los datos random y los diálogos de series son mucho más interesantes para tu cabeza que la reunión de las 10 o el nombre de la persona que te acaban de presentar.
Es el mismo mecanismo que hace que puedas tirarte 6 horas leyendo sobre la historia de los semáforos pero no 10 minutos haciendo una factura. Tu cerebro no elige lo que es útil. Elige lo que le engancha. Y luego te deja tirado con todo lo demás.
La memoria de trabajo es un post-it mojado
Aquí está el tema técnico, pero te lo explico sin aburrirte.
Tienes dos tipos de memoria relevantes. La memoria a largo plazo, que es donde viven los diálogos de series, las letras de canciones y los datos inútiles de fútbol. Y la memoria de trabajo, que es la que usas para retener cosas en el momento. Lo que ibas a hacer cuando te levantaste del sofá. El nombre que te acaban de decir. La segunda cosa que querías comprar en el súper.
En un cerebro neurotípico, la memoria de trabajo es una pizarra pequeña pero funcional. Caben 4 o 5 cosas y se mantienen ahí mientras las necesitas.
En un cerebro con TDAH, la memoria de trabajo es un post-it mojado pegado con celo barato. Caben 2 cosas, y se caen antes de que llegues a usarlas. Te levantas a por agua, pasas por el pasillo, ves una cosa en el suelo, la recoges, entras en la cocina y te quedas mirando la nevera pensando "¿a qué he venido aquí?".
No es que seas tonto. No es que no prestes atención. Es que tu RAM es de 512 MB y estás intentando correr 47 pestañas a la vez. El sistema se cuelga. Y lo primero que se borra es lo último que entró.
Los datos inútiles no son inútiles para tu cerebro
Esto es lo que la gente no entiende.
Cuando te dicen "¿cómo puedes recordar eso pero no lo otro?", asumen que tu cerebro funciona como el suyo. Que tú eliges qué recordar. Que si recuerdas un dato inútil es porque has dedicado espacio mental a guardarlo voluntariamente, espacio que podrías haber usado para cosas importantes.
No funciona así.
Tu cerebro no te pregunta. Graba lo que le da la gana. Y lo que le da la gana suele ser lo que genera una reacción emocional. Una risa. Una sorpresa. Un "mola". Un enfado. Una injusticia. Un dato tan absurdo que tu cerebro dice "esto hay que guardarlo".
Y eso incluye la alineación del Zaragoza. Porque cuando la aprendí tenía 12 años, era lo más importante del mundo, y mi cerebro la codificó con la misma intensidad con la que una persona normal recuerda su boda.
Mientras tanto, las citas del dentista, los cumpleaños y las contraseñas se pierden en el agujero negro de "esto no genera dopamina suficiente". Porque tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y la dopamina no entiende de prioridades.
El problema real no es olvidar. Es que te hagan sentir culpable por olvidar.
Lo peor no es perder las llaves. Lo peor es que alguien te mire con esa cara de "¿otra vez?" cuando las pierdes. Lo peor es sentir que olvidar cosas básicas te convierte en irresponsable, en descuidado, en alguien que no se toma las cosas en serio.
Porque tú sí te las tomas en serio. Te las tomas tan en serio que pones alarmas, escribes notas, repites las cosas en voz alta, y aun así se te olvidan. Y luego alguien te dice "es que tienes que esforzarte más" y te entran ganas de enseñarle las 14 alarmas que tienes en el móvil para recordar cosas que cualquiera hace sin pensar.
No es falta de esfuerzo. Es exceso de esfuerzo invisible.
Porque nadie ve las alarmas. Nadie ve que has repetido mentalmente 6 veces que tienes que comprar leche. Nadie ve que te has mandado un email a ti mismo para no olvidar algo. Solo ven que has olvidado. Y asumen que no te importa.
El truco está en dejar de pelear contra tu memoria
No vas a arreglar tu memoria de trabajo. No va a mejorar con ejercicios de sudoku ni con apps de "brain training" ni con fuerza de voluntad. Tu RAM es la que es.
Lo que sí puedes hacer es dejar de depender de ella.
Anotar todo. No mañana. Ahora. En el momento en que lo piensas. Porque si esperas 30 segundos, se ha ido. Es como intentar sujetar agua con las manos. Puedes sentirla, pero se escurre.
Sistemas externos. Listas, alarmas, rutinas, sitios fijos para las cosas. No porque seas desorganizado, sino porque tu cerebro necesita muletas para lo cotidiano igual que un miope necesita gafas para leer.
No es vergonzante. Es práctico.
Y lo de levantarte a las 4 de la mañana para aprender japonés porque tu cerebro decidió que eso sí era interesante, eso no es un problema. Eso es tu cerebro haciendo lo que mejor sabe hacer. Engancharse con lo que le flipa y convertirlo en conocimiento profundo sin que tú tengas que hacer nada.
El problema es cuando la sociedad te evalúa solo por las cosas que se te olvidan y no por las que recuerdas con una precisión absurda. Porque sí, se te olvida dónde has dejado el móvil. Pero también eres capaz de recordar una conversación de hace 8 años con un nivel de detalle que asusta.
Tu memoria no está rota.
Tiene sus propias reglas. Y en lugar de pelear contra ellas, quizá toca aprender a jugar con ellas.
Si te identificas con todo esto y llevas años pensando que simplemente eres despistado, quizá hay algo más. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, es un punto de partida. 10 minutos.
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