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La velocidad de Hernán Cortés: conquistar un imperio en 2 años

Hernán Cortés derribó el Imperio Azteca en dos años. Esa velocidad extrema encaja con un patrón compatible con TDAH. Velocidad como necesidad, no estrategia.

tdahfamosos

Hernán Cortés llegó a México en 1519. En 1521 ya había derribado el Imperio Azteca. Dos años. La velocidad no era estrategia. Era la única forma en que su cerebro sabía operar.

Y antes de que pienses que exagero, vamos a mirar los hechos. Porque lo que hizo Cortés en esos dos años no se explica solo con ambición, ni con valentía, ni con genio militar. Se explica con un cerebro que no podía funcionar despacio.

¿Qué pasa cuando un cerebro que no sabe ir despacio descubre un continente?

Cortés no debería haber ido a México. Literalmente. El gobernador de Cuba, Diego Velázquez, le había dado permiso para una expedición limitada. Explorar, comerciar, volver. Nada más.

Cortés se fue antes de que le pudieran revocar el permiso.

No porque fuera un rebelde con causa. Sino porque su cabeza ya estaba en México mientras su cuerpo seguía en Cuba. Y cuando la distancia entre lo que tu cerebro está haciendo y lo que tu cuerpo está haciendo es demasiado grande, tienes que moverte. Ya. Sin esperar. Sin pedir permiso una segunda vez.

Eso no es desobediencia calculada. Es un cerebro que se asfixia si no actúa.

Llegó a la costa de Veracruz en febrero de 1519 con unos seiscientos hombres, dieciséis caballos y un puñado de cañones. Contra un imperio de millones de personas. Las matemáticas no daban. No daban de ninguna forma posible.

Y lo primero que hizo fue quemar las naves.

¿Por qué quemar las naves no es locura si tu cerebro funciona así?

La versión romántica dice que fue un gesto de liderazgo. Quemar los barcos para que nadie pudiera retirarse. Motivación extrema. La versión militar dice que fue estrategia pura: eliminar la opción de huir.

Pero hay otra lectura.

Un cerebro que muestra un patrón compatible con TDAH no puede mantener dos caminos abiertos a la vez. La posibilidad de volver atrás no es un seguro. Es ruido. Es distracción. Es una puerta que tu cabeza no deja de abrir cada cinco minutos para comprobar si sigue ahí.

Quemar las naves no fue heroísmo ni locura. Fue silenciar el ruido. Dejar una sola dirección posible para que el cerebro pudiera funcionar.

Porque algunos cerebros con TDAH toman las mejores decisiones cuando se eliminan todas las opciones menos una. No por falta de capacidad, sino porque demasiadas opciones generan parálisis. Y la parálisis, para un cerebro que necesita velocidad, es peor que cualquier enemigo.

¿Por qué algunos cerebros TDAH necesitan ir rápido o se paralizan?

Aquí está la clave de todo lo que hizo Cortés.

No conquistó un imperio porque fuera más inteligente que nadie. Lo hizo porque su velocidad de ejecución era incomprensible para sus enemigos. Tomaba decisiones en horas que a otros les habrían llevado semanas. Forjaba alianzas con pueblos indígenas enemigos de los aztecas al mismo ritmo al que otros escribían informes.

Los tlaxcaltecas, los totonacas, los texcocanos. Cortés no se sentó a negociar durante meses. Les vio el enfado con los aztecas, entendió la oportunidad y actuó. En días, no en meses. Decisiones que redefinieron el mapa político de Mesoamérica tomadas con la velocidad de alguien que pide un kebab un viernes a las dos de la mañana.

Esto es algo que se ve en muchos personajes históricos que muestran patrones compatibles con TDAH. Alejandro Magno conquistó medio mundo antes de cumplir treinta. No porque tuviera un ejército invencible, sino porque se movía a una velocidad que sus enemigos no podían procesar. El patrón se repite.

Y la ciencia actual tiene algo que decir al respecto.

El cerebro con TDAH tiene una relación complicada con la dopamina. La velocidad genera dopamina. El movimiento genera dopamina. La novedad genera dopamina. Cuando te paras, la dopamina cae. Y cuando la dopamina cae, llega la parálisis.

No es que quieras ir rápido. Es que si vas despacio, tu cerebro se apaga.

Cortés mostraba un patrón compatible con TDAH en cada decisión que tomó. La velocidad no era una ventaja táctica que eligió. Era la condición necesaria para que su cerebro siguiera funcionando.

La quema de etapas como forma de supervivencia

Mira la cronología. Es ridícula.

Febrero 1519: llega a la costa. Abril 1519: funda Veracruz y se nombra capitán general para no depender del gobernador de Cuba. Agosto 1519: quema las naves. Noviembre 1519: entra en Tenochtitlán y Moctezuma lo recibe. Junio 1520: la Noche Triste, lo echan de la ciudad. Mayo 1521: empieza el sitio final. Agosto 1521: cae Tenochtitlán.

Treinta meses. De llegar a una costa desconocida a derribar uno de los imperios más grandes del mundo.

Cada vez que Cortés se detenía, las cosas se torcían. La Noche Triste fue exactamente eso: un momento donde la inercia se paró. Donde hubo que esperar, reorganizar, planificar. Y el resultado fue un desastre. Perdió cientos de hombres.

Pero en cuanto volvió a moverse, volvió a ganar.

Ese patrón es reconocible para cualquiera que tenga TDAH. Los momentos de parálisis son los más peligrosos. No porque no sepas qué hacer, sino porque tu cerebro pierde el impulso y recuperarlo cuesta más que empezar de cero.

Es lo mismo que les pasa a muchos espías y aventureros con posibles rasgos TDAH. La acción constante no es temeridad. Es el mecanismo que mantiene el cerebro encendido.

Lo que la velocidad de Cortés dice sobre tu cerebro

No hace falta conquistar imperios para reconocer este patrón.

Si alguna vez has empezado un proyecto a toda velocidad y te ha salido brillante, pero cuando lo has intentado hacer "con calma" te has quedado atascado en el paso dos, ya sabes de qué hablo.

Si alguna vez has tomado una decisión importante en cinco minutos y ha resultado ser la mejor decisión de tu vida, mientras que las que meditaste durante semanas fueron un desastre, ya sabes de qué hablo.

Hay cerebros que necesitan velocidad para funcionar. No por imprudencia. Porque la velocidad es el combustible que mantiene encendida la máquina. Sin ella, todo se para. Y Cristóbal Colón, que navegó hacia lo desconocido con una obsesión que nadie más entendía, es otro ejemplo de ese mismo motor que no sabe funcionar a ralentí.

Cortés mostraba un patrón compatible con TDAH que hoy vemos en miles de personas: la velocidad como necesidad neurológica, no como elección. No puedes ir despacio. No sabes ir despacio. Y cuando alguien te pide que frenes, tu cerebro interpreta "frenar" como "apagarse".

Eso no significa que la velocidad siempre salga bien. A Cortés le costó la Noche Triste. A ti te puede costar un email enviado sin revisar o un proyecto empezado antes de pensar si realmente lo querías hacer.

Pero la velocidad entendida, la velocidad gestionada, la velocidad que sabe que es velocidad y no confunde prisa con urgencia, esa es una de las ventajas más brutales que un cerebro con TDAH puede tener.

Solo necesitas saber que la tienes. Y saber cómo funciona.

Si esto te suena, si reconoces ese motor que o va a tope o se para del todo, puede que tu cerebro funcione de una forma que merece la pena entender. No para frenarlo. Para darle la dirección correcta.

Hacer el test de TDAH

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