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Einstein vs Hawking: dos mentes atrapadas en universos distintos

Einstein libre en su cuerpo pero preso en su cabeza. Hawking preso en su cuerpo pero libre en su mente. Los dos con rasgos TDAH. ¿A cuál te pareces tú?

tdahfamosos

Hay dos físicos que todo el mundo conoce aunque no haya abierto un libro de ciencia en su vida.

Einstein y Hawking.

Uno murió en 1955 con el pelo revuelto y la lengua fuera. El otro murió en 2018 desde una silla de ruedas con una voz sintetizada y un sentido del humor que daba envidia.

Los dos cambiaron cómo entendemos el universo. Los dos tenían algo raro en la cabeza. Y los dos, si les hubieran hecho las pruebas adecuadas, probablemente habrían salido positivos en muchos de los criterios del TDAH.

Hoy vamos a compararlos. No para hacer diagnósticos desde el sofá. Sino porque la comparación dice algo interesante sobre lo que significa tener un cerebro que no para.

¿Por qué hablar de Einstein y Hawking juntos?

Porque son casi opuestos en lo físico y casi idénticos en lo mental.

Einstein tenía un cuerpo completamente funcional y lo usó para escaparse. Escaparse de sus matrimonios, de sus compromisos, de cualquier cosa que le pusiera límites externos.

Hawking tenía un cuerpo que le fue traicionando poco a poco desde los 21 años, y lo que hizo fue meterse más dentro de su cabeza. Su cuerpo se convirtió en una cárcel. Su mente, en su única salida.

Dos formas distintas de vivir con un cerebro desbordado.

Einstein: libre por fuera, atrapado por dentro

Si lees la biografía de Einstein te queda claro que era un tío con el que era muy difícil convivir.

Impulsivo. Distraído hasta niveles épicos. Capaz de obsesionarse con un problema durante años seguidos y luego no acordarse del nombre de su propio hijo. Sus relaciones personales eran un desastre. Sus notas en el colegio, mediocres en las asignaturas que no le interesaban y brillantes en las que sí. Clásico.

Puedes leer más sobre eso en el post sobre Einstein y su historia con las malas notas.

La clave con Einstein es que tenía libertad física total. Podía levantarse, pasear, cambiar de país, abandonar a su familia, meterse en un barco. Y aun así, lo que más le costaba era soltar los problemas que tenía en la cabeza.

Pasó diez años pensando en la relatividad general. Diez años. Con saltos de atención, con bloqueos, con momentos de euforia total seguidos de semanas en que no avanzaba nada. Eso no es genialidad pura. Eso es hiperfoco con las consecuencias que tiene.

El precio lo pagó su familia. Su primer hijo desapareció de la historia. Con su segunda mujer también acabó mal. Era un tío que funcionaba a ráfagas: o estaba completamente dentro de un problema o no estaba en ningún sitio.

Hawking: atrapado por fuera, libre por dentro

El caso de Hawking es el reverso.

A los 21 años le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica. Los médicos le dieron dos años de vida. Vivió 55 más. Eso ya dice algo de cómo funcionaba su cabeza.

Lo que Hawking hizo con su enfermedad fue algo que a mí me parece bastante brutal: la ignoró lo suficiente como para seguir trabajando. No al principio. Al principio se deprimió, como es normal. Pero en algún momento algo cambió. Su cuerpo se fue quedando sin opciones y él fue metiéndose cada vez más adentro.

Puedes ver el patrón si lees más sobre Stephen Hawking y sus rasgos TDAH.

Hawking tenía un humor ácido que muchos no esperaban de alguien en su situación. Hacía apuestas con otros físicos. Se apostó con Kip Thorne que Cygnus X-1 no era un agujero negro. Perdió. Pagó la apuesta comprándole una suscripción a una revista de adultos. Eso no es lo que hace alguien aplastado por su circunstancia. Eso es alguien que encuentra formas de jugar incluso cuando el tablero le va quitando piezas.

La impulsividad, en Hawking, se veía en sus decisiones personales. Sus relaciones también fueron complicadas. Se divorció de su primera mujer, con la que tuvo tres hijos, para casarse con su enfermera. Luego ese matrimonio también acabó en divorcio. No era un hombre de medias tintas.

Los paralelismos que no se pueden ignorar

Aquí está lo interesante de comparar los dos.

Los dos tenían productividad irregular. No producían de forma lineal y constante. Tenían periodos de intensidad brutal seguidos de bloqueos o cambios de dirección. Einstein pasó años dando vueltas a problemas sin solución aparente. Hawking también tuvo épocas más fértiles que otras.

Los dos tenían humor como mecanismo de supervivencia. Einstein con sus frases célebres que suenan a resignación irónica. Hawking con sus apuestas y sus apariciones en Los Simpson y Futurama. No es coincidencia. El humor es una forma de procesar el mundo cuando tu cerebro va demasiado rápido para las reglas normales.

Los dos tenían rebeldía hacia la autoridad establecida. Einstein no encajó en la academia suiza durante años. Hawking discrepó públicamente con otros físicos en temas donde la mayoría callaba. Los dos eran incómodos de una manera que acabó siendo su marca.

Y los dos, esto es lo que más me llama la atención, funcionaban con intensidad o no funcionaban. No había término medio. O el problema les consumía por completo o no les importaba nada.

La diferencia que cambia todo

Pero hay una diferencia que los separa y que dice mucho sobre cómo el contexto moldea un cerebro TDAH.

Einstein tenía el mundo a su disposición y aun así a veces no podía rendir. La libertad no le resolvía los bloqueos. El problema era interno.

Hawking tenía el mundo en su contra de una forma literal y física, y aun así encontraba la manera de seguir. Sus limitaciones externas le forzaron a desarrollar un sistema interno muy sólido. A confiar completamente en su cabeza porque era lo único que tenía.

Hay algo en eso que me parece relevante si tienes TDAH.

No es que las circunstancias no importen. Importan, claro. Pero el patrón que se repite en muchas personas con TDAH es que las restricciones externas, cuando son las adecuadas, pueden ayudar a organizar un caos interno que de otra forma no tiene por dónde salir. Hawking no eligió sus restricciones. Pero las usó.

Einstein tuvo todas las libertades y a veces le paralizaron.

Ninguno de los dos era lo que parece

Hay una versión de Einstein que es el genio distraído con el pelo loco, simpático y sin maldad. Y hay una versión de Hawking que es el mártir heroico que superó su enfermedad con esfuerzo y voluntad.

Las dos son versiones suavizadas.

Einstein era difícil. Egoísta en sus relaciones. Un padre ausente. Un marido peor. Y Hawking tampoco era un santo. Era competitivo, a veces arrogante, y sus relaciones personales dejaban bastante que desear.

Los dos eran humanos con cerebros complicados que produjeron trabajo extraordinario y pagaron un precio personal por ello.

Si te interesa ver cómo se comparan con otro físico que también tenía sus cosas raras, el post sobre Newton vs Einstein y el TDAH añade otra capa a la historia.

Lo que se lleva de todo esto

Einstein libre, Hawking atrapado. Y los dos, a su manera, con el mismo problema de fondo: un cerebro que no seguía las reglas normales.

Lo interesante no es el diagnóstico. Es el patrón.

La intensidad que no se puede apagar. La dificultad para las cosas que no enganchan. El humor como escudo. La rebeldía contra lo establecido. La productividad a golpes.

Si algo de eso te suena familiar, no es porque seas Einstein ni Hawking. Es porque ese patrón existe, tiene nombre, y se puede entender mejor.

Si quieres saber si tu cerebro funciona de una manera parecida, el test de TDAH para adultos te da una orientación bastante clara en menos de diez minutos.

Imperfecto pero publicado. Como ellos.

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