Jubilación con TDAH: 40 años de estructura y de repente nada
Tu cerebro TDAH siempre odió la rutina. Hasta que te jubilaste y desapareció. Resulta que era lo único que te sostenía.
40 años de horarios, reuniones y obligaciones.
De repente nada.
Tu cerebro TDAH siempre odió la rutina. Hasta que desapareció. Y resulta que era lo único que te sostenía.
He recibido varios mensajes de personas de 60 y pico años que me dicen lo mismo: "Rubén, me he jubilado y estoy peor que cuando trabajaba". Al principio pensaba que era broma. Llevas toda la vida quejándote del despertador, del jefe, de los lunes. Y ahora que no tienes nada de eso, resulta que estás hundido.
Pero no es broma. Es lógica pura. Y tiene todo que ver con cómo funciona un cerebro con TDAH.
¿Qué le pasa a mi cerebro TDAH cuando me jubilo?
Tu cerebro con TDAH no genera estructura por sí solo. Necesita que algo externo se la imponga. Un horario. Un jefe que te espera a las 8. Un proyecto con fecha de entrega. Una reunión a las 11 que te obliga a ducharte antes de las 10.
Eso no es disciplina. Es andamiaje externo. Y funciona. Durante décadas, funciona.
El trabajo te daba sin querer todo lo que tu cerebro necesita para no irse a la deriva: presión temporal, consecuencias inmediatas si no cumples, variedad de tareas, interacción social obligatoria. Tu cerebro no tenía que decidir qué hacer a cada momento porque alguien ya lo había decidido por ti.
Y de repente te jubilas. Y ese andamiaje desaparece de un día para otro.
Tu cerebro, que llevaba 40 años apoyándose en una estructura que no había construido él, se queda sin pared donde sostenerse. Y se cae.
No porque seas débil. Sino porque llevas toda una vida funcionando con un cerebro diferente y nadie te lo había explicado así.
¿Por qué la jubilación afecta más a las personas con TDAH?
Porque para alguien sin TDAH, la jubilación es un ajuste. Un cambio de ritmo. Les cuesta un poco, se reorganizan, y en unos meses tienen su nueva rutina: paseo por la mañana, café con los amigos, huerto, clase de pintura, lo que sea.
Para alguien con TDAH, la jubilación no es un ajuste. Es un vacío.
Tu cerebro no tiene la capacidad de fabricar rutina desde cero. No por falta de ganas, sino por neurología. El sistema de regulación de la atención necesita estímulo externo. Sin ese estímulo, todo se desordena.
Te levantas sin hora fija. No sabes qué hacer primero. Piensas en mil cosas pero no empiezas ninguna. Pasan las horas y no has hecho nada. Te sientes inútil. Empiezas proyectos que abandonas a los tres días. Tu pareja te pregunta "¿qué has hecho hoy?" y no sabes qué contestar.
Y lo peor: la gente de tu alrededor no lo entiende. Porque para ellos, jubilarte es un premio. "¿De qué te quejas? Si ya no tienes que hacer nada."
Exacto. Ese es el problema. Que ya no tienes que hacer nada. Y tu cerebro TDAH sin un "tengo que" se convierte en un barco sin ancla en medio del océano.
¿Se puede tener TDAH y no haberlo sabido en 40 años de trabajo?
Sí. Es más común de lo que parece.
Muchas personas de esa generación nunca fueron diagnosticadas. No porque no tuvieran TDAH, sino porque el trabajo les daba la estructura que su cerebro necesitaba. Compensaban sin saberlo. Eran "el despistado de la oficina", "el que siempre llegaba justo", "el que necesitaba presión para rendir". Pero rendían. Y mientras rendían, nadie hizo preguntas.
El TDAH estaba ahí. Tapado por el andamiaje del empleo, las obligaciones familiares, los hijos, la hipoteca. Todo eso que te obligaba a funcionar aunque tu cerebro no quisiera.
Cuando todo eso desaparece, el TDAH sale a la superficie. Como una gotera que siempre estuvo ahí pero que no veías porque había un mueble delante. Quitas el mueble y el agua lleva años cayendo.
Y entonces aparecen los síntomas que ya estaban pero que el trabajo camuflaba: desorganización total, incapacidad de empezar tareas sin presión, pérdidas de memoria que antes achacabas al estrés, irritabilidad, aislamiento.
¿Qué puedes hacer si te ha pasado esto?
No te voy a decir "búscate un hobby". Eso ya lo has intentado y a los 4 días lo dejaste. Tu cerebro no funciona así.
Lo que necesitas es reconstruir el andamiaje. Pero esta vez, tú lo eliges.
Crea estructura externa aunque parezca absurdo. Pon alarmas para todo. Hora de levantarte, hora de salir, hora de comer. No porque seas un robot, sino porque tu cerebro necesita esos bordes para no derramarse.
Busca compromisos con otras personas. No basta con decir "voy a ir al gimnasio". Necesitas que alguien te espere. Un compañero de paseo, un voluntariado con horario fijo, una clase presencial. La clave es que faltar tenga consecuencia social.
Mete variedad. Tu cerebro TDAH se aburre rápido. No diseñes una semana donde todos los días son iguales. Alterna. Lunes taller, martes paseo, miércoles nietos, jueves lo que surja. Si un día es exactamente igual al anterior, tu cerebro lo interpreta como una amenaza y se desconecta.
Y lo más importante: habla con un profesional. Si llevas 60 y pico años sin diagnóstico, este es el momento. No porque estés loco. Sino porque entender cómo funciona tu cerebro a estas alturas puede cambiarte los años que te quedan. Años que no tienes por qué vivir con miedo a lo que viene.
Tu cerebro no está roto. Le falta andamiaje.
La jubilación no te ha roto. Ha quitado la estructura que te sostenía sin que lo supieras. Y ahora tu cerebro TDAH está haciendo lo que siempre hizo: gritar pidiendo estímulo, organización y consecuencias.
La diferencia es que antes el trabajo se las daba gratis. Ahora te toca construirlas tú.
Pero al menos ahora sabes por qué.
Y eso ya es más de lo que tuviste durante 40 años.
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