Gastar la batería del móvil antes de mediodía con TDAH
Son las 12 y tu móvil está al 8%. No has hecho nada productivo pero has abierto Instagram 47 veces. Con TDAH, el móvil es tu cerebro externalizado.
Son las 12 del mediodía. Tu móvil está al 8%. No has hecho nada productivo pero has abierto Instagram 47 veces, has buscado 3 cosas random en Google y has visto 20 minutos de vídeos de perros. Con TDAH tu móvil es la extensión de un cerebro que no para de buscar estímulos.
Y lo peor no es haber gastado la batería. Lo peor es que ni te has dado cuenta.
No has estado ahí sentado diciendo "voy a perder la mañana entera con el teléfono". Has cogido el móvil para mirar la hora. Y de mirar la hora has pasado a comprobar una notificación. Y de la notificación has pasado a Instagram. Y de Instagram a un reel de un tío haciendo tortitas. Y del reel a buscar en Google "sartén antiadherente buena y barata". Y de la sartén a Amazon. Y de Amazon a una review de YouTube. Y cuando has levantado la cabeza, habían pasado 40 minutos y el icono de batería estaba en rojo.
Ese es tu bucle. Y se repite cada día.
¿Por qué tu móvil se queda sin batería antes que el de nadie con TDAH?
Porque tu cerebro tiene hambre. Todo el rato. Un cerebro con TDAH produce menos dopamina de la que necesita para funcionar con normalidad. Y tu móvil es un bufet libre de dopamina abierto las 24 horas.
Cada notificación es un chute. Cada scroll es una promesa de que algo interesante viene justo después. Cada app que abres es un mini estímulo que tu cerebro devora como si llevara tres días sin comer.
El cerebro de alguien sin TDAH coge el móvil, mira lo que necesita y lo deja. El tuyo coge el móvil para mirar lo que necesita y se queda atrapado en una cadena de micro-estímulos que no puede romper porque cada uno promete ser el último. "Solo este reel más." "Solo esta búsqueda." "Solo miro esto y lo dejo."
Solo. La palabra más peligrosa de tu vocabulario.
El resultado es un móvil que a las 12 del mediodía parece que ha corrido una maratón. Pantalla encendida 4 horas seguidas. 200 desbloqueos. Tres apps de batería descargadas irónicamente para ahorrar batería.
El scroll infinito no es un accidente
Las apps están diseñadas para que no puedas parar. El feed no tiene final. El siguiente vídeo se reproduce solo. La notificación llega en el momento justo para que vuelvas a abrir la app. Es ingeniería de la adicción aplicada a una pantalla de 6 pulgadas.
Y para un cerebro neurotípico eso ya es difícil de gestionar. Para tu cerebro con TDAH es como poner un plato de nachos delante de alguien que lleva 48 horas sin comer y decirle "solo come uno". Tu cerebro no sabe comer solo un nacho. Tu cerebro se come el plato, la mesa y parte de la silla.
Esto es exactamente lo que pasa con el scroll infinito y un cerebro con TDAH. No es falta de disciplina. Es un cerebro que busca dopamina y una tecnología diseñada para dársela gota a gota sin parar nunca.
La cadena de "solo iba a mirar una cosa"
El patrón siempre empieza igual. Coges el móvil con un objetivo claro. Mirar un mensaje. Consultar una dirección. Poner una alarma.
Pero entre tú y ese objetivo hay 14 notificaciones, 3 iconos con numerito rojo y una pantalla de inicio llena de apps que gritan "ábreme". Y tu cerebro, que tiene la capacidad de ignorar estímulos de un cachorro de golden retriever, cae en cada una.
Abres WhatsApp para responder un mensaje y 20 minutos después estás leyendo un artículo sobre volcanes en Islandia sin tener la menor idea de cómo has llegado ahí. Te ha pasado. Me ha pasado. Nos ha pasado a todos los que tenemos ese problema de abrir una app y olvidar completamente para qué la habías abierto.
Y con cada desvío, cada app abierta, cada minuto de pantalla, la batería baja un poquito más. No es que uses más el móvil que los demás porque seas un adicto. Es que tu cerebro necesita más estímulos que los demás para funcionar. Y el móvil es el proveedor más accesible que existe.
Las pestañas del navegador cuentan la historia
Si quieres un diagnóstico rápido de cómo funciona tu cabeza, abre el navegador del móvil y cuenta las pestañas. 47. 63. 112. Cada pestaña es un pensamiento que tuviste, que necesitabas explorar en ese segundo, y que nunca cerraste.
"¿Cuántas calorías tiene un aguacate?" Pestaña abierta. "¿Es mejor el colchón de muelles o de espuma?" Pestaña abierta. "¿Cómo se llama el actor de esa peli que vi en 2019?" Pestaña abierta. Cada pensamiento fugaz se convierte en una pestaña. Y cada pestaña es batería que se va.
Es el mismo patrón que las 40 pestañas que tienes abiertas en el ordenador. Solo que en el móvil es peor porque el móvil va contigo a todas partes. Al baño. A la cama. A la cola del supermercado. No hay escapatoria.
Tu cargador es tu mejor amigo (y eso es un problema)
Conoces la ubicación exacta de cada enchufe en tu casa, en tu oficina, en casa de tus padres y en dos cafeterías de tu barrio. Llevas un cable en la mochila, otro en el coche, y probablemente tienes una power bank que compraste a las 2 de la mañana porque Amazon te la puso en recomendados mientras buscabas otra cosa.
Pero el cargador no es la solución. El cargador es el parche que te permite seguir con el bucle sin enfrentarte a él. Es como ponerle más gasolina a un coche con una fuga en el depósito. Puedes seguir conduciendo, pero el problema sigue ahí.
No se trata de usar menos el móvil. Se trata de entender por qué lo usas así. Y la respuesta no es "porque soy vago" ni "porque no tengo autocontrol". La respuesta es que tu cerebro busca lo que necesita y el móvil se lo da más rápido que cualquier otra cosa en tu vida.
No es un problema de disciplina. Es un problema de cerebro.
Puedes poner límites de tiempo en las apps. Puedes activar el modo escala de grises. Puedes dejar el móvil en otra habitación. Y todo eso ayuda. Un poco.
Pero si no entiendes la raíz, volverás a lo mismo. Porque la raíz no es el móvil. La raíz es un cerebro que necesita más estimulación que la media para mantenerse a flote. Y mientras no entiendas eso, seguirás culpándote cada vez que tu móvil llegue al 5% antes de comer.
Tu móvil no se queda sin batería porque seas irresponsable. Se queda sin batería porque tienes un cerebro que funciona a otro ritmo, con otras necesidades, y que ha encontrado en esa pantalla de 6 pulgadas el mejor proveedor de dopamina del mercado.
El primer paso no es tirar el móvil por la ventana. El primer paso es entender por qué tu relación con él es diferente a la de los demás.
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Si tu móvil llega al 5% antes de mediodía más días de los que te gustaría admitir, quizá no es un problema de autocontrol. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos que pueden explicar por qué tu batería y tu cerebro se gastan al mismo ritmo.
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