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Por qué me identifico con Steve Jobs (y por qué eso no es bueno del todo)

Cada vez que leo sobre Steve Jobs veo mi TDAH reflejado. La impulsividad, el hiperfoco, el "eres demasiado". Pero también las partes que nadie quiere copiar.

tdahfamosos

Cada vez que leo sobre Steve Jobs siento esa mezcla de "soy yo" y "dios mío, también soy yo en las partes malas".

Porque identificarte con un genio mola mucho. Hasta que te identificas con la parte que le costó su empresa, sus relaciones y probablemente su salud mental.

Y yo llevo años haciendo exactamente eso. Leyendo biografías de Jobs, viendo documentales, escuchando podcasts sobre Apple, y sintiendo una conexión que va más allá de admirar a alguien. Es algo visceral. Es leer una anécdota suya y pensar "hostia, esto lo hago yo cada martes".

El problema es que durante mucho tiempo solo me identificaba con la parte bonita.

La parte que mola

Steve Jobs era un tipo que miraba el mundo de una forma que nadie más entendía. Veía conexiones donde otros veían caos. Tenía una obsesión enfermiza con los detalles. Podía pasarse tres semanas eligiendo el tono exacto de gris para una carcasa que el 99% de los usuarios nunca iba a mirar por dentro.

Eso yo lo entiendo perfectamente.

Cuando me meto en algo, desaparezco. El mundo se apaga. No como ni duermo ni contesto mensajes. Mi cerebro entra en un modo que es como un túnel: solo existe esa cosa y todo lo demás deja de importar. Lo he hecho con proyectos, con cursos, con ideas que me venían a las tres de la mañana y que a las seis ya tenían una landing page montada.

El hiperfoco. Esa capacidad de concentración salvaje que la gente con TDAH tenemos cuando algo nos enciende de verdad. Jobs lo tenía a niveles extremos. Y cuando leía sobre eso, me sentía validado. "Si él lo hacía y creó Apple, entonces mi forma de funcionar no está rota".

También la impulsividad. Jobs tomaba decisiones en segundos que otros tardaban meses en estudiar. Cambiaba de dirección sin avisar. Lanzaba productos que nadie había pedido. Mataba proyectos en los que su equipo llevaba un año trabajando porque de repente veía algo mejor.

Yo he hecho versiones pequeñas de eso toda mi vida. Empezar un proyecto un lunes y abandonarlo el jueves porque apareció una idea mejor. Decir cosas en reuniones que probablemente debería haberme guardado. Tomar decisiones viscerales que a veces salen bien y a veces salen como un incendio en una fábrica de fuegos artificiales.

Y durante años pensé que eso era genialidad. Porque si Steve Jobs lo hacía, no podía ser un defecto.

¿Es peligroso identificarse con Steve Jobs si tienes TDAH?

Sí. Y te lo digo porque me ha pasado.

La impulsividad que le costó Apple a Jobs

Pero cuando lees la historia de Jobs, la impulsividad se romantiza. "Era un visionario". "Pensaba diferente". "No seguía las reglas". Suena increíble. Suena a póster motivacional. Suena a algo que quieres ser.

Lo que no suena tan bien es que sus compañeros de trabajo lloraban en los pasillos. Que sus amigos más cercanos lo describían como cruel. Que sus propios hijos hablaban de un padre ausente que ponía sus productos por encima de las personas. Que lo echaron de la empresa que él mismo fundó porque su forma de funcionar era insostenible para cualquiera que estuviera cerca.

Eso no sale en los pósters.

Y aquí viene la trampa: cuando tienes TDAH y lees sobre Jobs, tu cerebro hace cherry-picking automático. Se queda con el hiperfoco productivo y descarta la rigidez obsesiva. Se queda con la toma de decisiones rápida y descarta las relaciones destrozadas. Se queda con "eres demasiado para este mundo" y descarta "eres demasiado para las personas que te quieren".

Yo lo hacía. Me decía a mí mismo que ser intenso era un don. Que la gente que no me aguantaba simplemente no estaba a mi nivel. Que si Jobs podía permitirse ser así, yo también.

Spoiler: yo no soy Steve Jobs. Y aunque lo fuera, eso no justificaría nada.

Lo que aprendí dejando de idealizar

Hay un momento en el que dejas de leer biografías buscando validación y empiezas a leerlas buscando lecciones reales. No las bonitas. Las incómodas.

De Jobs aprendí que el hiperfoco es un arma de doble filo. Cuando lo diriges bien, creas cosas que cambian industrias. Cuando no lo diriges, te olvidas de comer durante doce horas, descuidas a las personas que te importan y te convences de que tu proyecto es más importante que cualquier ser humano en la habitación.

Aprendí que la impulsividad no es visión. A veces es simplemente no tener frenos. Y que confundir ambas cosas te puede salir muy caro.

Aprendí que "eres demasiado" no es un cumplido ni un insulto. Es una señal. De que necesitas entender cómo funciona tu cabeza, no para cambiarla, sino para dejar de romper cosas sin querer.

Y aprendí que puedes admirar a alguien sin querer ser como esa persona en todo. Puedes coger la obsesión de Jobs por hacer cosas con sentido y dejar en la estantería la parte donde trataba a la gente como si fueran piezas reemplazables.

Lo que hago ahora cuando me identifico demasiado

Ahora, cuando leo algo de Jobs y pienso "esto soy yo", me obligo a terminar la frase.

"Esto soy yo... y la última vez que hice esto, ¿qué pasó?"

A veces la respuesta es buena. A veces creé algo que me enorgullece. A veces tomé una decisión rápida que resultó ser la correcta.

Pero otras veces la respuesta es: mandé un mensaje que no debería haber mandado. O dejé tirado un proyecto a medias. O ignoré a alguien que me estaba diciendo algo importante porque mi cerebro estaba en otra galaxia.

Cuando Branson me genera la misma identificación

Y las partes difíciles son las que de verdad importan.

Puedes aprender de Jobs sin convertirte en él

Steve Jobs cambió el mundo. Eso nadie lo discute. Pero también dejó un rastro de personas heridas, relaciones rotas y un historial de decisiones que cualquier psicólogo señalaría con rotulador rojo.

Tener TDAH y ver tu reflejo en Jobs es normal. Es casi inevitable. Pero hay una diferencia enorme entre "me identifico con cómo funciona su cabeza" y "voy a usar su historia para justificar mis peores impulsos".

La primera te ayuda a entenderte. La segunda te destruye.

Jobs no tuvo diagnóstico. No tuvo nombre para lo que le pasaba. No tuvo herramientas. Tú sí puedes tenerlas. Y eso cambia todo. Porque no se trata de reprimir la intensidad ni de domesticar el hiperfoco. Se trata de saber qué tienes entre manos para no acabar pagando los mismos costes que él.

Identifícate con la creatividad. Con la capacidad de ver lo que otros no ven. Con la energía que te hace arrancar a las tres de la mañana con una idea que no puedes soltar.

Pero no te identifiques con el precio. Ese no tienes por qué pagarlo.

Si alguna vez te has visto reflejado en alguien famoso y no sabías por qué, puede que tu cerebro funcione de una forma que nadie te ha explicado. Hay una forma rápida de empezar a entenderlo.

Hacer el test de TDAH

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