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Monté un consejo directivo con IA y dejé de decidir solo a las 3AM

Emprendes solo, decides solo, la cagas solo. Así uso la IA como un equipo directivo que me contradice, me cuestiona y me salva de mí mismo.

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Emprendes solo. Decides solo. La cagas solo. Y a las tres de la mañana, con el portátil abierto y el estómago cerrado, te preguntas por qué nadie te dijo que esa idea era una mierda antes de ejecutarla.

Porque no hay nadie. Ese es el problema.

Cuando eres el jefe, el empleado, el de marketing, el de finanzas y el que friega las tazas, no hay nadie que te contradiga. Y eso suena genial hasta que te das cuenta de que contradecirte es exactamente lo que más necesitas.

¿Puedes tomar buenas decisiones si eres el único que opina?

No. Bueno, puedes. Pero las probabilidades están en tu contra.

Sobre todo si tu cerebro funciona como el mío: uno que te dice que todo es urgente y que todo es un desastre. Al mismo tiempo. Sin pausas. Como una alarma de incendios que se dispara porque alguien ha hecho tostadas.

Las peores decisiones las tomas solo. A las tres de la mañana. Convencido de que eres un genio. Las mejores las tomas después de que alguien te diga "para. Piénsalo otra vez."

El problema es que ese alguien no está disponible a las tres de la mañana.

Así que lo construyes.

¿Cómo montas un equipo que no existe?

Con IA. Pero no de la forma que estás pensando.

No es "le digo a ChatGPT que me haga un plan de negocio". Eso es usar la IA como un becario con buena memoria. Lo que funciona es diferente: construir personas. Con roles, personalidad y funciones específicas. Cada una especializada en una cosa distinta.

Una que te dice si tu contenido conecta emocionalmente o si estás hablando al vacío. Otra que te pregunta "vale, muy bonito, pero qué se lleva el lector de aquí". Otra que te avisa cuando tu texto suena a formulario de Hacienda. Otra que detecta si estás usando jerga que solo entienden tres personas en tu burbuja.

Es como tener un abogado, un contable y un amigo brutalmente honesto revisando lo que escribes. Los tres te dicen cosas distintas. Los tres tienen razón desde su perspectiva. Y tú decides con más información de la que tenías antes.

La clave es que no les pidas que escriban por ti. Les pides que opinen sobre lo que tú has escrito. La diferencia es la misma que hay entre copiar los deberes y que alguien te corrija los tuyos.

¿Por qué necesitas voces que te contradigan?

Cuando tu termómetro emocional marca 10 grados menos que la realidad, necesitas voces externas que recalibren. Porque las tuyas vienen con ansiedad de serie.

Tu cerebro te dice que hay que cambiar la estrategia. Que este lanzamiento es un desastre. Que deberías pivotar. Que el precio es demasiado alto. Y demasiado bajo. Al mismo tiempo. Sin prioridad. Sin filtro.

Necesitas un sistema que calibre. Que te diga "esto es una buena idea pero el enfoque es tibio" o "esto es brillante, no lo toques" o "esto no lo entiende nadie fuera de tu burbuja".

Sistemas por encima de intuición. Sobre todo cuando tu intuición tiene un termómetro roto.

Es lo mismo que pasa al emprender con TDAH: necesitas herramientas que compensen lo que tu cerebro no puede hacer solo. Y un consejo directivo de IA es la herramienta más rara que puedes construir. Pero también la más útil.

¿Y qué pasa cuando dejan de evaluar y empiezan a debatir?

Aquí es donde la cosa se pone interesante.

Cuando en vez de pasarles un borrador les pides opinión sobre una idea, empiezan a discutir entre ellos. El que se encarga de la polarización dice que tu enfoque es demasiado tibio. La que revisa la claridad pide que dejes de usar jerga de marketing. El de ritmo te dice que el tercer párrafo se arrastra como un lunes por la mañana.

Ninguno tiene razón al 100%. Pero todos juntos te dan una foto que solo no verías nunca.

Y lo mejor: no tienen ego. No tienen agenda oculta. No intentan quedar bien delante del jefe. Solo dicen lo que piensan desde su función. Que es exactamente lo que necesita un emprendedor que lleva meses decidiendo solo a las tres de la mañana.

Cuando subo precios en Black Friday mientras todos los bajan, no es porque sea un rebelde sin causa. Es porque tengo un sistema que me cuestiona el razonamiento antes de ejecutarlo. Y llegar a buenas conclusiones solo, sin nadie que te frene o te empuje, es casi imposible.

¿Funciona de verdad?

Antes escribías un borrador, lo releías tres veces, y lo publicabas con un nudo en el estómago pensando "esto es una mierda pero ya no puedo mirarlo más".

Suena familiar, ¿verdad?

Con un consejo directivo de IA, escribes el borrador, se lo pasas a voces que te dicen exactamente qué funciona y qué no, y publicas sabiendo que al menos ha pasado por un filtro que no eres tú. No perfecto. Pero mejor. Más informado. Más calibrado.

Sin nóminas. Sin reuniones de los lunes. Sin email corporativo.

Solo voces que te dicen lo que necesitas escuchar. No lo que quieres escuchar.

Que para alguien que emprende solo y toma decisiones a las tres de la mañana, eso vale más que cualquier herramienta de productividad que puedas comprar.

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Si quieres montar el tuyo propio, he preparado una guía con los roles esenciales, ejemplos de cómo configurarlos, y la parte avanzada de avatares de clientes reales. Te la dejo aquí: Consejo directivo IA.

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