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"Los genios eran excéntricos, no tenían TDAH" — desmontando el mito

"Eran excéntricos, no tenían TDAH." La excusa perfecta para no tomarse en serio un trastorno real. Desmontamos el mito con datos.

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"Es que antes no había TDAH, eran simplemente excéntricos."

Te lo han dicho. Me lo han dicho. Y es una de las excusas más cómodas que existen para no tomarse en serio un trastorno que afecta a millones de personas hoy.

La frase suena bien. Suena a sabiduría de tertulia. A "yo tengo sentido común y no me trago esas modas de ahora". Pero cuando la analizas con un mínimo de rigor, se desmonta sola como un mueble de Ikea al que le faltan los tornillos.

Vamos a ello.

¿Qué significa realmente "excéntrico"?

Excéntrico es una palabra preciosa. Significa literalmente "fuera del centro". Alguien que no encaja en la norma. Que hace cosas raras. Que piensa diferente.

Pero excéntrico no es un diagnóstico. Es una etiqueta social. Es lo que le ponemos a alguien cuando no sabemos explicar por qué hace lo que hace.

Tesla dormía dos horas y hablaba con palomas. "Excéntrico." Mozart componía a velocidades absurdas, no podía quedarse quieto ni en una cena formal y gestionaba su dinero como si quisiera arruinarse a propósito. "Genio excéntrico." Da Vinci empezaba cuarenta proyectos a la vez y terminaba tres. "Era un visionario."

¿Sabes qué tienen en común esas descripciones? Que son exactamente los síntomas que cualquier profesional de salud mental reconocería hoy como señales de un cerebro que funciona diferente. Hiperactividad. Hiperfoco. Impulsividad. Dificultad para regular prioridades. Desregulación emocional.

Pero claro, en el siglo XVIII no tenías a nadie que pudiera ponerle nombre. Así que la etiqueta era "excéntrico" si eras rico, y "vago" o "inútil" si eras pobre.

¿Eran realmente excéntricos o tenían un cerebro diferente?

Aquí está el truco del argumento. La gente que dice "antes no había TDAH, eran solo excéntricos" está asumiendo dos cosas que son falsas:

Primera: que el TDAH es un invento moderno. No lo es. Lo que es moderno es el nombre. El trastorno lleva documentado desde 1775, cuando Melchior Adam Weikard describió lo que llamó "falta de atención". En 1902, George Still publicó conferencias en The Lancet describiendo niños con "un defecto del control moral" que coincide casi punto por punto con lo que hoy llamamos TDAH. No es nuevo. Solo el nombre ha cambiado.

Segunda: que llamar a alguien "excéntrico" explica algo. No explica nada. Es como decir "ese coche va raro" en vez de abrir el capó y mirar qué pasa en el motor. Excéntrico es una descripción de superficie. TDAH es lo que hay debajo cuando te molestas en mirar.

El problema es que diagnosticar a famosos muertos es terreno resbaladizo. No podemos hacerles un test. Pero lo que sí podemos hacer es reconocer patrones. Y los patrones están ahí, repitiendo se una y otra vez a lo largo de la historia, en personas de distintas épocas, culturas y contextos. Demasiados patrones para llamarlos casualidad.

La comodidad de la etiqueta "excéntrico"

Llamar excéntrico a alguien es cómodo por una razón muy concreta: no te obliga a hacer nada.

Si Tesla era excéntrico, pues mira qué curioso. Anécdota para una cena. Si Tesla tenía un cerebro que procesaba la información de manera diferente, eso implica que hay millones de personas hoy que también lo tienen. Y que necesitan apoyo, herramientas, diagnóstico, comprensión.

Y eso ya no es una anécdota de cena. Eso es un problema real que requiere recursos reales.

Por eso la frase "eran excéntricos" es tan popular. Porque si admites que el TDAH existía antes, tienes que admitir que existe ahora. Y si admites que existe ahora, tienes que admitir que hay gente que lo está pasando mal sin saber por qué. Y eso ya no es cómodo. Eso requiere empatía y acción.

Es lo mismo que pasa con la idea de que el TDAH es un don. Suena bonito, pero es otra forma de no tomarse en serio las dificultades reales.

La trampa de los genios

Hay otra capa en este argumento que es especialmente tóxica: la selección de ejemplos.

Cuando alguien dice "antes eran excéntricos, no tenían TDAH", siempre menciona genios. Tesla, Mozart, Da Vinci, Einstein. Los que triunfaron. Los que la historia recuerda.

Pero nadie menciona a los miles de personas de esas mismas épocas que probablemente tenían el mismo tipo de cerebro y no triunfaron. Los que no pudieron terminar sus estudios. Los que perdían trabajos. Los que acababan en la calle o en un manicomio. Los que la historia no recuerda porque no tuvieron la suerte, el privilegio o las circunstancias para canalizar su cerebro en algo productivo.

La historia solo conserva a los supervivientes. Y luego les llama "excéntricos" como si fuera un halago.

Eso es exactamente la trampa del "triunfaron por el TDAH". Coges los casos de éxito, ignoras los miles de fracasos, y construyes una narrativa que suena bien pero que no ayuda a nadie.

Entonces, ¿qué hacemos con esto?

No se trata de ir poniendo diagnósticos retroactivos a gente que murió hace siglos. Se trata de entender una cosa muy simple: los cerebros que funcionan diferente han existido siempre. Lo que no existía era la capacidad de entenderlos.

Antes, si tu cabeza iba más rápido que el resto, si no podías centrarte en algo que no te interesaba, si tu vida emocional era una montaña rusa sin frenos, tenías dos opciones. Si eras rico o tenías talento visible, te llamaban excéntrico o genio. Si no, te llamaban vago, inútil o loco.

Hoy tenemos herramientas para entender qué pasa. Tenemos investigación. Tenemos nombres para las cosas. Y ponerle nombre a algo no es inventarlo. Es dejar de ignorarlo.

Así que la próxima vez que alguien te suelte lo de "antes eran excéntricos", puedes contestar con tranquilidad: sí, les llamaban excéntricos. También les llamaban histéricas a las mujeres que tenían ansiedad y endemoniados a los que tenían epilepsia. Que una época no supiera nombrar algo no significa que no existiera.

Significa que le tocó existir sin que nadie le echara una mano.

Si alguna vez te has sentido "excéntrico" y quieres saber si detrás hay algo más, puedes empezar por aquí. No es un diagnóstico, pero puede ser el primer paso para entenderte mejor.

Hacer el test de TDAH

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