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¿Tenía Juana de Arco TDAH? La guerrera que no podía esperar

Juana de Arco lideró un ejército con 17 años. Su impaciencia, impulsividad y energía imparable encajan con un patrón muy reconocible: el TDAH.

tdahfamosos

Con 17 años convenció a un rey de darle un ejército.

No tenía formación militar. No tenía experiencia. No tenía absolutamente ninguna credencial que justificara que una adolescente campesina de un pueblo perdido de Francia liderara tropas en una guerra. Pero se plantó delante de Carlos VII, le dijo que Dios la había enviado, y no se fue hasta que le dieron lo que pedía.

Eso, o es un milagro, o es el cerebro más impaciente de la historia de Europa funcionando a toda máquina.

Una campesina que no aceptaba un no por respuesta

Juana nació en 1412 en Domrémy, un pueblo tan pequeño que probablemente cabía entero en un campo de fútbol. Su familia era campesina. No sabía leer ni escribir. Y en la Francia del siglo XV, una mujer de clase baja tenía exactamente cero opciones de hacer nada relevante fuera de su casa.

Pero Juana empezó a escuchar voces a los trece años. Voces que le decían que tenía una misión: salvar Francia de los ingleses. Y lo que hizo con esas voces es exactamente lo que haría un cerebro que no puede quedarse quieto ante una idea que le enciende.

No esperó.

No lo consultó con nadie durante años. No se lo pensó hasta que fuera "el momento adecuado". Fue directa al capitán de la guarnición local y le pidió una escolta para ir a ver al rey. La primera vez la echaron. La segunda también. La tercera convenció a suficiente gente de que iba en serio.

Tres intentos. Sin rendirse. Sin cambiar de estrategia demasiado. Con la misma insistencia que un cerebro con TDAH tiene cuando algo le importa de verdad. Esa persistencia que desde fuera parece cabezonería, pero desde dentro es simplemente que tu cabeza no te deja soltar la idea. No puede. No sabe.

¿Cómo se ven los posibles rasgos TDAH en Juana de Arco?

Vamos a dejar algo claro antes de seguir: Juana de Arco vivió en el siglo XV. No había psicólogos, no había diagnósticos, no había absolutamente nada parecido a la neurociencia moderna. Decir que "tenía TDAH" sería tan irresponsable como diagnosticar a alguien por un vídeo de TikTok. Lo que sí podemos hacer es mirar los patrones. Y los patrones son bastante llamativos.

La impulsividad. Juana no planificaba como un estratega militar clásico. Sus contemporáneos describieron que tomaba decisiones en el campo de batalla a una velocidad que desconcertaba a sus propios oficiales. No era que fuera temeraria sin más. Es que procesaba la situación y actuaba antes de que nadie hubiera terminado de pensar. Napoleón tenía un patrón parecido, esa forma de tomar decisiones a una velocidad que los demás no podían seguir.

La energía inagotable. Los relatos de la época hablan de una persona que dormía poco, que estaba siempre en movimiento, que no podía quedarse quieta ni cuando estaba herida. En el asedio de Orleans, recibió un flechazo en el hombro y volvió al combate el mismo día. El mismo día. Con una flecha clavada. Eso no es solo valentía. Es un cuerpo que no entiende la palabra "descanso". Theodore Roosevelt tenía esa misma energía, ese motor que no se apaga ni durmiendo.

La impaciencia total. Esta es quizá la más evidente. Juana no podía esperar. No podía tolerar la inacción. Cuando sus generales querían esperar refuerzos, ella quería atacar ya. Cuando la situación política requería diplomacia y tiempo, ella quería resolverlo ahora. En el juicio que la condenó, sus respuestas eran rápidas, directas, sin filtro. Los jueces esperaban que se derrumbara. En vez de eso, les contestaba con una agilidad verbal que les dejaba sin argumentos.

La hipersensibilidad emocional. Juana lloraba en el campo de batalla. No de miedo. De empatía. Se acercaba a los soldados heridos, rezaba por los muertos del bando enemigo, y sentía una angustia real por el sufrimiento que veía. Esa intensidad emocional, esa incapacidad de poner un filtro entre lo que sientes y lo que muestras, es algo que cualquier persona con TDAH reconoce.

La chica que no encajaba en ningún sitio

Piénsalo un momento.

Una mujer en la Francia del siglo XV que se viste con ropa de hombre. Que lidera un ejército. Que le dice a un rey lo que tiene que hacer. Que no sigue las normas sociales de su época ni por asomo. Que actúa primero y explica después.

Juana de Arco no encajaba en ningún molde de su tiempo. Y eso, al principio, fue su superpoder. Porque nadie esperaba que una campesina adolescente hiciera lo que hizo. El factor sorpresa era ella misma.

Pero no encajar tiene un precio. Siempre lo tiene.

Cuando dejó de ser útil políticamente, la abandonaron. Carlos VII, el rey al que ella había puesto en el trono, no movió un dedo para salvarla cuando la capturaron. Los mismos que habían aplaudido su impulsividad y su energía cuando les convenía, la usaron como excusa cuando dejó de convenirles.

Abraham Lincoln vivió algo parecido

Lo que no podemos saber (y lo que sí)

No podemos diagnosticar a alguien que murió hace casi seiscientos años. Y sería absurdo intentarlo.

Lo que sí podemos hacer es reconocer patrones. Una impaciencia que no se explica solo por la guerra. Una energía que no se explica solo por la juventud. Una impulsividad que no se explica solo por la fe. Una intensidad emocional que no se explica solo por la época.

Puede que Juana de Arco tuviera TDAH. Puede que no. Puede que su cerebro funcionara de una forma que hoy tendría un nombre y un diagnóstico. O puede que simplemente fuera una persona extraordinaria en circunstancias extraordinarias.

Lo que sí sabemos es que actuó exactamente como actúa un cerebro que no puede esperar.

Y que esa impaciencia cambió la historia de un país.

Si alguna vez te han dicho que eres demasiado impulsivo, demasiado impaciente, demasiado intenso, puede que tu cerebro funcione de una forma que nadie te ha explicado.

Hacer el test de TDAH

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