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Ozzy Osbourne: el rockero que convirtió el caos en 50 años de carrera

Ozzy Osbourne lleva medio siglo reinventándose sin parar. No es talento. Es un cerebro que no sabe quedarse quieto. Así funciona el TDAH en el rock.

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Black Sabbath, carrera en solitario, reality show, gira de despedida que dura años. Ozzy Osbourne lleva medio siglo reinventándose. Y cada vez que piensas que ya se ha acabado, aparece con algo nuevo que nadie esperaba.

Eso no es talento. Bueno, sí. Pero no solo talento. Es un cerebro que no sabe hacer una sola cosa durante demasiado tiempo. Y que cada vez que se aburre, en lugar de parar, arranca algo diferente.

Si eso no te suena a TDAH, es que no has conocido a nadie con TDAH.

¿Cómo ha sobrevivido Ozzy 50 años en la industria musical?

Pregunta legítima. Porque la industria musical mastica y escupe artistas como si fueran chicles. Bandas que llenan estadios un año y al siguiente no pueden pagar el alquiler del local de ensayo. Solistas que petan con un disco y desaparecen con el segundo.

Ozzy no. Ozzy lleva desde 1968. Más de medio siglo. Y no ha parado.

Pero lo interesante no es que haya durado. Es cómo ha durado.

No ha sido haciendo lo mismo una y otra vez. No ha sido siguiendo un plan. Ha sido saltando de una cosa a otra con una energía que la mayoría de la gente no puede ni imaginar. Black Sabbath, carrera en solitario, Ozzfest, un reality show en MTV, gira de despedida (que técnicamente sigue sin terminar), colaboraciones con raperos, documentales, un disco nuevo a los setenta y tantos.

Eso no es una carrera planificada. Eso es un cerebro que necesita estímulo constante y que cada vez que el estímulo se acaba en un sitio, lo va a buscar a otro.

El patrón que se repite: reinvención compulsiva

Cuando Black Sabbath lo echó en 1979, cualquier persona razonable habría pensado "bueno, se acabó". Le habían dado la patada de la banda que él mismo había fundado. Por problemas con las drogas, con el alcohol, con su comportamiento errático.

¿Qué hizo Ozzy? Lanzar una carrera en solitario que fue más exitosa que Black Sabbath. "Blizzard of Ozz" vendió millones. "Crazy Train" se convirtió en uno de los riffs más reconocibles de la historia del rock.

No porque tuviera un plan B preparado. Sino porque su cerebro no le dejaba quedarse quieto. La energía tenía que ir a algún sitio.

Es un patrón que ves en muchos artistas. David Bowie hacía lo mismo: cada vez que el público se acomodaba con una versión suya, la destruía y construía otra. Las reinvenciones de Bowie no eran marketing. Eran necesidad. El cerebro pedía algo nuevo. Ozzy funciona igual, pero más ruidoso y con más murciélagos.

La parte que la gente no ve

Todo el mundo conoce al Ozzy del escenario. El tipo que muerde cabezas de murciélago, que grita, que salta, que tiene una energía que parece imposible para alguien de su edad.

Lo que no ven es la otra cara.

Los problemas con sustancias. Las décadas de adicción. Las hospitalizaciones. La relación caótica con su familia antes de que se convirtiera en telerrealidad. La incapacidad de mantenerse en un sitio. La impulsividad que en un escenario es magia pero fuera de él es un desastre.

Ozzy no tiene un diagnóstico público de TDAH. Hay que decirlo claro. Pero cuando miras el conjunto de su vida, los patrones son tan evidentes que es difícil no verlos. La búsqueda constante de estímulo. La incapacidad de frenar. La impulsividad. La energía descomunal seguida de bajones enormes. La necesidad de reinventarse no como estrategia, sino como supervivencia.

Es el mismo patrón que ves en otros músicos que llevaron su creatividad al extremo. Prince no podía delegar ni una nota porque su cerebro necesitaba controlarlo todo a la vez. Ozzy no podía quedarse en un solo formato porque necesitaba explorarlos todos.

Dos manifestaciones distintas del mismo tipo de cabeza.

The Osbournes: cuando el caos se convierte en producto

En 2002, MTV emitió "The Osbournes". Un reality show que mostraba la vida diaria de Ozzy y su familia. Y la gente flipó.

Porque lo que vieron no era un rockero en su mansión viviendo como un rey. Era un tío completamente perdido en su propia casa. Que no sabía usar el mando de la tele. Que gritaba porque sus perros le volvían loco. Que tenía conversaciones absurdas con Sharon mientras ella intentaba organizar la vida que él iba desordenando.

Era gracioso. Era caótico. Era real.

Y para cualquiera que tenga TDAH o conviva con alguien que lo tiene, era increíblemente familiar. El caos doméstico, las distracciones absurdas, la dificultad para hacer cosas que para el resto del mundo son automáticas. Todo eso estaba ahí, sin filtro, en horario de máxima audiencia.

Ozzy no lo vendió como TDAH. Ni siquiera lo nombró. Pero lo mostró sin darse cuenta.

La gira de despedida que nunca se despide

En 2018, Ozzy anunció su gira de despedida. "No More Tours II". Sí, la segunda gira de despedida, porque la primera fue en 1992 y obviamente no se retiró.

A día de hoy, la gira sigue dando vueltas en algún formato u otro. Se ha pospuesto, se ha modificado, se ha reinventado. Pero no se ha cancelado.

Porque un cerebro que necesita estímulo no se retira. No puede. La idea de retirarse, de sentarte y no hacer nada, es un castigo para alguien cuyo cerebro necesita estar en movimiento constante. La jubilación es un concepto neurotípico. Para un cerebro que funciona a toda velocidad, parar es peor que cualquier gira.

Lo que Ozzy demuestra sin saberlo

Que la reinvención no es una estrategia. A veces es la única forma que tiene un cerebro de seguir funcionando. Cuando algo deja de ser estimulante, no puedes forzarte a seguir. Necesitas el siguiente proyecto, la siguiente idea, el siguiente escenario.

Que el caos no es lo opuesto al éxito. Ozzy ha vivido una de las vidas más caóticas de la historia del rock y al mismo tiempo ha tenido una de las carreras más largas. El caos era el motor, no el obstáculo.

Y que llevar medio siglo sin parar no es disciplina. Es un cerebro que no tiene botón de apagado. Que se enciende con cada estímulo nuevo y no suelta hasta que encuentra el siguiente.

A veces, el tipo que parece más descontrolado es el que más tiempo aguanta en pie. Porque nunca dependió del orden. Dependió de la energía. Y esa no se le ha acabado.

Si alguna vez has sentido que tu cabeza necesita estímulo constante, que te aburres de todo demasiado rápido, que no puedes parar aunque quieras, puede que no sea un defecto. Puede que solo necesites saber cómo funciona tu cerebro.

Hacer el test de TDAH

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