Cómo prepararte para la cita de diagnóstico de TDAH sin olvidar la mitad
Has conseguido la cita para el diagnóstico de TDAH. Ahora toca prepararte para no llegar y quedarte en blanco. Guía práctica.
Has conseguido la cita. Después de semanas (o meses) de espera, por fin tienes una fecha. Y ahora te asalta la duda: ¿qué digo? ¿Qué me van a preguntar? ¿Y si llego y se me olvida todo lo que quería contar?
Tranquilo. Eso le pasa a todo el mundo. Y si tienes TDAH, te pasa el doble.
Porque el cerebro que necesita el diagnóstico es el mismo cerebro que va a intentar sabotearte el día de la cita. Se te olvidarán síntomas. Minimizarás cosas importantes. Dirás "bueno, tampoco es para tanto" justo cuando más necesitas ser honesto. Es como llevar el coche al mecánico y que deje de hacer el ruido raro en cuanto entras al taller.
Lo sé porque me pasó. Mi primera cita con el psiquiatra fue un festival de "pues ahora no me acuerdo" y "no sé si esto cuenta". Salí con la sensación de haberme dejado la mitad en el tintero.
Así que esto es lo que me hubiese gustado saber antes.
¿Qué tengo que preparar antes de mi cita de diagnóstico de TDAH?
No necesitas un dosier de 80 páginas ni un PowerPoint con gráficos. Pero sí necesitas ir con algo más que "es que no me concentro". Los profesionales ven a mucha gente. Si llegas con información concreta, la cita es más útil para ti y para ellos.
Esto es lo que te recomiendo preparar. Y lo digo en serio: prepáralo antes, por escrito, porque el día de la cita tu cerebro va a estar en modo "pantalla azul de Windows".
1. Una lista de síntomas con ejemplos reales
No basta con decir "me cuesta concentrarme". Eso lo dice medio mundo.
Lo que ayuda es el ejemplo concreto. El caso real. La situación que se repite.
"Me cuesta concentrarme" se convierte en: "La semana pasada tenía un informe para el viernes. Lo abrí el lunes. El viernes a las 11 de la noche seguía sin haberlo empezado. Y no por falta de tiempo. Tuve toda la semana libre."
Ese nivel de detalle le dice mucho más al profesional que una lista genérica.
Piensa en estas áreas y anota lo que te pase:
- Concentración (¿te dispersas? ¿con qué frecuencia? ¿en qué situaciones?).
- Organización (¿pierdes cosas? ¿llegas tarde? ¿olvidas citas?).
- Impulsividad (¿interrumpes? ¿compras sin pensar? ¿dices cosas de las que te arrepientes?).
- Gestión emocional (¿reaccionas desproporcionadamente? ¿pasas de 0 a 100 sin aviso?).
- Sueño (¿te cuesta dormirte? ¿tu cerebro no se apaga por las noches?).
2. Cosas de tu infancia
Esto es importante y mucha gente lo pasa por alto.
El TDAH no aparece a los 30. Viene de serie. Y aunque no te lo diagnosticaran de niño (que es lo habitual en España), los síntomas estaban ahí. El profesional va a preguntarte por tu infancia, y si llegas sin haberlo pensado, vas a decir "pues era normal" y te vas a quedar tan ancho.
Antes de la cita, piensa en esto:
- ¿Cómo te iba en el colegio? ¿Sacabas buenas notas sin esfuerzo o ibas raspando? ¿Te decían que eras listo pero vago?
- ¿Te costaba estarte quieto en clase?
- ¿Perdías material escolar constantemente?
- ¿Te castigaban mucho? ¿Por qué motivos?
- ¿Empezabas hobbies y los dejabas al mes?
Y si puedes, pregunta a tus padres o a alguien que te conociera de niño. Lo que tú recuerdas de tu infancia está filtrado por tu propio cerebro, que no es precisamente el testigo más fiable del mundo.
3. Tu historial académico y laboral
No hace falta que lleves las notas del cole. Pero sí que sepas contarlo.
¿Cuántos trabajos has tenido? ¿Por qué los dejaste? ¿Te han echado alguna vez? ¿Has cambiado de carrera? ¿Dejaste los estudios? ¿Te costaba un mundo hacer los trabajos de la universidad aunque el tema te interesara?
El patrón importa. Un traspiés lo tiene cualquiera. Pero si llevas toda la vida empezando cosas y dejándolas, cambiando de rumbo, yendo a trompicones, eso no es mala suerte. Eso es un patrón. Y los patrones cuentan mucho en un diagnóstico.
4. Las preguntas que quieres hacer tú
Porque sí, tú también puedes (y debes) preguntar.
Anota en el móvil o en un papel las dudas que tengas. Antes de la cita, no después, que luego se evaporan.
Algunas que merece la pena llevar:
- ¿Cómo funciona el proceso de diagnóstico? ¿Cuántas sesiones serán?
- ¿Qué pruebas me van a hacer?
- Si resulta que tengo TDAH, ¿cuáles son las opciones de tratamiento?
- ¿Esto es compatible con otros diagnósticos que ya tenga (ansiedad, depresión)?
No tienes que hacer las cuatro. Pero llévalas apuntadas. Ir al médico y olvidar todos tus síntomas es tan clásico del TDAH que casi debería ser un criterio diagnóstico.
5. Lleva a alguien que te conozca bien
Esto no siempre es posible, pero si puedes, hazlo.
Tu pareja, tu mejor amigo, un hermano. Alguien que te vea en el día a día. Porque tú vas a minimizar. Es lo que hacemos. "Bueno, no soy tan desastre". Y entonces tu pareja dice "el otro día perdió las llaves tres veces en la misma mañana" y el profesional levanta la ceja.
Esa perspectiva externa vale oro. Sobre todo para las cosas que tú ya has normalizado y ni siquiera ves como síntomas.
¿Y si me pongo nervioso y no me sale nada?
Te va a pasar. Un poco, al menos. Es normal.
Por eso es tan importante llevar las cosas escritas. Si te quedas en blanco, sacas el papel (o el móvil) y dices: "Mira, me he preparado esto porque sabía que iba a pasar exactamente esto". Al profesional no le va a parecer raro. Le va a parecer que te lo has tomado en serio.
Y otra cosa: no intentes parecer peor de lo que estás ni mejor de lo que estás. Sé honesto. Si hay días que funcionas bien, dilo. Si hay días que no puedes ni ducharte, dilo también. El diagnóstico necesita la foto completa, no la versión editada.
Lo más importante: ya has dado el paso más difícil
Conseguir una cita de diagnóstico en España
Ahora solo queda ir preparado. Con tus notas, tus ejemplos, tus preguntas. No hace falta que sea perfecto. No hace falta que lo recuerdes todo. Solo hace falta que lleves algo más que tu memoria, porque tu memoria, con todo el cariño, no es tu aliada en estas situaciones.
Ve a esa cita. Lleva tu lista. Y confía en que estar ahí ya es más de lo que la mayoría se atreve a hacer.
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