¿Tenía Galileo TDAH? El científico que desafió a la Iglesia
Galileo Galilei desafió a la Iglesia, tenía docenas de proyectos simultáneos y publicó sin medir consecuencias. ¿Rasgos de TDAH o simplemente un genio impulsivo?
Un hombre que en la misma vida inventó el telescopio astronómico, reformuló la física del movimiento, diseñó instrumentos militares, escribió tratados sobre música, construyó un compás geométrico y se enfrentó a la Inquisición dos veces.
No porque fuera valiente. Bueno, también. Pero sobre todo porque era incapaz de callarse.
Ese era Galileo Galilei. Y si le transplantaras al siglo XXI y le mandaras a un psicólogo, la consulta daría para varios folios.
¿Qué tiene que ver Galileo con el TDAH?
Nada oficial, por razones obvias: murió en 1642. El TDAH como diagnóstico no existe hasta el siglo XX. Así que dejemos claro desde el principio que esto es especulación fundamentada, no un diagnóstico retroactivo.
Lo que sí podemos hacer es analizar lo que sabemos de su comportamiento, sus hábitos de trabajo, sus relaciones y sus decisiones, y ver si el patrón encaja con lo que hoy entendemos como TDAH.
Spoiler: encaja bastante. Aunque no sin matices.
La multiplicidad de intereses: el primer indicador
Una de las características más llamativas del TDAH de alta capacidad es la incapacidad de limitarse a un solo dominio. No por falta de compromiso, sino porque el cerebro salta hacia donde hay estimulación, y hay estimulación en todas partes.
Galileo era astrónomo, físico, matemático, ingeniero, músico, poeta y polemista. No de forma superficial. Profundamente en cada uno.
A los 25 años ya era profesor de matemáticas en Pisa. Pero mientras desarrollaba sus teorías sobre el movimiento de los cuerpos, también perfeccionaba instrumentos musicales (tocaba el laúd con destreza reconocida), escribía sátiras literarias y diseñaba para nobles florentinos.
Esto no era lo normal para un académico del Renacimiento tardío. Lo normal era especializarse. Lo normal era ser el hombre de las matemáticas o el hombre de la astronomía. Galileo era incapaz de elegir.
Si algo le recuerda a alguien que conoces, o a ti mismo, puede que no sea casualidad. Los inventores con TDAH comparten exactamente este patrón: el cerebro que no se conforma con un solo problema.
La impulsividad que le costó la libertad
Aquí está la parte más interesante del caso Galileo, y la que más evidencia aporta al análisis.
En 1632, Galileo publicó el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo. Un libro en el que defensa del modelo heliocéntrico de Copérnico, que la Iglesia tenía prohibido enseñar desde 1616.
No es que Galileo ignorara el riesgo. Lo sabía perfectamente. Tenía amigos en el Vaticano, había negociado con el Papa Urbano VIII, incluso había conseguido permiso para escribir el libro siempre que presentara los dos sistemas de forma equilibrada.
Hizo exactamente lo contrario. Puso los argumentos geocéntricos en boca de un personaje llamado Simplicio (literalmente "el simplón"), que en el libro quedaba como un idiota con cada réplica. Y en ese personaje, el Papa vio reflejada su propia postura.
El resultado: proceso inquisitorial, condena, arresto domiciliario hasta su muerte.
¿Por qué lo hizo? Esta es la pregunta que los historiadores llevan siglos intentando responder. Galileo no era estúpido. Sabía lo que se jugaba. Pero publicó igualmente, y publicó de forma que hacía prácticamente imposible que la Iglesia lo pasara por alto.
La impulsividad del TDAH no es estupidez. Es que el freno entre "tengo ganas de hacer esto" y "voy a medir las consecuencias" no funciona con la misma eficiencia que en otros cerebros. El impulso llega primero. Las consecuencias, después.
Galileo llevaba años conteniendo ese libro. Cuando finalmente lo soltó, lo soltó entero. Sin filtros. Con todos los sarcasmos incluidos.
La energía intelectual que no tiene apagado
Galileo tenía tres hijos ilegítimos, una economía permanentemente desastrosa (gastaba más de lo que ingresaba), proyectos abiertos en múltiples frentes simultáneos, y una correspondencia epistolar que por volumen y calidad es uno de los documentos científicos más importantes del siglo XVII.
Esto no es el perfil de alguien tranquilo que trabaja de forma ordenada y metódica.
Sus biógrafos describen un hombre que dormía poco, que tenía ideas a deshoras, que cambiaba de proyecto con una facilidad que desconcertaba a sus colaboradores. Que empezaba a explicarte una teoría sobre las mareas y de repente se desviaba hacia los telescopios porque se le había ocurrido algo nuevo.
El hiperfoco aparece también. Cuando estaba metido en un problema, podía trabajar durante días con una intensidad que sus alumnos encontraban agotadora. Sus clases en Padua eran famosas precisamente por eso: cuando Galileo se encendía con un tema, la clase podía durar el doble de lo previsto.
Compáralo con el perfil de Da Vinci, que tiene una energía intelectual similar pero una tendencia aún más marcada a dejar proyectos sin terminar. Galileo terminaba más de lo que empezaba, lo cual es un punto importante.
La evidencia en contra: lo que no encaja
Un análisis honesto tiene que incluir los argumentos que van en la otra dirección.
Primero: Galileo era extremadamente metódico en su trabajo experimental. Sus anotaciones son minuciosas, sus experimentos están bien documentados, sus demostraciones son rigurosas. Esto no es lo que esperarías de alguien con un TDAH severo sin ningún tipo de apoyo o estrategia compensatoria.
Segundo: vivió hasta los 77 años en una época en que la esperanza de vida era considerablemente menor, y a pesar de sus problemas económicos, sus conflictos institucionales y su arresto domiciliario final, produjo trabajo científico relevante hasta el final de su vida. Eso requiere una capacidad de regulación que va más allá del TDAH sin gestionar.
Tercero: la impulsividad de la publicación del Diálogo puede tener otras explicaciones. Galileo llevaba décadas frustrado con las restricciones eclesiásticas. El libro fue un acto político tanto como un impulso personal. Los historiadores debaten hasta qué punto fue calculado.
Cuarto: el contexto histórico hace casi imposible separar los rasgos individuales del entorno. El Renacimiento tardío valoraba la polimatía. Tener múltiples intereses era la norma entre los intelectuales de élite, no la excepción. Lo que hoy leemos como "dispersión" podía ser simplemente el ideal de la época.
¿Cuál es la conclusión real?
Que no lo sabemos. Y que está bien no saberlo.
Lo que podemos decir con razonable seguridad es que Galileo presentaba varios rasgos que, vistos desde el año 2025, encajan con el perfil de TDAH de alta capacidad: multiplicidad de intereses, energía intelectual intensa, impulsividad en decisiones de alto riesgo, dificultad para moderar el tono cuando tenía razón.
Lo que no podemos decir es que tenía TDAH. El diagnóstico retroactivo es siempre problemático, y más cuando la persona vivió hace cuatro siglos en un contexto cultural radicalmente diferente.
Lo que sí es útil del ejercicio es esto: el perfil de Galileo desmonta la idea de que el TDAH es incompatible con el rigor, con la disciplina o con los logros sostenidos. Si los rasgos estaban ahí, convivían con una capacidad de trabajo y una precisión científica que cambió el curso de la historia.
Igual que ocurre con Newton y Einstein, donde el debate sobre neurodivergencia no resta nada a lo que hicieron, sino que añade una capa de comprensión sobre cómo lo hicieron.
¿Y si los rasgos de Galileo te suenan?
La historia de Galileo es fascinante, pero no es solo historia. El perfil que hemos descrito, múltiples intereses simultáneos, energía difícil de apagar, impulsividad en momentos clave, aparece hoy en consultas de psicólogos y psiquiatras de toda España.
A veces hay un diagnóstico detrás. A veces no. Pero entender cómo funciona tu cerebro siempre es útil.
Si te has reconocido en algo de lo que has leído, el test de TDAH para adultos puede ser un buen punto de partida. No sustituye a un profesional, pero sí te da un primer mapa de cómo están encajando las piezas.
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