Lo que Tim Howard nos enseña sobre convivir con TDAH y Tourette
Tim Howard paró 16 tiros en el Mundial 2014 con tics visibles y TDAH. No a pesar de su cerebro. Con él.
En el Mundial 2014, Estados Unidos jugó contra Bélgica en octavos de final.
Bélgica era uno de los mejores equipos del torneo. Atacó durante 90 minutos. Atacó durante la prórroga. Atacó con todo.
Y Tim Howard les dijo que no. Dieciséis veces.
Dieciséis paradas en un solo partido. Récord histórico del torneo. El tipo se convirtió en meme, en titular, en secretario de defensa según las redes sociales. Medio Estados Unidos lo puso en Wikipedia con el cargo de Secretario de Defensa de los Estados Unidos porque no sabían cómo describir mejor lo que había hecho esa tarde.
Lo que casi nadie contó es que Howard tenía TDAH diagnosticado. Y síndrome de Tourette. Y que esos dos diagnósticos, que sobre el papel suenan a obstáculo, fueron parte de la razón por la que era tan bueno haciendo lo que hacía.
¿Qué tiene que ver el TDAH con ser portero?
El TDAH tiene una característica que a veces se menciona de pasada y que creo que se entiende mal: la hipervigilancia.
Tu cerebro está constantemente escaneando el entorno. Procesando movimiento. Detectando cambios. No como decisión consciente. Como modo por defecto. Como la forma en que tu sistema operativo viene configurado de fábrica.
Para la mayoría de contextos, eso es agotador. En una reunión de trabajo o intentando leer un libro, tu cerebro detecta al tipo que se mueve en la silla, la mosca que pasa por la ventana y el sonido de un coche frenando a dos calles. Todo a la vez. Todo como si fuera urgente. Todo compitiendo por tu atención.
Pero en una portería, ese mismo sistema funciona diferente.
En una portería tienes que escanear constantemente el campo. Tienes que leer la posición de once jugadores rivales en tiempo real. Tienes que anticipar hacia dónde va el balón antes de que el delantero decida disparar. Tienes que procesar movimiento, ángulos, velocidad, en fracciones de segundo.
Howard hacía eso de forma natural. No porque se hubiera entrenado para ello. Porque su cerebro no podía no hacerlo.
La hipervigilancia que en clase de colegio le impedía concentrarse en una ecuación era exactamente lo que necesitaba para parar un penalti en el 89.
La parte que nadie quiere contar: el Tourette
El síndrome de Tourette no es lo que sale en las películas.
La mayoría de la gente, cuando escucha Tourette, piensa en alguien que grita palabrotas de forma compulsiva. Eso existe, pero es una minoría. La mayoría de personas con Tourette tienen tics motores: movimientos repetitivos involuntarios. Parpadeos, muecas, sacudidas de cabeza, movimientos de hombros.
Howard los tenía. Visibles. Durante los partidos. En directo. Con millones de personas mirando.
Y siguió jugando.
No es que los tics desaparecieran cuando se concentraba. No funcionan así. Los tics no son algo que puedas apagar con voluntad, igual que no puedes dejar de pestañear a base de determinación. Son parte de cómo funciona tu sistema nervioso.
Howard los integró. Los vivió como parte de sí mismo, no como algo que debía esconder o superar. Si quieres entender cómo combinar dos condiciones que el mundo etiqueta como "limitaciones" con una carrera de élite, Howard es un caso que merece más atención de la que ha recibido. Igual que Howie Mandel, que también lleva TDAH y TOC a la vez, o que otros tantos deportistas famosos con TDAH que han convertido su neurología en algo que sumar, no en algo que disimular.
No "a pesar de". Con.
Aquí está el matiz que creo que importa.
Cuando se habla de personas con TDAH que triunfan en algo, el relato suele ser el mismo: "lo consiguió a pesar de su TDAH". Como si el TDAH fuera un antagonista que se venció. Como si el logro consistiera en haber ignorado tu propio cerebro lo suficiente como para llegar a algún sitio.
Howard no es ese relato.
Howard llegó donde llegó en parte porque tenía TDAH. En parte porque tenía Tourette. Porque esas condiciones modelaron un cerebro que funcionaba exactamente bien para lo que hacía.
No es que el TDAH sea un superpoder universal que todo el mundo debería celebrar sin más. No lo es. El TDAH en la mayoría de contextos crea fricción real, problemas reales, noches reales pasándolo mal sin entender por qué tu cabeza no para. Si quieres entender qué está pasando en tu propio cerebro, antes de cualquier otra cosa, merece la pena entender cómo funciona el TDAH en adultos.
Pero la historia de Howard señala algo que sí creo importante: el contexto cambia todo.
El mismo cerebro que "falla" en un sitio puede ser exactamente lo que se necesita en otro. La pregunta no siempre es "cómo arreglo esto" sino "dónde funciona esto especialmente bien".
¿Qué hace alguien cuando tiene dos condiciones a la vez?
Aquí viene la parte que menos se cuenta de Howard.
Fue portavoz activo de asociaciones de TDAH y Tourette. No cuando ya era famoso y era cómodo hacerlo. Antes. Cuando había más riesgo que beneficio en ser el tío que hablaba públicamente de que tenía tics y un cerebro hiperactivo.
Eso requiere un tipo de valentía diferente a parar dieciséis tiros.
Porque parar tiros tienes que hacerlo. No hay opción. El balón viene y respondes. Pero hablar sobre tu neurodivergencia cuando el mundo todavía no sabe muy bien qué hacer con esa información es una elección. Una elección que muchos no hacen.
Lo que se puede aprender de Howard no es "encuentra tu portería y para balones". Eso sería demasiado literal y también bastante inútil como consejo.
Lo que se puede aprender es que convivir con dos condiciones a la vez no significa estar el doble de limitado. Significa tener un cerebro que funciona de una forma específica, con sus fricciones y con sus ventajas, y que merece entenderse antes de juzgarse.
La lección real
Howard paró dieciséis tiros contra Bélgica en el Mundial de 2014.
Estados Unidos perdió igual. Bélgica marcó dos en la prórroga.
Eso también es parte de la historia. Que puedes hacer algo extraordinario con el cerebro que tienes, y el resultado a veces no depende solo de ti. Que convivir bien con tu neurodivergencia no garantiza que todo salga como quieres. Solo garantiza que puedes dar lo que realmente tienes para dar, en lugar de gastarte toda la energía fingiendo que eres otra cosa.
Howard salió del Mundial 2014 como el mejor portero del torneo aunque su equipo eliminado. Sin medalla. Sin final.
Con dieciséis paradas y los tics intactos.
Así que si alguna vez sientes que tu cerebro es demasiado, demasiado acelerado, demasiado difícil de gestionar, demasiado visible, considera que quizás el problema no es el cerebro. Es el contexto en el que estás intentando usarlo.
Si no sabes bien cómo funciona tu cerebro ni por qué hace lo que hace, hay un sitio por donde empezar.
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