Lo que Kurt Cobain nos enseña sobre creatividad y TDAH
Kurt Cobain fue diagnosticado con TDAH de niño y medicado con Ritalin. Su creatividad salvaje y su incapacidad de encajar tienen un patrón reconocible.
Hay algo que la mayoría de la gente no sabe de Kurt Cobain.
No el del escenario. No el del cardigan y la guitarra. El de antes. El niño de Aberdeen, Washington, que a los siete años empezó a ponerse de los nervios en el colegio, que no podía quedarse quieto, que pasaba de los profesores, que cambiaba de interés cada dos semanas.
Ese niño fue diagnosticado con TDAH y medicado con Ritalin.
No lo estoy inventando. Está en las biografías. En las entrevistas. En los documentales. Y cuando lo sabes, algunas cosas de su vida dejan de ser un misterio.
¿Qué le pasaba realmente a Kurt Cobain de niño?
Aberdeen era un pueblo pequeño del noroeste americano. El tipo de sitio donde si eres raro, todo el mundo lo sabe. Y Cobain era raro.
Hiperactividad. Impulsividad. Cambios de humor que no entendía nadie, incluido él. Dificultad para encajar en ningún sitio: ni en el colegio, ni en su casa después de que sus padres se separaron, ni con los chicos del barrio que jugaban al fútbol americano.
Lo que sí hacía era dibujar. Escribir. Tocar guitarra.
Cuando un cerebro no puede parar, necesita un sitio donde meter toda esa energía. Kurt lo encontró en la música. Y la música, para él, no era un hobby. Era lo único que tenía sentido.
Eso tampoco lo estoy romantizando. Tiene un lado oscuro enorme. Pero entender de dónde venía la creatividad de Cobain sin mencionar cómo funcionaba su cerebro es como hablar de la Mona Lisa sin mencionar que Da Vinci tardó 16 años en terminarla. El cuadro y el cerebro no se pueden separar.
¿Cómo se ve el TDAH en la música de Nirvana?
Mucha gente piensa que el estilo de Nirvana fue una elección estética.
Que el grunge era deliberado. Que la distorsión era un posicionamiento artístico consciente. Que el caos sonoro era una decisión de producción.
Puede que en parte sí. Pero también hay otra explicación: cuando tienes un cerebro que va a mil revoluciones y que se aburre de lo predecible, lo pulido y lo ordenado te parece insoportable. Necesitas la fricción. Necesitas el ruido. Necesitas algo que se mueva tan rápido como tu cabeza.
El hiperfoco en acción tiene esa textura. No produce cosas perfectas y acabadas. Produce cosas intensas, crudas, que vomitan todo lo que hay dentro sin pasarlo por el filtro de "¿queda bien?"
Cobain componía letras que saltaban de imagen en imagen sin una narrativa lineal clara. No era falta de talento. Era exactamente lo contrario: un cerebro que conecta cosas que los demás no conectan, que ve patrones donde parece que no hay nada, que produce asociaciones a una velocidad que no da tiempo a ordenar.
Smell Like Teen Spirit no tiene una letra que te cuente una historia de A a B. Tiene una acumulación de imágenes, sensaciones y frases que en conjunto transmiten algo que no se puede explicar del todo. Ese "algo que no se puede explicar del todo" es muy característico de cómo procesa la información un cerebro con TDAH.
No en todos. No siempre. Pero el patrón aparece.
¿Por qué le costaba tanto encajar en la industria?
Nirvana se convirtió en la banda más grande del mundo en 1991.
Y Cobain lo vivió como una pesadilla.
Las entrevistas le ponían nervioso. Las sesiones de fotos le aburrían a los cinco minutos. Las exigencias de la discográfica le sacaban de quicio. La gira era agotadora no solo físicamente sino de una manera que no sabía cómo explicar.
Esto también tiene un patrón reconocible.
El TDAH no solo se ve en la hiperactividad o en la distracción. Se ve también en la hipersensibilidad. En la dificultad para gestionar la estimulación excesiva. En el agotamiento que produce tener que mantener el tipo en situaciones sociales donde el cerebro no para de procesar todo lo que pasa a su alrededor.
La fama de Nirvana significó más gente, más estímulos, más expectativas, más estructura impuesta desde fuera. Y cuando tienes un cerebro que ya funcionaba al límite antes de que nadie te conociera, eso no mejora la situación.
No estoy haciendo un diagnóstico retroactivo. No es mi trabajo y no tengo la información suficiente. Pero hay cosas en la biografía de Cobain que, si las ves con ese contexto, cobran un sentido diferente.
¿Qué le enseña su historia a alguien con TDAH?
Esto es lo que sí creo que vale la pena quedarse.
La creatividad de Cobain no apareció a pesar de cómo funcionaba su cerebro. Apareció, en parte, porque su cerebro funcionaba así. La intensidad emocional. La incapacidad de hacer las cosas a medias cuando algo le enganchaba. Las conexiones raras entre ideas que no deberían conectar.
Eso también lo tienes tú si tu cerebro funciona de forma similar.
El problema no es el cableado. El problema es que nadie le enseñó a gestionarlo. En los 70 y los 80, el Ritalin era la solución universal para un niño que no se podía quedar quieto. Punto. Sin contexto. Sin entender qué pasaba realmente. Sin herramientas para navegar el mundo siendo como eres.
Lo que cambió desde entonces no es el TDAH. Es que ahora hay más información sobre cómo funciona este tipo de cerebro. Sobre lo que puede hacer, sobre lo que le cuesta, y sobre cómo trabajar con él en lugar de contra él.
Cobain nunca tuvo esa información.
Tú sí puedes tenerla.
Lo que no te van a contar en las noticias sobre Kurt Cobain
La narrativa habitual sobre Cobain es la del genio autodestructivo. El ángel caído. El artista maldito.
Esa narrativa vende. Pero no explica mucho.
Lo que sí explica algo es pensar en un crío de Aberdeen que no encajaba en ningún sitio, que fue medicado sin que nadie le explicara por qué, que encontró en la guitarra el único lugar donde su cerebro podía funcionar a full sin que nadie le dijera que era demasiado, y que cuando el mundo entero empezó a exigirle que fuera de una manera concreta, no supo cómo manejarlo.
No todo lo que pasó después tiene una sola causa. Nunca la tiene.
Pero el TDAH no diagnosticado, no entendido, no gestionado, tiene consecuencias reales en la vida de las personas. No solo en las famosas. En cualquiera que pase años pensando que tiene un problema cuando lo que tiene es un cerebro que funciona diferente y nadie le ha dado las instrucciones.
Las instrucciones existen.
Llegas tarde, pero no demasiado.
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