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Febrero con TDAH: el frío, el cuerpo pesado y las ganas de hibernar

Febrero oscuro, cuerpo de plomo y un cerebro con TDAH que ha decidido no arrancar. Por qué pasa y qué puedes hacer antes de que llegue marzo.

tdah

Febrero. El mes más corto y el que más se hace largo. Fuera está oscuro a las 6. Tu cama pesa toneladas. Y tu cerebro, que ya iba justo de gasolina, ha decidido que este mes no arranca.

No es pereza. No es que "te falte motivación". Es que llevas semanas con menos luz, menos movimiento, más frío, y un cuerpo que interpreta todo eso como una señal clarísima: quédate quieto, no salgas, hiberna.

Y si tienes TDAH, esa señal no es una sugerencia. Es una orden.

¿Por qué el invierno es especialmente duro para un cerebro con TDAH?

Porque tu cerebro ya funciona con la dopamina justa. En verano, con más luz, más actividad, más planes, más estímulo, va tirando. No sobrado, pero tirando. En invierno, todo eso desaparece. La luz baja. Los planes se reducen a "sofá y manta". Y tu cerebro, que necesita estímulo como un motor necesita gasolina, se queda en reserva.

La luz solar regula la serotonina y la melatonina. Menos luz, menos serotonina. Más melatonina. Traducción: tu cuerpo produce más hormona del sueño y menos hormona del bienestar. Para un cerebro neurotípico, eso se nota. Para un cerebro con TDAH, eso es la diferencia entre funcionar y no funcionar.

Y luego está el frío. Que parece una tontería, pero no lo es. El frío te hace moverte menos. Y moverte menos significa menos activación. Y menos activación, para un cerebro que ya va raspando de estímulo todo el año, es como quitarle la última pila que le quedaba al mando a distancia.

Febrero es el mes donde todo eso se acumula. Enero tenía la inercia de los propósitos de año nuevo. Febrero no tiene nada. Ni festividades que te activen, ni vacaciones cerca, ni sol que te saque de la cueva. Solo frío, oscuridad, y un cerebro que dice "no, gracias".

¿Es tristeza de invierno o es tu TDAH amplificado?

Buena pregunta. Porque muchas veces se confunde.

El trastorno afectivo estacional (el SAD, que suena a triste en inglés y no es casualidad) afecta a mucha gente en invierno. Pero en personas con TDAH, lo que pasa no es exactamente tristeza. Es más bien una desconexión. Como si alguien hubiera bajado el brillo de tu cerebro al 15% y no encontraras el botón para subirlo.

La tristeza estacional dice "no quiero hacer nada porque todo me parece gris". El TDAH en febrero dice "quiero hacer cosas pero mi cuerpo pesa 300 kilos y mi cerebro se ha ido a hibernar sin avisarme".

A veces son los dos a la vez. Y ahí sí que la hemos liado, porque distinguirlos es como intentar separar la sal del agua una vez que ya están mezcladas.

Lo que sí sé es que si cada invierno te pasa lo mismo, si cada febrero sientes que tu productividad se muere, que levantarte es una guerra y que tu cuerpo pide sofá como un crío pide chuches, no eres débil. Tu cerebro está respondiendo a un entorno que no le da lo que necesita.

¿Qué puedes hacer cuando tu cuerpo pide hibernar?

No te voy a decir "sal a correr a las 7 de la mañana". Porque si tuvieras la energía para hacer eso, no estarías leyendo este post.

Lo que sí funciona es bajar el listón. Drásticamente.

Tu cerebro en febrero no tiene la misma capacidad que tu cerebro en junio. Aceptar eso no es rendirse. Es ser inteligente. Si intentas funcionar a nivel verano con energía de febrero, lo único que consigues es quemarte más rápido.

Cosas que a mí me funcionan cuando llega el bajón invernal:

Luz artificial a saco. Compré una lámpara de luz diurna hace dos inviernos y fue mano de santo. 30 minutos por la mañana mientras desayuno. No cura nada, pero la diferencia se nota. Tu cerebro necesita luz para producir serotonina, y si el sol no colabora, le engañas con tecnología.

Movimiento mínimo viable. No un entrenamiento épico. Diez minutos andando. Unas sentadillas. Lo que sea que active tu cuerpo lo suficiente para que tu cerebro entienda que no estamos hibernando. El movimiento genera dopamina. Y la dopamina es lo que tu cerebro está pidiendo a gritos mientras tú piensas que lo que pide es el sofá.

Tareas ridículamente pequeñas. Cuando mi cerebro está en modo febrero, la lista de tareas normales me parece un Everest. Así que la destrozo. "Escribir artículo" se convierte en "abrir el documento". "Hacer ejercicio" se convierte en "ponerme las zapatillas". Si después de eso hago más, genial. Si no, al menos no me he quedado paralizado mirando el techo.

Rutinas más cortas, no más ambiciosas. Febrero no es el mes para implementar tu sistema de productividad soñado. Es el mes para mantener vivas tres o cuatro cosas esenciales y dejar el resto en espera. Sin culpa.

El error que cometes cada invierno

Te machacas por no rendir como en septiembre. Te comparas con tu yo de hace cinco meses, que tenía sol, energía y ganas de comerse el mundo, y decides que ahora eres una versión defectuosa de esa persona.

No lo eres.

Eres la misma persona con un entorno completamente distinto. Un entorno con menos luz, menos temperatura, menos estímulo. Y tu cerebro, que ya tiene que hacer malabares para funcionar el resto del año, simplemente no tiene margen extra para compensar.

La gente sin TDAH también lo nota. Pero tiene más reserva. Tú no. Tú ibas ya al límite, y febrero te ha quitado el poco colchón que tenías.

Así que para de culparte. Ajusta. Adapta. Reduce. Y espera. Porque marzo llega. Siempre llega. Y cuando los días empiecen a estirar y la luz vuelva, tu cerebro se despertará como si le hubieran dado un chute de café intravenoso.

Hasta entonces, sobrevivir es suficiente.

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