Volver al blog

La energía inagotable de Jim Carrey: TDAH en el escenario

Jim Carrey no actuaba: explotaba. Su energía en el escenario era TDAH puro. Pero fuera de cámara, esa misma energía le pasaba factura.

tdahfamosos

Hay un vídeo de Jim Carrey en el rodaje de Ace Ventura donde el equipo técnico está muerto. Literalmente apoyados contra las paredes, con cara de "llevo 14 horas aquí y este hombre sigue improvisando escenas que nadie le ha pedido".

Carrey no paraba.

No podía parar.

Y esa diferencia, entre "no querer parar" y "no poder parar", es la diferencia entre ser un tío con mucha energía y tener un cerebro TDAH que no tiene botón de apagado.

¿Cómo funciona un cerebro que va del 0 al 100 sin pasar por el 50?

Jim Carrey ha hablado abiertamente de su TDAH. Y cuando ves su carrera con esa lente, todo encaja como un puzzle que llevabas años intentando montar con las piezas al revés.

En La Máscara, Carrey improvisaba escenas enteras. El guion decía una cosa y él hacía otra. Los directores aprendieron rápido que lo mejor que podían hacer era poner la cámara y dejar que pasara lo que tuviera que pasar. Porque Jim Carrey encendido es como intentar dirigir un tornado con un megáfono. Puedes hablarle, pero él va a ir donde quiera.

Esa energía no es disciplina. No es técnica actoral. No es café.

Es hiperactividad canalizada.

El cerebro TDAH no tiene regulador de volumen. No funciona como un grifo que abres un poquito y sale un chorrito constante. Funciona como una presa: o está cerrada y no sale nada, o se abre y arrasa con todo lo que encuentra. Tu cerebro no tiene regulador de volumen emocional, y Carrey es el ejemplo más visible del planeta de lo que pasa cuando esa energía encuentra su canal.

En el escenario, eso es magia.

Fuera del escenario, eso es otra historia.

¿Qué pasa cuando la energía se apaga?

Esta es la parte que la gente no ve. Porque la gente solo ve a Jim Carrey haciendo el payaso. Solo ve las entrevistas donde transforma su cuerpo en gelatina. Solo ve al tío que hacía reír a todo un plató sin esfuerzo aparente.

Pero Carrey ha hablado muchas veces de su depresión. De los periodos en los que no podía levantarse. De las temporadas en las que toda esa energía que le hacía brillar en pantalla simplemente desaparecía. Como si alguien le hubiera desenchufado.

Y eso es exactamente lo que pasa con el TDAH.

No es que tengas poca energía. Es que no la controlas. Hay tres tipos de días TDAH: los días en los que eres imparable, los días en los que funcionas a medias, y los días en los que no puedes ni mirar el móvil. No hay término medio. No hay "hoy voy al 60%". Vas al 100 o vas al 0. Y no decides tú cuándo toca cada uno.

Carrey lo describió una vez como "vivir en una montaña rusa emocional que no tiene frenos". Y cualquiera que tenga TDAH leyendo esto acaba de asentir con la cabeza.

La hiperactividad que en clase era un problema, en el escenario era un superpoder

Jim Carrey fue expulsado de clase. Varias veces. Su profesora llegó a un acuerdo con él: si se portaba bien durante la clase, al final le dejaba 15 minutos para hacer un show delante de sus compañeros.

Lee esa frase otra vez.

Una profesora entendió que ese niño no necesitaba que le dijeran "siéntate y cállate". Necesitaba un sitio donde poner toda esa energía. Y le dio un escenario.

Esos 15 minutos al final de la clase fueron el germen de una carrera que generó miles de millones de dólares en taquilla. Porque la hiperactividad TDAH no es un defecto. Es una cantidad absurda de energía que necesita un canal. Y si no le das uno, se lo busca solo. Y normalmente el que se busca solo no le gusta a nadie.

En un aula, esa energía te convierte en "el niño problemático". En un escenario, te convierte en Jim Carrey.

Mismo cerebro. Mismo cableado. Diferente contexto.

Lo que Carrey nos enseña sobre vivir con el motor siempre encendido

Hay una escena en El Todopoderoso donde Jim Carrey tiene el poder de Dios y lo primero que hace es usarlo para gastar bromas absurdas. No salva el mundo. No cura enfermedades. Hace el imbécil a lo grande.

Es la metáfora perfecta del TDAH.

Tienes un motor que otros matarían por tener. Una capacidad de enfocarte en algo que te interesa que roza lo sobrehumano. El hiperfoco no elige cuándo aparece, pero cuando aparece, eres capaz de cosas que parecen imposibles. Carrey podía hacer 40 tomas seguidas de una escena y mejorar en cada una de ellas. No porque fuera disciplinado. Porque estaba en la zona. Y cuando estás en la zona, el mundo desaparece.

Pero también tienes un motor que no sabes apagar. Que te mantiene despierto a las 3 de la mañana pensando en una conversación que tuviste en 2007. Que te deja fundido después de un día productivo como si hubieras corrido un maratón. Que hace que la gente te diga "relájate" sin entender que relajarte es precisamente lo que no puedes hacer.

Carrey canalizó todo eso en personajes. En comedia. En arte. Pero también pagó un precio alto: adicciones, depresión, relaciones rotas, periodos de aislamiento total.

Porque la energía TDAH no viene gratis. Viene con intereses.

El contraste que define al TDAH

Si quieres entender el TDAH en 10 segundos, mira un vídeo de Jim Carrey en un plató y luego busca una entrevista donde habla de su depresión.

El mismo tío.

El tío que hacía reír a 300 personas en un rodaje sin despeinarse es el mismo tío que luego llegaba a casa y no podía moverse del sofá. El que improvisaba 20 minutos de comedia brillante sin guion es el mismo que pasaba semanas sin hablar con nadie.

Eso no es bipolaridad. No es "ser artista". No es excentricidad.

Es un cerebro que funciona a golpes. Que cuando se enciende, ilumina todo. Y cuando se apaga, se apaga de verdad.

Si lees esto y piensas "eso me pasa a mí", no eres raro. No eres vago. No eres un caso perdido. Tienes un cerebro que funciona diferente y probablemente nadie te lo ha explicado bien.

He construido un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero te da más contexto en 10 minutos del que has tenido en años.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo