Dwayne Johnson: wrestling, Hollywood y un cerebro con tres carreras paralelas
The Rock pasó de la depresión post-fútbol al wrestling, a Hollywood y a un imperio de negocios. Tres carreras a la vez. Eso no es ambición normal.
Cuatro de la mañana. Oscuro. El gimnasio vacío. Y ahí está Dwayne Johnson, levantando hierro como si le debiera dinero a alguien.
Cada día. Sin excepción. Desde hace décadas.
Mientras tanto, rueda una película, graba un programa de televisión, gestiona su marca de tequila, supervisa su línea de ropa, produce contenido para sus 400 millones de seguidores en redes y, en algún momento del día, encuentra tiempo para ser padre.
La pregunta no es cómo lo hace. La pregunta es por qué necesita hacer todo eso a la vez.
De la depresión a las cuerdas del ring
A Dwayne Johnson le cortaron del equipo de fútbol americano de la CFL canadiense. Tenía 23 años, siete dólares en el bolsillo (lo ha contado mil veces) y una depresión que lo dejó tirado en el sofá sin saber qué hacer con su vida.
Y lo que hizo fue meterse en el wrestling profesional.
No como hobby. No como transición suave. Se metió de lleno, con todo, a una intensidad que dejó al propio Vince McMahon flipando. En pocos años era The Rock, el luchador más carismático de la historia de la WWE. Llenaba estadios. Vendía millones en merchandising. Era el tipo más electrizante del entretenimiento deportivo.
Y justo cuando estaba en la cima absoluta del wrestling, lo dejó.
Para meterse en Hollywood.
No poco a poco. No "voy a probar a ver qué tal". Lo dejó y se lanzó de cabeza a una industria completamente distinta. Y cuando Hollywood lo adoptó, no se conformó con actuar. Empezó a producir. Y luego a crear marcas propias. Y luego a construir un imperio.
Ese patrón de saltar de una carrera a otra con una intensidad brutal, de necesitar siempre un proyecto nuevo, de no poder funcionar con una sola cosa, es un patrón que cualquier persona con TDAH reconoce al instante.
¿Cómo gestiona The Rock tantos proyectos a la vez?
Aquí es donde la cosa se pone interesante.
Dwayne Johnson no tiene un diagnóstico público de TDAH. Hay que dejarlo claro. Esto es un perfil especulativo basado en patrones observables, no un diagnóstico desde el sofá.
Pero los patrones están ahí, y cantan.
La necesidad de múltiples proyectos simultáneos. La incapacidad de quedarse quieto en una sola disciplina. La energía inagotable que parece sobrehumana pero que, si conoces el hiperfoco, sabes exactamente de dónde viene. El entrenamiento a las 4AM como ritual de anclaje. La depresión cuando no tiene estímulo suficiente.
LeBron James tiene un perfil parecido
Y The Rock lleva esa necesidad al extremo.
Su marca de tequila Teremana facturó más de mil millones en sus primeros años. Su línea de ropa Project Rock con Under Armour no para de crecer. Su productora Seven Bucks genera contenido para cine, televisión y redes. Todo al mismo tiempo. Todo con él involucrado hasta las cejas.
Un cerebro neurotípico miraría todo eso y diría: "Es demasiado. Elige uno." Un cerebro que necesita estimulación constante dice: "Si me quitas tres de estos proyectos, me hundo."
El gimnasio a las 4AM como sistema de regulación
Hay algo que la gente pasa por alto cuando habla de la rutina de Dwayne Johnson.
Entrenar a las 4 de la mañana no es disciplina. O no solo es disciplina. Es regulación emocional.
Muchos deportistas y personas de alto rendimiento con rasgos neurodivergentes usan el ejercicio físico intenso como forma de regular su cerebro. No es que les guste madrugar. Es que necesitan esa descarga de dopamina y endorfinas para poder funcionar el resto del día.
Johnson ha hablado abiertamente de su batalla con la depresión. De los momentos en los que no podía levantarse. De cómo el ejercicio es lo único que lo mantiene estable. Y eso, de nuevo, es un patrón clásico de un cerebro que no produce dopamina de forma eficiente. Necesitas generarla tú. Y el hierro a las 4AM es una forma bastante efectiva de hacerlo.
No es casualidad que su peor momento fue cuando no tenía nada que hacer. Cuando lo cortaron del fútbol americano y se quedó sin estímulo, sin proyecto, sin estructura. La depresión apareció justo ahí. Y desapareció cuando volvió a tener algo que le exigiera todo.
El patrón del multipotencial que nunca para
Lo fascinante de Dwayne Johnson no es que sea bueno en una cosa. Es que es bueno en muchas cosas distintas y que no puede parar de añadir nuevas.
Fútbol americano. Wrestling. Cine. Televisión. Tequila. Ropa. Producción. Redes sociales.
Cada vez que domina un campo, salta al siguiente. No porque haya fracasado en el anterior. Porque ya no le estimula lo suficiente.
Eso es lo que muchos empresarios con rasgos neurodivergentes experimentan. La fase de construcción es adictiva. La novedad, el reto, la curva de aprendizaje. Pero cuando algo se convierte en rutina, cuando el reto desaparece, necesitan algo nuevo. No por capricho. Porque su cerebro literalmente deja de producir dopamina con lo conocido.
Johnson no ha parado nunca. Y probablemente no pueda. No porque sea un adicto al trabajo en el sentido clásico. Sino porque su cerebro funciona mejor cuando tiene tres incendios que apagar que cuando solo tiene uno.
Y eso, para alguien con TDAH, no suena a locura. Suena a martes.
Lo que puedes aprender de The Rock (tengas TDAH o no)
No hace falta que montes una marca de tequila ni que entrenes a las 4AM. Pero el patrón de Johnson tiene algo que vale la pena analizar.
Si eres de los que necesitan varios proyectos para funcionar, deja de intentar ser monoproyecto. No estás disperso. Estás alimentando un cerebro que necesita estímulo variado.
Si el ejercicio es lo único que te regula, no lo trates como "ir al gym". Trátalo como tu medicación matutina. Porque para un cerebro que no produce dopamina de forma eficiente, lo es.
Y si alguien te dice que "deberías centrarte en una cosa", sonríe con educación y sigue con tus tres proyectos. The Rock no eligió uno. Eligió todos. Y le fue bastante bien.
Si te reconoces en el patrón de The Rock, si necesitas muchos frentes abiertos para funcionar, si el ejercicio es tu regulación y la quietud es tu enemiga, puede que tu cerebro funcione de una forma concreta. El primer paso es entender cómo.
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