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Dejar las luces encendidas en toda la casa: la factura del TDAH

Sales de la habitación y la luz se queda encendida. Siempre. Tu cerebro con TDAH no registra lo que deja detrás.

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Sales de la habitación y la luz se queda encendida. Vas al baño y se queda encendida. Llegas a la cocina y las tres anteriores siguen encendidas. Tu casa parece un estadio de fútbol a las once de la noche y tú acabas de entrar a por un vaso de agua.

Tu cerebro con TDAH no registra lo que deja detrás.

No es dejadez. No es que te dé igual la factura de la luz. Es que para tu cerebro, la habitación que acabas de dejar ya no existe. En el momento en que cruzas la puerta, tu atención se ha enganchado a lo siguiente. El interruptor, el grifo abierto, la puerta del armario. Todo eso pertenece a un mundo que tu cabeza ya ha abandonado.

Mi récord personal fue dejar encendidas cinco luces a la vez en un piso de 40 metros cuadrados. Cinco. En un estudio. No sé ni cómo es físicamente posible, pero lo conseguí. Mi compañero de piso me miró como si estuviera financiando Iberdrola a título personal.

Y lo peor no es la luz. Lo peor es que te pasa con todo.

¿Por qué el TDAH te hace dejar las luces encendidas en toda la casa?

Porque tu cerebro funciona mirando hacia delante. Siempre hacia delante.

La atención de una persona neurotípica tiene retrovisor. Sale de una habitación y, por inercia, hace un barrido rápido: luz apagada, puerta cerrada, nada se queda encendido. Es automático, ni siquiera piensan en ello. Como pestañear.

Tu cerebro con TDAH no tiene retrovisor. Tiene un parabrisas enorme y un acelerador pegado al suelo. Solo ve lo que viene. Lo que acaba de pasar ya no está en el radar.

No es un problema de memoria exactamente. Es un problema de atención al contexto que acabas de abandonar. Tu cerebro decide, sin consultarte, que lo que dejaste atrás ya no es relevante. Y la luz se queda encendida.

Es el mismo mecanismo que hace que entres en una habitación y no sepas a qué has venido. Tu cerebro cambia de canal sin avisarte. Y cuando cambia, no se molesta en cerrar el anterior.

No es solo la luz

Es el grifo que gotea porque no lo cerraste del todo. La nevera que se queda entreabierta. La estufa que sigue encendida cuando ya estás en otra habitación. El cargador del móvil enchufado sin móvil. Las tres ventanas del navegador con 47 pestañas cada una.

Tu cerebro va dejando un rastro de cosas abiertas, encendidas, a medias. Como Pulgarcito, pero en vez de migas de pan vas dejando facturas.

Y claro, cuando tu pareja, tu compañero de piso o tu madre te lo señalan, suena como si fuera un defecto de carácter. "Es que no te fijas." "Es que no te importa." "Es que eres un desastre."

No. Es que tu cerebro no procesa la salida de un espacio igual que procesa la entrada. La entrada tiene estímulo: luz, movimiento, propósito. La salida es invisible. Y lo invisible, para un cerebro con TDAH, no existe.

¿Cómo pasa esto a nivel neurológico?

La memoria de trabajo. Esa parte del cerebro que mantiene la información activa mientras la necesitas y la suelta cuando ya no. En el TDAH, esa "suelta" ocurre antes de tiempo.

Piensa en la memoria de trabajo como una mesa pequeña. Los neurotípicos tienen una mesa de escritorio normal. Caben tres o cuatro cosas a la vez: lo que estoy haciendo, de dónde vengo, qué tengo que hacer luego, y apagar la luz.

Tu mesa es una mesita de noche. Cabe una cosa. Cuando llega la segunda, la primera se cae al suelo. Y la luz se queda encendida porque "apagar la luz al salir" se cayó de la mesa en el momento en que pensaste "voy a la cocina a por agua".

Es el mismo motivo por el que acabas comprando lo mismo dos veces. No es que no te acuerdes de que lo tenías. Es que esa información ya se cayó de la mesa hace rato.

¿Se puede hacer algo?

Sí. Pero no con fuerza de voluntad.

Si tu cerebro no registra la salida, hay que hacer que la salida sea imposible de ignorar. Algunos trucos que a mí me funcionan (no todos, no siempre, pero más que "intenta fijarte más"):

Domótica barata. Sensores de movimiento que apagan la luz si no detectan a nadie en X minutos. Es rendirte con elegancia. Si tu cerebro no va a apagar la luz, que la apague el sensor. Problema resuelto.

Rutina de cierre por habitación. Antes de salir de cualquier sitio, un vistazo de dos segundos. No a "todo". Solo a una cosa: la luz. Reducir la checklist a un solo ítem. Porque una checklist de cinco cosas para un cerebro TDAH es una checklist de cero cosas.

Notas en la puerta. Sí, es cutre. Sí, funciona. Un post-it en el marco de la puerta que diga "LUZ" te obliga a verlo al salir. Externalizar la memoria funciona porque tu cerebro con TDAH no es un disco duro, y cuanto antes lo aceptes, antes dejas de pelearte con él.

Interruptores con temporizador. Los de los hoteles. Se apagan solos. No requieren que te acuerdes de nada. Genio.

No se trata de convertirte en alguien que se fija en todo. Se trata de montar un sistema que no dependa de que te fijes.

La factura real no es la de la luz

La factura de la electricidad te duele en el bolsillo. Pero la factura emocional es peor.

Cada vez que alguien te dice "otra vez te has dejado la luz", se acumula. Otra prueba de que no te enteras. Otro dato que confirma la historia que llevas contándote toda la vida: que eres un desastre, que no te fijas, que algo falla en ti.

No falla nada en ti. Falla la expectativa de que tu cerebro funcione como uno que no tiene TDAH.

Las luces encendidas no son un defecto moral. Son un síntoma. Y cuando empiezas a verlos así, dejas de machacarte por cada interruptor olvidado y empiezas a buscar soluciones que de verdad funcionen.

Tu cerebro no tiene retrovisor. Vale. Pues ponle sensores de aparcamiento.

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