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Cómo dejar de comprar por impulso con TDAH: guía sin culpa

Las compras impulsivas con TDAH no son capricho. Son dopamina instantánea. Y se pueden frenar sin castigarte ni cortarte la tarjeta.

tdah

Otro paquete de Amazon que no recuerdas haber pedido.

Otro cargo en la tarjeta que no cuadra. Otro "pero si yo no he comprado nada esta semana" mientras abres la app del banco con un ojo cerrado, como si eso fuera a suavizar el golpe.

Las compras impulsivas con TDAH no son capricho. No son falta de control. No son "es que te gusta darte caprichos". Son tu cerebro buscando dopamina donde sea, cuando sea, a la velocidad que sea.

Y tienen solución. Sin castigarte. Sin cortarte la tarjeta. Sin que tu pareja te mire como si fueras un crío de ocho años con una paga semanal.

¿Por qué el TDAH te hace comprar por impulso?

Porque tu cerebro funciona con un sistema de recompensa que va por libre.

Cuando una persona sin TDAH ve algo que le gusta en una tienda online, su cerebro hace esto: me gusta, lo quiero, pero espera. ¿Lo necesito? ¿Me lo puedo permitir? ¿Ya tengo algo parecido? Ese "pero espera" es el freno. El filtro. La voz de la razón que te dice "déjalo en el carrito y duérmelo".

Cuando una persona con TDAH ve lo mismo, el cerebro hace esto: me gusta, lo quiero, comprado.

No hay filtro. No hay pausa. Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y comprar algo nuevo dispara dopamina como pocas cosas. Es inmediato, es fácil, y en 2025 está a un clic de distancia. Literalmente. Un clic. Ni siquiera tienes que levantarte del sofá.

El problema no es que seas una persona irresponsable con el dinero. El problema es que tu cerebro interpreta "comprar algo nuevo" como una solución legítima para el aburrimiento, la frustración, el estrés o el vacío de no estar haciendo nada estimulante.

Y lo peor es que funciona. Durante tres segundos.

El ciclo que nadie te explica

Va así:

Estás aburrido, agobiado o bloqueado con algo. Tu cerebro necesita estímulo. Abres el móvil. Ves algo. Lo compras. Dopamina. Alivio instantáneo. Te sientes bien.

Treinta minutos después, ni te acuerdas de lo que has comprado.

Tres días después, llega el paquete y piensas "¿esto lo pedí yo?". Comprar lo mismo dos veces porque no recuerdas que lo tenías. Clásico.

Una semana después, miras la cuenta del banco y la culpa te come por dentro. Te dices que no va a volver a pasar. Que este mes controlas. Que vas a hacer un presupuesto en Excel como la gente normal.

Dos días después, estás aburrido otra vez. Y vuelta a empezar.

No es falta de voluntad. Es un patrón neurológico. Tu cerebro busca dopamina, la compra se la da, y el ciclo se repite porque nadie te ha enseñado a interrumpirlo sin que te sientas fatal contigo mismo.

¿Qué no funciona para frenar las compras impulsivas?

Voy a ahorrarte tiempo y frustración.

Cortarte la tarjeta no funciona. Tu cerebro encontrará otra vía. Bizum, PayPal, la tarjeta de tu pareja, sacar efectivo. El impulso no desaparece porque quites el medio de pago. Solo cambia de canal.

Hacer un presupuesto detallado no funciona. Al menos no solo. Porque el problema no es que no sepas cuánto puedes gastar. Es que en el momento del impulso, tu cerebro se salta el presupuesto como si no existiera. No es que no quieras seguirlo. Es que ni te acuerdas de que está ahí.

La culpa no funciona. Castigarte después de cada compra no previene la siguiente. Solo te hace sentir peor, lo que genera más estrés, lo que genera más necesidad de dopamina, lo que genera más compras. Sentir todo al máximo volumen incluye la culpa. Y la culpa sin estrategia es gasolina para el ciclo.

"Solo necesitas disciplina" no funciona. Si la disciplina fuera suficiente, no estarías leyendo esto.

¿Qué sí funciona? Estrategias que van con tu cerebro, no contra él

La clave es no pelearte con el impulso. Es redirigirlo.

La regla de las 48 horas. Cuando quieras comprar algo, mételo en el carrito o en una lista de deseos y pon un temporizador de 48 horas en el móvil. No te prohíbes comprarlo. Solo aplazas la decisión. Después de 48 horas, si sigues queriéndolo, adelante. El truco es que el 80% de las veces ni te acuerdas de que lo querías.

Sustituye la dopamina, no la elimines. Tu cerebro va a buscar estímulo sí o sí. Si le quitas las compras sin darle otra cosa, va a encontrar algo peor. Dale alternativas: un paseo, una llamada, un juego en el móvil, una ducha, cambiar de tarea. Algo que le dé un pico de novedad sin coste económico.

Pon fricción. Borra las apps de compras del móvil. Desactiva la compra en un clic de Amazon. Quita las tarjetas guardadas del navegador. No se trata de impedirte comprar, sino de añadir pasos. Cada paso extra es un segundo de ventaja para que tu corteza prefrontal diga "espera, ¿de verdad necesitas otra funda de móvil?".

Una cuenta separada para caprichos. Cada mes, transfiere una cantidad fija a una cuenta solo para compras impulsivas. Lo que haya ahí, es tuyo para gastar sin culpa. Cuando se acabe, se acabó. No es restricción, es marco. Y los cerebros con TDAH funcionan mejor con marcos claros que con prohibiciones vagas.

Identifica el disparador, no el producto. La próxima vez que compres algo por impulso, no te preguntes "¿por qué he comprado esto?". Pregúntate "¿qué estaba sintiendo justo antes?". Aburrimiento, estrés, frustración, soledad, agotamiento. La compra es el síntoma. El disparador es lo que tienes que aprender a gestionar.

No eres un desastre con el dinero

Eres una persona con un cerebro que procesa las recompensas de forma diferente. Que tiene un acelerador muy sensible y un freno que tarda tres segundos más en activarse. Y en un mundo donde comprar algo está a un clic de distancia, esos tres segundos son la diferencia entre "qué buena compra" y "¿por qué tengo cuatro pares de auriculares?".

No necesitas más fuerza de voluntad. Necesitas entender cómo funciona tu cabeza y diseñar un sistema que trabaje a tu favor.

Y sobre todo, necesitas dejar de castigarte cada vez que fallas. Porque vas a fallar. Todos fallamos. La diferencia está en qué haces después: si te hundes en la culpa o si ajustas el sistema y sigues adelante.

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