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El aburrimiento mortal del TDAH: no hacer nada duele

El aburrimiento con TDAH no es aburrimiento normal. Es una urgencia física que te obliga a hacer cualquier cosa para escapar. Y nadie te lo explicó.

tdah

Hay gente que se aburre y se relaja. Se tumba en el sofá, mira al techo, y está bien. Simplemente está ahí. Sin hacer nada. Respirando. Existiendo. Tranquila.

Yo me aburro y siento que me estoy muriendo.

No es exageración. Es literal. Es una sensación física. Como un hormigueo que te sube por las piernas y te llega al pecho. Como si tu cuerpo necesitara moverse, hacer algo, lo que sea, pero tu cerebro no te diera una dirección. Solo la orden de "huye de esto ahora mismo".

Y lo peor no es el aburrimiento en sí. Lo peor es que nadie a tu alrededor entiende por qué no puedes simplemente estar quieto.

¿Por qué el aburrimiento con TDAH es diferente?

Porque no es aburrimiento. Es hambre.

Tu cerebro funciona con dopamina. Todo el mundo lo hace, pero un cerebro con TDAH tiene un problema de base: produce menos dopamina de la que necesita para funcionar. Y la dopamina es lo que te da la sensación de que algo merece la pena. De que lo que estás haciendo tiene sentido. De que puedes seguir.

Cuando un cerebro neurotípico se aburre, la dopamina baja un poco. Incómodo, pero tolerable. Como tener un poco de hambre antes de comer. Puedes esperar.

Cuando un cerebro con TDAH se aburre, la dopamina no es que baje un poco. Es que desaparece. Y tu cerebro entra en modo pánico. Porque para él, la falta de estímulo no es "qué rollo". Es una emergencia. Es como llevar 48 horas sin comer y que alguien te diga "tranquilo, espera un poco".

No puedes esperar. Tu cuerpo no te deja.

La búsqueda desesperada del estímulo

Y entonces tu cerebro hace lo que hace siempre: busca dopamina donde sea.

Coges el móvil. Abres Instagram. Lo cierras. Abres Twitter. Lo cierras. Abres YouTube. Ves 30 segundos de un vídeo. Lo cierras. Abres la nevera. No tienes hambre pero miras dentro igualmente. La cierras. Vuelves al sofá. Coges el móvil otra vez.

Todo el ciclo en menos de dos minutos.

Porque ninguna de esas cosas te da suficiente. Son migajas. Tu cerebro necesita un filón de dopamina y tú le estás dando migas de pan. Así que sigue buscando. Y buscando. Y buscando.

Desde fuera parece que eres inquieto. Que no sabes estar quieto. Que eres un niño atrapado en un cuerpo de adulto. Desde dentro es otra cosa. Desde dentro es angustia pura. Es tu cerebro gritándote "haz algo" sin decirte qué.

Y a veces esa búsqueda desesperada acaba donde no debería. En el scroll infinito de las redes a las 2 de la mañana. En compras absurdas. En discusiones con tu pareja porque el conflicto también da dopamina. En el tercer café del día aunque sean las 7 de la tarde.

Cualquier cosa antes que el silencio.

¿Por qué no puedo simplemente descansar?

Porque descansar requiere un cerebro que funcione en modo reposo. Y el tuyo no tiene esa opción.

La gente te dice "descansa", "relájate", "no hagas nada un rato". Y tú lo intentas. Te sientas. Respiras. Y a los 45 segundos sientes que te están arrancando las uñas. No es relajación. Es tortura con forma de sofá.

Porque "no hacer nada" es lo peor que le puedes pedir a un cerebro con TDAH. Un cerebro que necesita estímulos constantes para mantener un nivel mínimo de dopamina no sabe qué hacer cuando le quitas todos los estímulos. Es como quitarle el oxígeno a alguien y pedirle que respire tranquilo.

Y luego está la culpa.

Porque sabes que deberías poder descansar. Ves a tu pareja en el sofá viendo una peli entera sin moverse y piensas "¿qué me pasa?". Ves a tus amigos tirados en la playa durante horas y tú llevas 20 minutos y ya estás pensando en irte. Y te sientes raro. Defectuoso. Como si hubiera una pieza que a todo el mundo le funciona y a ti te la montaron al revés.

No te la montaron al revés. Es que tu motor funciona con otro combustible.

El lado oscuro: cuando el aburrimiento se convierte en algo peor

Aquí viene lo que nadie te cuenta.

El aburrimiento crónico del TDAH no es solo incómodo. Puede ser peligroso. Porque cuando tu cerebro lleva demasiado tiempo sin estímulo, no solo se aburre. Se desregula emocionalmente.

Irritabilidad sin motivo. Tristeza que aparece de la nada un domingo por la tarde. Ansiedad por no estar haciendo nada "productivo". Peleas que empiezas sin querer porque tu cerebro necesitaba el drama como fuente de dopamina.

El aburrimiento del TDAH no es "me aburro". Es "si no hago algo ahora mismo me voy a volver loco". Y esa sensación sostenida en el tiempo genera un desgaste brutal. Porque no puedes estar buscando estímulos 16 horas al día sin que tu cuerpo y tu cabeza acaben reventados.

Es el ciclo perfecto: el aburrimiento te agota, el agotamiento te impide hacer cosas que te estimulen, y la falta de estímulo te aburre más. Un bucle del que no puedes salir a fuerza de voluntad porque la fuerza de voluntad también necesita dopamina para funcionar.

¿Y qué haces con esto?

No te voy a dar una lista de "10 trucos para combatir el aburrimiento". No es eso.

Lo primero es entender que no eres raro. Que lo que sientes es real. Que no es que no sepas descansar o que seas un impaciente. Es que tu cerebro tiene un sistema de recompensa que funciona diferente. Y el aburrimiento para ti no es lo que es para los demás.

Lo segundo es dejar de pelear contra ello.

Vas a necesitar más estímulos que la media. Y eso está bien. No es un defecto. Es una especificación técnica de tu cerebro. Lo que puedes hacer es elegir de dónde los sacas.

Tener una lista de actividades de "rescate" para cuando el aburrimiento golpea. No actividades productivas. Actividades que te den estímulo sin joderte la vida. Caminar. Poner música. Cocinar algo nuevo. Llamar a alguien. Hacer estiramientos. Cualquier cosa que le dé a tu cerebro algo que masticar sin que acabes con 14 pestañas de Amazon abiertas a la 1 de la mañana.

Y lo tercero es aceptar que el hiperfoco y el aburrimiento mortal son dos caras de la misma moneda. Tu cerebro no tiene punto medio. O se engancha a algo con la fuerza de mil soles, o no puede engancharse a nada. No es que elijas aburrirte. Es que tu cerebro no ha encontrado nada que active la palanca.

No eres vago. No eres raro. No eres un crío.

Eres alguien cuyo cerebro necesita más para funcionar. No más disciplina. No más fuerza de voluntad. Más estímulo. Más dopamina. Más razones para que el motor arranque.

Y eso no se soluciona con un "intenta relajarte". Se soluciona entendiendo cómo funciona tu cabeza.

Porque el día que entiendes que el aburrimiento no es pereza sino química, dejas de castigarte por no poder estar quieto. Y empiezas a diseñar tu vida alrededor de eso, en vez de contra eso.

El aburrimiento normal pasa. El tuyo muerde.

Y no tiene nada de malo necesitar que la vida sea un poco más ruidosa para poder vivirla.

Si lees esto y piensas "esto me pasa a mí pero nunca lo he hablado con nadie", quizá sea buen momento para ponerle nombre. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero sí un punto de partida para dejar de preguntarte por qué tu cerebro no se calla nunca. 10 minutos.

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