TDAH a los 25: todos avanzan y tú sigues buscando el camino
Tienes 25 años, tus amigos tienen planes y tú no sabes ni qué cenar. Si tienes TDAH, esto tiene explicación.
Tienes 25 años. Tus amigos del instituto ya tienen oposiciones aprobadas y planes de boda. Tú no sabes ni qué vas a cenar.
No es broma. Es miércoles, son las nueve de la noche, llevas veinte minutos mirando la nevera como si fuera a revelarte el sentido de la vida, y lo único que tienes claro es que no tienes nada claro. Ni la cena. Ni el trabajo. Ni eso que la gente llama "proyecto de vida" y que tú escribiste en un cuaderno hace tres años y nunca volviste a abrir.
Mientras tanto, Laura ha sacado las oposiciones de maestra. Marcos se ha comprado un piso con su novia. Y Dani está en Alemania con un contrato de ingeniero que da asco de lo bueno que es.
Y tú. Bueno. Tú estás en tu tercer trabajo en dos años, pensando si deberías haber estudiado otra cosa, viviendo con la sensación constante de que el mundo se mueve y tú estás parado en medio de la rotonda sin saber qué salida coger.
¿Por qué a los 25 siento que todos avanzan menos yo?
Porque a los 25 ocurre algo muy concreto: se acaba el colchón.
Hasta los 22, 23, todo el mundo va más o menos igual. Estudias, sales, haces exámenes, suspendes alguno, repites, te da igual. Hay un camino marcado y tú vas por él aunque vayas dando tumbos.
Pero a los 25 el camino se abre. Ya no hay asignaturas, no hay horarios, no hay nadie que te diga qué toca ahora. Y eso, para un cerebro con TDAH, es como soltar a un perro en un campo de 40 hectáreas sin valla. Sales corriendo, sí. Pero no sabes hacia dónde.
Tus amigos neurotípicos no es que sean más listos. Es que su cerebro hace una cosa que el tuyo no: priorizar sin sufrir. Ven tres opciones, eligen una, tiran pa'lante. Tú ves tres opciones, luego ves siete más que se te han ocurrido a las tres de la mañana, y acabas paralizado porque no puedes elegir sin sentir que todas las demás opciones mueren.
Siempre te has sentido diferente
El problema no es la falta de talento, es la falta de dirección interna
Esto es lo que nadie te cuenta sobre el TDAH a los 25: no te falta capacidad. Te falta el GPS interno que los demás tienen de serie.
La dopamina. Tu cerebro no la regula como debería. Y la dopamina es lo que convierte una decisión en acción. Sin ella, puedes tener la idea más brillante del mundo y quedarte sentado en el sofá mirando al techo porque tu cerebro no encuentra el "botón de empezar".
Por eso has cambiado de carrera, o de trabajo, o de ciudad, o de hobby catorce veces. No porque seas inconstante. Porque tu cerebro necesita novedad para funcionar, y cuando la novedad se acaba, se apaga como una bombilla fundida.
Y claro, miras tu CV con 7 trabajos en 5 años y piensas que eres un desastre. Que no sirves para nada. Que todo el mundo ha encontrado su sitio menos tú.
No. Lo que pasa es que tu cerebro funciona diferente. Y nadie te dio el manual.
La trampa de la comparación a los 25
Instagram no ayuda, claro. Pero no hablo solo de Instagram.
Hablo de las cenas de Navidad. Del grupo de WhatsApp del instituto. De tu madre preguntándote "¿y tú para cuándo?" cada vez que alguien anuncia algo. Hablo de ese momento en el que un colega te cuenta que ha pedido una hipoteca y tú no podrías ni pedir un préstamo para un microondas.
La comparación es el deporte nacional de los 25. Y si tienes TDAH, es un deporte en el que siempre pierdes. Porque estás comparando tu kilómetro 3 con el kilómetro 12 de gente que corre en otra pista.
No es que vayas lento. Es que empezaste más tarde. Porque te pasaste años sin saber qué te pasaba, sin entender por qué todo te costaba el doble, sintiéndote raro sin tener nombre para eso.
Y eso no es culpa tuya.
¿Qué puedes hacer con esto?
No voy a darte una lista de 10 consejos motivacionales porque te prometo que no sirven de nada. Lo que sí te voy a decir es esto:
Tu línea temporal no es la de los demás. Y no porque seas peor. Porque tu cerebro funciona con otro sistema operativo. No peor. Diferente.
A los 25 puedes sentir que llegas tarde a todo. Pero la verdad es que a los 25 no llegas tarde a nada. Ni a los 30. Ni a los 35. La vida no es una oposición con fecha límite.
Lo primero es entender qué pasa dentro de tu cabeza. No para ponerte una etiqueta y quedarte ahí. Sino para dejar de culparte por cosas que tienen una explicación que nadie te ha dado.
Cuando entiendes que tu cerebro no es vago sino que no regula, dejas de pelearte contigo mismo. Y cuando dejas de pelearte contigo mismo, empiezas a avanzar. A tu ritmo. Que es el único que importa.
Los demás no van por delante. Van por otro camino. Y el tuyo, aunque no lo parezca, también llega a algún sitio.
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