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La culpa del padre o madre con TDAH

Olvidaste la reunión del cole. Le gritaste sin querer. Y encima sabes que probablemente le has pasado el TDAH genéticamente. La culpa parental con TDAH es un bucle que no se rompe fácil.

tdah

Hay una reunión de padres a las seis de la tarde.

Lo tenías puesto en el calendario. Lo tenías en el post-it del frigorífico. Lo tenías incluso como notificación en el móvil, que viste, deslizaste sin leer, y enterraste bajo otras cuatro notificaciones antes de que tu cerebro procesara qué era.

A las siete y cuarto te llega un WhatsApp del grupo de la clase preguntando si has recibido el formulario de la excursión que repartieron hoy.

Ahí es cuando recuerdas la reunión.

¿Por qué la culpa del TDAH en padres es diferente?

No es igual que olvidarse algo de vez en cuando.

Cualquier padre olvida cosas. Es normal. Es que la paternidad es una cantidad absurda de información, fechas, autorizaciones y responsabilidades que no caben en ningún cerebro humano.

Pero cuando tienes TDAH, los olvidos no son accidentes puntuales. Son el patrón. Son todos los lunes. Y los martes. Y el jueves que tocaba llevar fruta para el cumpleaños del compañero y te enteraste en el último momento porque el papel que mandó la profe vivió cuatro días en el fondo de la mochila de tu hijo sin que nadie lo viera.

Y lo sientes diferente porque sabes que no es falta de ganas. Llevas años sabiendo que no es falta de ganas. Pero ese argumento no convence al cerebro a las doce de la noche cuando estás tumbado repasando mentalmente todo lo que fallaste esta semana.

La reunión. El bocadillo del martes que llegó aplastado. El momento en que le gritaste por algo que no merecía ese nivel de reacción porque tú llevabas horas al límite de tu capacidad de procesamiento y se te acabó la paciencia antes de que pudieras hacer nada.

Esa última parte es la que más pesa.

El grito que no querías dar

Hay una escena que se repite.

Llegas a casa después de un día que ha sido demasiado. Tu hijo está haciendo deberes. Le preguntas si ha ordenado su habitación. Te dice que ahora. Le dices que era para antes de comer. Te dice que se le olvidó. Y algo en tu interior hace clic.

No un clic razonable. Un clic que va de cero a cien en medio segundo.

Lo sabes mientras está pasando. Ves la reacción llegar y no puedes frenarla. La desregulación emocional del TDAH no es que seas mala persona. Es que tu corteza prefrontal no tiene el regulador de volumen que tienen otros cerebros. La emoción llega antes de que puedas interceptarla.

Pero eso no lo siente tu hijo. Tu hijo siente el volumen.

Y después del grito viene la culpa. Una culpa que no dura cinco minutos sino que se queda instalada, que vuelve al día siguiente, que se mezcla con todos los otros olvidos de la semana y construye un relato en tu cabeza que dice: "No estoy a la altura."

Lo que pasa cuando sabes que es hereditario

Si esto ya era difícil, hay algo que lo multiplica.

El TDAH tiene una heredabilidad muy alta. Si tú lo tienes, hay muchas probabilidades de que alguno de tus hijos también lo tenga. Algunos ya lo saben porque sus hijos tienen diagnóstico. Otros lo sospechan. Otros van viendo ciertos patrones y esperan.

Y entonces viene una capa de culpa completamente nueva.

No solo soy padre o madre con TDAH. Es que probablemente les he transmitido esto genéticamente. El mismo sistema que me hace olvidar reuniones, perder la paciencia antes de tiempo y no poder ayudar con los deberes sin que se me vaya la cabeza a tres sitios distintos. Se lo he pasado a ellos.

Como si no fueran a tener ya suficientes dificultades.

Puedes leer más sobre esa parte en el post sobre si el TDAH se hereda y de quién es la culpa, donde está la ciencia detrás de todo esto. Pero lo que aquí interesa es lo que sientes, no lo que dice la neurociencia.

Y lo que sientes es responsabilidad de algo que no elegiste y que tampoco pudiste evitar transmitir.

¿Por qué "no pasa nada" no funciona?

Porque el bucle de culpa parental con TDAH no se rompe con frases de consuelo.

"Todos los padres cometen errores" no funciona cuando el cerebro registra que los errores son sistemáticos. "Lo importante es el amor" no funciona cuando llevas tres días sin poder quitarte de la cabeza cómo reaccionaste el lunes. "Nadie es perfecto" no funciona cuando no es imperfección lo que sientes, sino deuda acumulada.

La culpa parental con TDAH es específica porque mezcla tres cosas al mismo tiempo.

Lo que hiciste o dejaste de hacer. La conciencia de que tu cerebro lo hace difícil aunque tú lo intentes. Y la anticipación de que va a volver a pasar porque no sabes cuándo ni cómo ni en qué momento tu sistema va a fallar de nuevo.

No es culpa de un acto. Es culpa de un estado permanente.

En el post sobre ser padre o madre con TDAH hay algo que a mucha gente le ayuda a ver en perspectiva: un padre sin TDAH tampoco es perfecto. La diferencia no es que tú falles y ellos no. Es que el patrón de fallos de un cerebro con TDAH choca específicamente con las exigencias organizativas de tener hijos. Y eso se puede compensar, aunque no perfectamente.

Lo que sí puedes hacer con esa culpa

No voy a decirte que la culpa desaparece. No desaparece.

Pero hay una diferencia entre culpa que te hace mejorar algo y culpa que simplemente te destroza sin que salga nada útil de ahí.

La culpa útil es la que te lleva a poner una alarma diferente. A hablar con tu pareja de qué partes de la logística del colegio no puedes gestionar tú solo. A decirle a tu hijo, cuando tienes un día bueno, que a ti también se te olvidan cosas y que estás trabajando en ello. A buscar sistemas que no dependan de tu memoria porque tu memoria no es el instrumento adecuado para esta tarea.

La culpa inútil es la que se convierte en bucle nocturno. La que te hace peor padre o madre porque consume energía que no tienes. La que te lleva a compensar en exceso con permisividad, con regalos, con decir que sí a todo porque la culpa pesa tanto que lo único que quieres es que desaparezca.

La segunda no te hace mejor padre. Solo te hace más agotado.

Y el agotamiento emocional es uno de los factores que más dispara la desregulación. Que es lo que provoca los momentos de los que más te arrepientes. Que generan más culpa. Que generan más agotamiento.

Ahí está el bucle.

La parte que nadie dice

Si tienes TDAH y eres padre o madre, hay algo que casi nadie te dice y que vale la pena que leas.

El mismo cerebro que olvida la reunión es el que inventa el juego más absurdo y divertido del martes por la noche. El que improvisa cuando el plan se rompe, que con hijos pasa continuamente. El que conecta con la energía de los niños de una forma que muchos padres neurotípicos no pueden.

Y si tu hijo también tiene TDAH, tienes algo que ningún libro te puede dar: entiendes desde dentro lo que es que se te vaya el santo al cielo en medio de una frase. Lo que es perder algo que tenías en la mano hace diez segundos. Lo que es que todo el mundo te diga que te centres y tú ya estés haciendo todo lo que puedes.

Ese entendimiento real, el que viene de haberlo vivido, es un regalo enorme para un niño que está aprendiendo que su cerebro funciona diferente.

Llegas tarde. Pero llegas. Olvidas cosas. Pero las buscas. Algunos días fallas. Pero también estás a las once de la noche pensando en cómo hacerlo mejor. Y eso, aunque no lo parezca cuando la culpa aprieta, no lo hace cualquiera.

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Si llevas tiempo sintiéndote así y nunca has hecho una evaluación, el test de TDAH que tengo en la web son 43 preguntas basadas en escalas clínicas. Para adultos. Diez minutos. A veces entender cómo funciona tu propio cerebro es el primer paso para dejar de culparte por cómo funciona.

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