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No sé qué quiero ser de mayor y tengo 35 años

Has cambiado de rumbo tantas veces que ya no sabes ni dónde estás. No es falta de ambición. Es un cerebro que se aburre antes de llegar.

tdah

Todos a tu alrededor tienen una carrera, un plan, una trayectoria. Tu compañero de instituto es arquitecto. Tu prima es médica. Tu ex tiene un puesto fijo en una empresa que ni sabes pronunciar.

Tú has sido programador, camarero, community manager, diseñador freelance, casi-profesor-de-inglés, y durante dos semanas muy intensas intentaste montar una tienda de camisetas con frases de anime.

No es que te falte ambición. Es que tu cerebro se aburre antes de llegar a ningún sitio.

Y lo peor no es haber cambiado de rumbo. Lo peor es la pregunta que te repites cada vez que alguien te dice "¿y tú a qué te dedicas?". Porque no tienes una respuesta clara. Tienes un PowerPoint de 47 diapositivas y ninguna conclusión.

¿Por qué con TDAH nunca encuentras tu vocación?

Porque el cerebro con TDAH no funciona con planes a cinco años. Funciona con dopamina. Y la dopamina tiene un problema: le encanta lo nuevo.

Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina

Tres semanas después, se apaga.

No porque sea malo. No porque no te guste. Sino porque tu cerebro ya ha extraído la novedad. Ya ha consumido el subidón del descubrimiento. Y ahora necesita otro.

Y como nadie te ha explicado que eso es un patrón neurológico y no un defecto de carácter, llegas a los 35 pensando que eres inconstante, débil, o que simplemente no tienes vocación.

Mentira.

Tienes tantas vocaciones que no caben en una sola vida lineal.

¿Es indecisión o es que el modelo no funciona para ti?

Hay una idea que nos han vendido desde el colegio: elige una cosa, dedícate a ella, y hazla hasta que te jubiles. El plan de vida de tus abuelos. Una carrera, una empresa, un reloj al cumplir los 25 años de servicio.

Eso funciona para cerebros que pueden mantener el interés durante décadas en lo mismo. Para cerebros que no necesitan novedad constante para funcionar.

El tuyo no es ese cerebro. Y no pasa nada.

El problema no es que no sepas qué quieres ser. El problema es que estás intentando responder una pregunta diseñada para un tipo de cerebro que no es el tuyo. Es como intentar meter un río en una tubería. El río no está roto. La tubería es demasiado pequeña.

El CV que parece un desastre es un mapa

Mira tu historial de trabajos. Ese CV con 7 empleos en 5 años que te da vergüenza enseñar. ¿Qué ves?

La mayoría de la gente ve caos. Inestabilidad. Alguien que no se aclara.

Yo veo otra cosa. Veo a alguien que ha probado más cosas en cinco años que la mayoría prueba en toda su vida. Veo a alguien que sabe adaptarse, que aprende rápido, que no le tiene miedo a empezar de cero.

¿Sabes lo difícil que es empezar de cero? La mayoría de la gente no lo hace ni una vez porque le da pánico. Tú lo has hecho siete veces. Y sigues aquí.

Eso no es debilidad. Es una habilidad que casi nadie tiene y que nadie te va a reconocer en una entrevista de trabajo convencional. Porque las entrevistas están diseñadas para premiar la estabilidad, no la versatilidad.

¿Y si no encuentro "lo mío" nunca?

Aquí viene la parte que me habría gustado que alguien me dijera hace años: puede que "lo tuyo" no sea una cosa. Puede que sea una forma de hacer las cosas.

Hay gente que encuentra su vocación a los 18 y muere haciendo lo mismo. Perfecto para ellos.

Y hay gente que su vocación es el movimiento. Aprender cosas nuevas, conectar puntos que nadie más ve, reinventarse cada cierto tiempo. No porque les falte algo, sino porque así funciona su cerebro.

La pregunta no es "¿qué quiero ser de mayor?". La pregunta es "¿qué tipo de vida necesita mi cerebro para funcionar bien?". Y si la respuesta es una vida con variedad, con proyectos que cambian, con fases de inmersión total seguidas de fases de exploración, pues esa es tu vocación.

Suena raro porque no cabe en un formulario de LinkedIn. Pero funciona.

No tienes 35 años y cero dirección. Tienes 35 años y mucha información.

Cada trabajo que dejaste te enseñó qué no quieres. Cada proyecto que abandonaste te enseñó dónde se acaba tu interés. Cada vez que empezaste de cero te demostró que eres capaz de sobrevivir al caos.

Eso no es un fracaso. Es un máster en autoconocimiento que no te da nadie en ninguna universidad.

Lo que pasa es que la gente mide el éxito en línea recta. Y tu vida es una espiral. Avanzas, pero no en la dirección que esperan. Y como la espiral no cabe en el modelo de "elige una cosa y hazla para siempre", te sientes perdido.

No estás perdido. Estás en un mapa que nadie te ha enseñado a leer.

Y ahora qué

No voy a decirte que hagas un test de personalidad y busques tu ikigai. No voy a decirte que medites y la respuesta vendrá sola. Y desde luego no voy a decirte que "sigas tu pasión" porque eso es el consejo más inútil que se le puede dar a alguien con TDAH. Tu pasión cambia cada tres semanas.

Lo que sí te digo es esto: deja de compararte con gente que tiene un cerebro diferente al tuyo. Deja de medir tu vida con las reglas de otro juego.

Y si quieres entender mejor por qué tu cabeza funciona así, empieza por ahí. Por entenderla. No por cambiarla.

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