Mi cerebro borra la lista de la compra antes de llegar al súper

Saliste con 8 cosas en la cabeza y volviste con aceitunas y papel de aluminio. Así funciona la memoria de trabajo con TDAH.

Ocho cosas. Solo necesitaba ocho cosas.

Las repasé mentalmente antes de salir. Leche, huevos, tomates, arroz, papel de cocina, jabón, cebolla y aceite. Ocho. Me las sabía. Las repetí como un mantra en el ascensor. Las llevaba grabadas a fuego.

Llegué al súper. Cogí el carro. Y mi cerebro hizo lo que mejor sabe hacer: formatear el disco duro sin previo aviso.

Volví a casa con aceitunas, papel de aluminio, una bolsa de nachos y un bote de salsa barbacoa que no sé ni por qué cogí. De las ocho cosas originales, traje dos. Dos. Y una de ellas la cogí por accidente porque estaba al lado de los nachos.

Lo mejor es que tenía la lista escrita. En la nevera. Pegada con un imán. La vi antes de salir. La leí. Y salí sin ella.

¿Por qué tu cerebro borra la lista antes de llegar?

Porque la memoria de trabajo con TDAH es como una pizarra que alguien limpia cada vez que parpadeas.

La memoria de trabajo es esa parte del cerebro que retiene información mientras la estás usando. Es lo que te permite sumar dos números de cabeza, seguir el hilo de una conversación, o recordar las ocho cosas que necesitas comprar mientras caminas al súper.

En un cerebro neurotípico, esa pizarra retiene la información el tiempo suficiente. En un cerebro con TDAH, la pizarra es microscópica. Y tiene un borrador automático que se activa con cualquier estímulo.

Sales de casa repitiendo "leche, huevos, tomates". Cruzas la calle. Un perro ladra. Tu cerebro registra el perro. Adiós tomates. Ya solo quedan leche y huevos. Llegas al súper. Suena una canción. Tu cerebro la tararea. Adiós huevos. Entras al pasillo de snacks porque has girado sin pensar. Ves los nachos. Te gustan los nachos. Coges los nachos. ¿Leche? ¿Qué leche?

No es que seas tonto. Es que tu memoria de trabajo tiene la capacidad de un post-it mojado. Y cada distracción, cada estímulo, cada pensamiento random que pasa por tu cabeza ocupa espacio que no tienes. Así que algo se cae. Y lo que se cae es lo que necesitabas.

El problema no es la lista. Es el espacio entre la lista y la acción.

Esto es lo que la gente no entiende.

"Pues hazte una lista." Gracias. No se me había ocurrido. Excepto que la hice. La escribí. En papel. Con bolígrafo. Con mi mejor letra. Y la dejé en la encimera de la cocina mientras me ponía los zapatos.

O la metí en el bolsillo y se me olvidó que estaba ahí. O la abrí en el móvil y cuando llegué al súper abrí Instagram en vez de las notas. O la llevé en la mano y la perdí en algún punto entre la sección de frutas y la de congelados.

El problema no es no tener la información. Es que entre el momento en que la tienes y el momento en que la necesitas, tu cerebro ha decidido que hay 47 cosas más interesantes en las que pensar. Exactamente lo mismo que te pasa cuando tienes 47 tareas pendientes y no puedes empezar ninguna. Tu cerebro se satura y elige la opción más fácil: ignorar todo.

¿Y lo de ir tres veces a la cocina sin recordar a qué ibas?

Clásico.

Te levantas del sofá porque necesitas agua. Llegas a la cocina. Abres un cajón. ¿Por qué has abierto el cajón? No lo sabes. Cierras el cajón. Miras a tu alrededor. Tu cerebro ha perdido la instrucción por el camino. Literalmente entre el sofá y la cocina, en esos cinco metros, la orden "coge agua" se ha evaporado.

Es el mismo mecanismo que la lista del súper pero a escala doméstica. La memoria de trabajo necesita mantener activa una instrucción mientras la ejecutas. Y si cualquier cosa te distrae durante la ejecución, la instrucción desaparece. Es como jugar al Tetris con piezas que se vuelven invisibles antes de que las coloques.

Vuelves al sofá. Te sientas. Tres segundos después: "Ah, agua". Te levantas otra vez. Llegas a la cocina. Ves el fregadero con un plato. Lavas el plato. Te secas las manos. Vuelves al sofá. Sin agua.

A la tercera igual la consigues. O abres la nevera seis veces y acabas cenando cereales porque tu cerebro ya se ha rendido con el plan original.

Lo que me funciona (a veces)

No voy a venderte que tengo esto resuelto. No lo tengo. Pero algunas cosas me han ayudado a pasar de volver con 2 de 8 a volver con 5 de 8. Que no es perfecto, pero es progreso.

La lista tiene que estar en el móvil. No en papel. No en la cabeza. En el móvil. Porque el móvil está siempre en mi mano. Es lo único que no olvido llevar porque básicamente está fusionado con mi cuerpo. La lista compartida de Google o la app de notas, lo que sea, pero en el móvil.

Ir con la lista abierta. No guardada en una app que tengo que buscar. Abierta. En pantalla. Antes de entrar al súper la abro y no la cierro hasta que termino. Si la cierro para mirar un WhatsApp, se acabó. Mi cerebro cambia de canal y la lista deja de existir.

Ir al súper con un plan de ruta. Suena ridículo, pero funciona. Si voy pasillo por pasillo sin orden, mi cerebro se dispersa con cada producto que ve. Si voy directo a lo que necesito, hay menos estímulos que borren la pizarra.

Y sobre todo: aceptar que voy a olvidar algo. Siempre. Da igual lo que haga. Algo se me va a olvidar. Y no es el fin del mundo. Es mi cerebro funcionando como funciona.

No es que seas despistado. Es que tu pizarra es más pequeña.

Lo peor de la memoria de trabajo con TDAH no es olvidar la leche. Es la culpa que viene después.

"¿Cómo se me ha olvidado? Si lo tenía clarísimo." "¿Soy imbécil?" "Todo el mundo puede ir al súper sin montar un drama."

No. No todo el mundo tiene que luchar contra su propio cerebro para recordar ocho cosas durante quince minutos. Y olvidar la lista de la compra no te hace estúpido. Te hace alguien con una memoria de trabajo que tiene sus propias reglas.

Es como intentar mantener la casa organizada con TDAH. No es un problema de voluntad. Es un problema de cómo funciona tu cerebro. Y cuando dejas de culparte y empiezas a buscar sistemas que compensen, las cosas mejoran. No se arreglan del todo. Pero mejoran.

Así que la próxima vez que vuelvas del súper con nachos en vez de tomates, no te machaques. Tu cerebro no te odia. Solo tiene una pizarra muy pequeña y un borrador muy rápido.

Y los nachos, por lo menos, están buenos.

Si la lista de la compra no es lo único que tu cerebro borra sin avisar, quizá no es despiste. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero es un buen punto de partida. 10 minutos.

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