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Borrón y cuenta nueva con TDAH: la adicción al reinicio que nunca termina

Nuevo año, nueva agenda, nueva app de productividad. Tu cerebro TDAH adora el reinicio. El problema es que nunca pasa de la fase bonita.

tdah

Enero es el chute definitivo de dopamina. Nuevo año, nueva agenda, nueva app. Todo va a ser diferente. Hasta que no lo es.

Llevas dos días con la agenda impecable. Los colores cuadran. Las casillas están vacías esperando ser rellenadas con tu nueva vida organizada. Has descargado tres aplicaciones de productividad, has vaciado el escritorio del portátil, y hasta has hecho la cama esta mañana. A las 7. Sin que nadie te lo pidiera.

Tu cerebro está en llamas. Pero del tipo bueno. Del tipo "esta vez sí".

Y esa frase, "esta vez sí", es exactamente el problema.

¿Por qué tu cerebro TDAH ama los comienzos pero no los continuos?

Porque un comienzo es novedad pura. Y la novedad es lo que enciende tu cerebro.

Cuando empiezas algo de cero, todo es nuevo. La herramienta es nueva. El sistema es nuevo. La sensación de control es nueva. Y tu cerebro con TDAH libera dopamina como si acabaras de abrir un regalo de Navidad. Cada casilla que rellenas, cada nota que escribes, cada color que eliges para tu código de categorías es un pequeño chute.

Si lo nuevo te activa y lo viejo te apaga, enero es como un parque temático para tu cerebro. Todo está reluciente. Todo promete. Todo parece posible.

Pero hay una trampa. La dopamina del inicio no dura. Nunca dura. Porque la novedad tiene fecha de caducidad. Y cuando el sistema deja de ser nuevo y pasa a ser rutina, tu cerebro lo archiva en la carpeta de "aburrido" y empieza a buscar el siguiente reinicio.

El ciclo de la agenda perfecta

Lo has vivido mil veces. Puede que no con agendas, pero con algo.

Enero: compras la agenda. La configuras. La decoras. Te sientes como una persona funcional por primera vez en meses. Escribes tus tareas con letra bonita. Pones pegatinas. Hay un punto donde la agenda ya no es una herramienta, es un proyecto de manualidades que te da placer montar.

Febrero: la agenda tiene tres días en blanco. Luego cinco. Luego una semana entera. La abres un martes por la tarde, ves el vacío, y la culpa te aplasta. Cierras la agenda. La metes en un cajón.

Marzo: ves un vídeo en TikTok de alguien con un sistema de productividad increíble. En una app que no conocías. Y tu cerebro dice: "Esto sí. Esto es lo que me faltaba."

Y vuelta a empezar.

Si te sientes identificado, no eres el único. He comprado 12 agendas y ninguna ha durado más de dos semanas. No es exageración. Es la realidad de un cerebro que confunde "montar el sistema" con "usar el sistema".

El borrón y cuenta nueva como droga

Lo que nadie te explica es que el reinicio es adictivo. Literalmente.

Empezar de cero te da la ilusión de que esta vez será diferente. Y esa ilusión se siente genial. Es esperanza concentrada. Tu cerebro la interpreta como una recompensa futura garantizada y suelta dopamina por adelantado. Como cuando pides comida a domicilio y la app te dice que el repartidor está a 3 minutos. Todavía no tienes la comida, pero ya estás contento.

El problema es que tu cerebro TDAH no distingue entre "voy a hacerlo" y "lo estoy haciendo". Planificar se siente igual que ejecutar. Montar el sistema se siente igual que usarlo. Y como montar el sistema es la parte divertida, te quedas ahí. En bucle. Planificando la vida perfecta que nunca ejecutas porque en cuanto toca ejecutar, la dopamina se ha ido a otra parte.

Enero es la excusa perfecta para este bucle. Porque la sociedad entera te dice que reinicies. Propósitos de año nuevo. Metas. Planes. La cultura del 1 de enero básicamente te está diciendo: "borra todo lo anterior y empieza de cero". Y tu cerebro TDAH se frota las manos.

La pregunta que nadie te hace

En vez de preguntarte "¿qué quieres empezar este año?", la pregunta debería ser: "¿qué quieres continuar?"

Porque empezar es fácil. Empezar es lo que mejor haces. Tu problema nunca ha sido la falta de ideas, de motivación ni de ganas. Tu problema es que el día 14 ya no queda novedad, y sin novedad tu cerebro te deja tirado en mitad de la carretera sin gasolina.

Y si cada año nuevo caes en los mismos propósitos que abandonas en enero, no es porque seas vago. Es porque tu cerebro confunde la emoción del reinicio con el progreso real. Son dos cosas muy diferentes. Una se siente bien. La otra requiere hacer cosas que no se sienten bien. Y adivina cuál elige tu cerebro si le dejas decidir.

Qué hacer cuando lo único que quieres es borrarlo todo y empezar de cero

No te voy a decir que dejes de empezar cosas. Eso sería como pedirle a un pez que deje de nadar. Lo que sí puedo decirte es que seas consciente del truco.

Cuando sientas la necesidad de reiniciar, páralo un segundo. Mira lo que ya tienes. La agenda que dejaste a medias. La app que configuraste hace tres meses. El sistema que funcionó dos semanas antes de que la novedad se evaporara. ¿De verdad el problema era el sistema? ¿O el problema es que tu cerebro se aburre de cualquier sistema después de un tiempo?

Si la respuesta es la segunda, cambiar de sistema no va a arreglar nada. Lo único que va a hacer es darte otro chute de dopamina de inicio y un mes de gracia antes de volver al mismo punto.

Lo que funciona no es empezar de cero. Es hacer la cosa aburrida un día más. Sin dopamina. Sin emoción. Con la agenda fea que tiene cinco días en blanco y una mancha de café en la esquina. Esa agenda. Ábrela. Escribe una cosa. Solo una. Y ciérrala.

No es épico. No se siente como un reinicio. No da chute de nada.

Pero es real. Y lo real, aunque sea aburrido, acumula.

Enero no necesita ser tu reinicio número 47. Puede ser la primera vez que continúas algo.

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Si cada enero te prometes que esta vez va a ser diferente y cada marzo ya has cambiado de sistema tres veces, quizá el problema no es el sistema. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro es adicto al reinicio.

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