Si tu cerebro funciona como el de Cammi Granato, el hielo es tu sitio
Cammi Granato tiene TDAH y no encajó en ningún sitio hasta que pisó el hielo. Si tú tampoco encuentras tu lugar, quizá no has encontrado tu pista.
Cammi Granato no encajaba en ningún sitio hasta que pisó el hielo.
Si tú tampoco encajas en ningún sitio, puede que simplemente no hayas encontrado tu pista todavía.
Y eso cambia todo. Porque el problema no eres tú. El problema es el sitio.
La sensación de estar en el lugar equivocado
Hay una experiencia que casi todas las personas con TDAH conocen. Es esa sensación de estar sentado en clase, en una reunión, en una cena familiar, y notar que algo no cuadra. No sabes qué es. No puedes ponerle nombre. Pero algo dentro de tu cabeza te dice: esto no es para ti.
No es que la gente sea mala. No es que el sitio sea horrible. Es que tu cerebro funciona a una frecuencia que no encaja con lo que ese entorno pide.
Y como nadie te explica eso, la conclusión lógica a la que llegas con doce años es que el problema eres tú.
Cammi Granato, diagnosticada con TDAH, creció siendo esa persona. Una niña que no encajaba en los moldes. Demasiada energía. Demasiada intensidad. Demasiado todo. En cualquier contexto donde le pedían que se quedara quieta, que siguiera un ritmo que no era el suyo, que encajara en una estructura diseñada para cerebros que funcionan de otra forma, ella fallaba.
Hasta que alguien le puso unos patines.
¿Qué pasa cuando un cerebro TDAH encuentra su sitio?
Pasa algo que parece magia pero no lo es. Pasa que toda esa energía que antes sobraba de repente tiene un canal por donde salir. Toda esa intensidad que antes era un problema se convierte en una ventaja. Toda esa impulsividad que hacía que la gente te mirara raro se convierte exactamente en lo que necesitas para destacar.
Granato pisó el hielo y se convirtió en una de las mejores jugadoras de hockey de la historia. Capitana del equipo olímpico de Estados Unidos. Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Nagano en 1998. Primera mujer incluida en el Hockey Hall of Fame. Una leyenda.
Pero la clave no es que fuera buena en hockey. La clave es que el hockey era el entorno que su cerebro necesitaba.
Velocidad. Decisiones en décimas de segundo. Estímulos constantes. Cero monotonía. Un deporte donde pensar demasiado te hace más lento y reaccionar rápido te hace mejor. Si tuvieras que diseñar un deporte a medida para un cerebro con TDAH, te quedaría algo bastante parecido al hockey sobre hielo.
Y eso no es casualidad. Es un patrón que se repite con deportistas olímpicos con TDAH confirmado una y otra vez. Cerebros que no funcionaban en el aula pero que en el campo, en la pista, en el agua, encontraban exactamente el estímulo que necesitaban para rendir a un nivel que nadie esperaba.
El TDAH no es no encajar. Es encajar en otro sitio.
Hay una narrativa sobre el TDAH que me pone de los nervios. La de que es un trastorno que te impide funcionar. Punto. Fin de la historia.
Y sí, hay días que cuesta. Hay días que tu cabeza parece una lavadora centrifugando pensamientos a las once de la noche y no puedes hacer nada para pararla. Eso es real. No lo voy a negar.
Pero reducir el TDAH a eso es como reducir la historia de Granato a las veces que se cayó antes de aprender a patinar. Técnicamente cierto. Completamente incompleto.
El TDAH también es esto: un cerebro que funciona diferente. Que procesa los estímulos de otra manera. Que necesita un entorno concreto para rendir. Y que cuando encuentra ese entorno, puede hacer cosas que otros cerebros no pueden.
El patrón es siempre el mismo. Persona que no encaja, persona que encuentra su cosa, persona que despega como un cohete.
El momento del clic
Hay un momento. Si tienes TDAH, probablemente lo hayas vivido alguna vez. Es ese instante en el que estás haciendo algo y de repente todo encaja. Tu cabeza deja de ir por libre. Tu energía tiene sentido. No estás peleando contra ti mismo, estás fluyendo con tu cerebro en vez de contra él.
Para Granato fue patinar. Para ti puede ser programar a las dos de la mañana. O cocinar. O escribir. O montar un negocio. O arreglar motores. O dibujar. O cualquier cosa que haga que tu cerebro diga: aquí.
El truco es que nadie te va a decir cuál es tu hielo. No viene en los resultados del test. No te lo dice ningún terapeuta. Lo tienes que encontrar tú, probando cosas. Muchas cosas. Algunas que no tienen ningún sentido lógico.
Porque el clic no llega por lógica. Llega por prueba y error. Llega cuando dejas de intentar encajar donde te dicen que deberías encajar y empiezas a buscar dónde encajas de verdad.
Lo que Granato te enseña sin querer
Que no encajar no es un diagnóstico. Es una señal de que estás en el lugar equivocado.
Que la energía que te sobra en una reunión es la misma que te falta cuando haces algo que no te estimula. No es que tengas demasiada o demasiado poca. Es que tu cerebro la reparte de otra forma.
Que probar cosas es obligatorio, no opcional. Si Granato se hubiera quedado intentando ser buena en lo que la sociedad esperaba de ella, nunca habría tocado el hielo. Y el mundo se habría perdido a una de las mejores deportistas de su generación.
Y algo que Simone Biles también demuestra sobre TDAH y presión: que incluso cuando encuentras tu sitio, habrá días difíciles. Habrá presión. Habrá momentos donde tu cerebro te juegue una mala pasada. Pero la diferencia es que estás jugando en tu campo. Y eso lo cambia todo.
Tu pista existe. Puede que no sea el hockey. Puede que no sea el deporte. Puede que sea algo que todavía no has probado porque nadie te dijo que existía o porque te parecía una locura.
Pruébalo igualmente.
Los cerebros con TDAH no están hechos para quedarse quietos esperando instrucciones. Están hechos para moverse hasta que encuentran el sitio donde todo hace clic.
Si llevas tiempo con la sensación de que no encajas, puede que el primer paso sea entender cómo funciona tu cerebro. No para ponerte una etiqueta, sino para saber qué tipo de pista necesitas buscar.
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