La impulsividad de Branson: de fracaso escolar a Virgin
Richard Branson fundó una aerolínea porque le cancelaron un vuelo. Compró una isla por impulso. Eso que llaman impulsividad TDAH a veces es un motor.
Richard Branson compró una isla en el Caribe a los 28 años.
No la estaba buscando. No tenía un plan inmobiliario. Estaba de viaje, vio un trozo de tierra rodeado de agua turquesa, y pensó: "La quiero". Negoció el precio en una servilleta. Y la compró.
Si eso no es impulsividad TDAH en estado puro, no sé qué lo es.
¿Qué pasa cuando el chaval que no para quieto en clase monta 400 empresas?
Branson era un desastre en el colegio. Disléxico, incapaz de quedarse sentado, notas horribles. Su director le dijo que acabaría en la cárcel o siendo millonario. Una de esas frases que los profes sueltan para quedar ingeniosos y que, en este caso, resultó ser profética.
Porque Branson no es que tuviera éxito a pesar de su impulsividad. Tuvo éxito gracias a ella.
Fundó Virgin Atlantic, una aerolínea internacional, porque le cancelaron un vuelo a las Islas Vírgenes. Le cancelaron un vuelo. A ti te cancelan un vuelo y te comes un Burger King en la terminal mientras maldices tu suerte. A Branson le cancelaron un vuelo y pensó: "Yo puedo hacerlo mejor". Alquiló un avión, llenó los asientos vendiendo billetes a los otros pasajeros varados, y ahí nació una aerolínea.
Eso no está en ningún plan de negocio. Eso es un cerebro que ve un problema y decide solucionarlo antes de que le dé tiempo a pensar por qué es mala idea.
La servilleta como plan de negocio
Hay un patrón en la vida de Branson que cualquiera con TDAH reconoce al instante: la velocidad de decisión.
No hablamos de análisis de mercado, estudios de viabilidad y reuniones con consultores. Hablamos de un tío que anotaba ideas en servilletas de restaurante y al día siguiente estaba llamando a gente para montarlas. Virgin Records, Virgin Mobile, Virgin Galactic. Empresas que empezaron como un impulso y acabaron facturando miles de millones.
Su lema es "Screw it, let's do it". A la mierda, hagámoslo. Que es básicamente lo que piensa un cerebro con TDAH cada vez que se le cruza una idea por la cabeza. Solo que la mayoría de nosotros lo pensamos con cosas como "voy a reorganizar todos mis cajones a las tres de la mañana" o "voy a empezar un podcast sobre historia medieval". Branson lo pensaba con aerolíneas y viajes al espacio.
La diferencia no es el impulso. Es hacia dónde apuntas.
¿Y los fracasos?
Porque aquí viene la parte que nadie cuenta cuando hablan de Branson como genio visionario.
Virgin Cola. Fracaso. Virgin Brides (sí, una tienda de novias). Fracaso. Virgin Cars. Fracaso. Virgin Vodka. Fracaso.
Branson ha montado más de 400 empresas bajo la marca Virgin. Muchas se hundieron. Algunas de forma espectacular. Pero eso es exactamente lo que pasa cuando tu cerebro funciona a base de impulsos: empiezas muchas cosas y no todas salen bien. El truco está en que las que salen bien compensan con creces las que no.
Es como lanzar dardos con los ojos cerrados pero lanzar 400. Alguno va a dar en la diana. Y si tienes la energía para seguir lanzando después de los primeros 50 fallos, acabas acertando más que el que se pasa seis meses apuntando con precisión milimétrica.
Eso es impulsividad TDAH aplicada a los negocios. No es estrategia en el sentido clásico. Es velocidad de ejecución bruta. Es tomar decisiones rápido, aceptar que muchas van a ser errores, y confiar en que tu capacidad de reacción te va a sacar del hoyo.
El globo, el océano y el espacio
Branson no solo era impulsivo con los negocios. También con su vida.
Intentó cruzar el Atlántico en globo. Se estrelló. Lo intentó otra vez. Se volvió a estrellar. Intentó cruzar el Pacífico. Se estrelló contra las montañas de Canadá. Cualquier persona con dos dedos de frente hubiera parado después del primer globo estrellado. Branson necesitó tres accidentes para cambiar de hobby.
Y luego decidió que quería ir al espacio. Así, como el que decide que quiere aprender a hacer pan un domingo por la tarde. Montó Virgin Galactic, invirtió décadas, y en 2021 voló al borde del espacio.
Ese es el lado luminoso de la impulsividad TDAH. Cuando la mayoría del mundo evalúa riesgos, calcula probabilidades y decide que es mejor quedarse en el sofá, el cerebro impulsivo ya está firmando el contrato. Y sí, a veces el contrato es terrible. Pero a veces es un billete al espacio.
¿Qué tiene esto que ver contigo?
No te estoy diciendo que vayas a comprar una isla.
Te estoy diciendo que esa impulsividad que te han vendido como un defecto, esa manía de cambiar de proyecto, de trabajo, de idea cada pocos meses, esa incapacidad de quedarte quieto y seguir el plan, no es necesariamente algo roto.
Es un motor.
Un motor sin dirección es peligroso, claro. Es el tío que tiene 14 proyectos abiertos y ninguno terminado. Pero un motor con algo de estructura, con un mínimo de sistema que canalice esa energía, puede hacer cosas que un cerebro "normal" ni se plantea.
Branson no dejó de ser impulsivo. No "superó" su TDAH. Lo canalizó. Rodearse de gente que gestionara los detalles mientras él se dedicaba a lo que mejor se le daba: ver oportunidades donde nadie las veía y actuar antes de que la duda le frenase.
No todas tus decisiones impulsivas van a crear un imperio. Pero tampoco tienes que castigarte cada vez que tu cerebro quiere saltar al siguiente proyecto. A veces, ese salto es exactamente lo que necesitas.
La diferencia entre Branson comprando una isla y tú comprando otro curso online a las dos de la mañana es de escala. El mecanismo es el mismo. Y si él pudo convertir ese mecanismo en algo que funciona, tú también puedes al menos dejar de tratarlo como un fallo de fábrica.
Si quieres entender cómo funciona tu cerebro impulsivo y qué rasgos compartes con gente como Branson, he construido un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero en 10 minutos vas a tener más claridad que en 10 años de "es que soy así".
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