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Ingvar Kamprad: dislexia, TDAH y la creación de IKEA

Ingvar Kamprad tenía dislexia y rasgos abundantes de TDAH. Creó IKEA, democratizó el mueble y pensó diferente porque su cerebro funcionaba diferente.

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Ingvar Kamprad fue a la escuela con dislexia en una época en la que nadie sabía lo que era la dislexia.

Le costaba leer. Le costaba escribir. Le costaba seguir el ritmo de una clase diseñada para cerebros que procesan la información de una forma concreta y uniforme. El suyo no funcionaba así.

Lo que sí hacía con una facilidad pasmosa era vender. Con cinco años vendía cerillas a sus vecinos. Con siete vendía flores. Con once vendía artículos de navidad y pescado por correo. El tío tenía once años y ya tenía un catálogo.

No es que compensara. Es que su cerebro encontró el canal donde sí fluía.

¿Qué tiene que ver la dislexia con el TDAH?

La dislexia de Kamprad está documentada. Él mismo la mencionó en varias entrevistas a lo largo de su vida. Lo que no está documentado es un diagnóstico formal de TDAH porque Kamprad nació en 1926 y el TDAH como categoría clínica prácticamente no existía cuando él era relevante.

Pero el patrón está ahí, igual que con Disney, igual que con Branson.

Impulsividad en la toma de decisiones. Hiperfoco en los proyectos que le apasionaban. Dificultad para seguir las normas del entorno cuando no le parecían lógicas. Una capacidad casi irritante de ver soluciones donde los demás veían obstáculos. Y una energía que sus colaboradores describían como imposible de seguir.

No hay diagnóstico. Hay un perfil.

Y ese perfil, visto desde el conocimiento actual sobre TDAH, encaja con una consistencia que ya no parece casualidad.

¿Cómo se convierte una empresa de bolígrafos en la cadena de muebles más grande del mundo?

IKEA no empezó vendiendo muebles.

Kamprad fundó IKEA en 1943 con diecisiete años. El nombre es un acrónimo: Ingvar Kamprad, Elmtaryd (la granja familiar), Agunnaryd (el pueblo). Vendía bolígrafos, carteras, marcos de cuadros, relojes. Lo que se podía vender por catálogo en la Suecia rural de posguerra.

Los muebles llegaron cinco años después, casi por accidente, cuando un proveedor le ofreció sillas a buen precio y Kamprad vio la oportunidad.

Eso es pensamiento de TDAH puro: no hay un plan maestro de diez años, hay una capacidad de detectar oportunidades en el momento y moverse antes de que la cabeza te ponga demasiadas pegas.

El salto que lo cambió todo fue la mesa Lövet, en 1956. Un empleado le quitó las patas a una mesa para que cupiera en un coche. Kamprad lo vio y lo entendió inmediatamente. Si los muebles se vendían desmontados, eran más baratos de transportar, más baratos de almacenar, más baratos de vender. Y el cliente los montaba en casa.

Todo el mundo en el sector dijo que era una locura. Que la gente no iba a montar sus propios muebles. Que eso nunca iba a funcionar.

Kamprad siguió adelante.

Eso no es brillantez táctica aprendida en una escuela de negocios. Eso es un cerebro que cuando ve algo que tiene sentido no puede no hacerlo, aunque todos los demás digan que no.

La guerra de los muebles suecos

Los fabricantes de muebles suecos reaccionaron a IKEA de una forma bastante directa: intentaron destruirla.

Presionaron a sus proveedores para que no vendieran a Kamprad. Consiguieron que las ferias de muebles le prohibieran la entrada. Le cortaron el suministro desde dentro de la industria.

La respuesta de Kamprad fue buscar proveedores en Polonia.

En los años cincuenta, Polonia era un país comunista al otro lado del Telón de Acero. Nadie de la industria del mueble sueca había pensado en ir a comprar allí. Para Kamprad tenía toda la lógica del mundo: mano de obra más barata, fabricación competente, y el problema del boicot resuelto de un golpe.

Cuando tu cerebro no tiene los mismos límites que el de los demás, a veces ves salidas que los demás ni siquiera contemplan.

Puedes leer sobre cómo el TDAH está detrás de muchos emprendedores conocidos y verás que este patrón de búsqueda de soluciones fuera del camino convencional se repite con una frecuencia que ya no parece casualidad.

¿Por qué Kamprad tenía fama de tacaño?

La historia del origen de IKEA no estaría completa sin hablar de la obsesión de Kamprad con los costes.

Era famoso por volar en clase turista. Por alojarse en hoteles modestos. Por coger el autobús en vez de taxis. Por reutilizar las bolsitas de té. Por comprar la fruta y la verdura en los mercados al cierre, cuando bajaban los precios.

No lo hacía porque no tuviera dinero. IKEA facturaba miles de millones.

Lo hacía porque en su cabeza cualquier coste innecesario era un coste que se trasladaba al cliente. Era una obsesión. Una fijación. Un principio que aplicaba con una rigidez que a sus colaboradores les resultaba a veces difícil de comprender.

Eso es hiperfoco aplicado a una idea concreta: el precio bajo como herramienta de democratización.

Cuando alguien con rasgos de TDAH se fija en algo, no se fija a medias. Se fija del todo. Lo bueno y lo que puede volverse problemático vienen del mismo sitio.

Lo que "democratizar el mueble" significa de verdad

Antes de IKEA, amueblar un piso bien era caro. Muy caro.

Los muebles de calidad eran para quien podía permitírselos. El resto tiraba de lo que podía, de lo heredado, de lo que encontraba de segunda mano. No había una opción intermedia entre el mueble barato y feo y el mueble caro y bonito.

Kamprad vio ese hueco y lo llenó.

No fue un proceso planificado ni resultado de un estudio de mercado con consultoras de lujo. Fue la lógica natural de alguien que había crecido en una granja sueca, que sabía lo que era no tener mucho dinero, y que tenía la capacidad de ver una oportunidad de negocio en cualquier rincón.

Richard Branson

El patrón no es casualidad. Es un tipo de cerebro que ve el mundo desde el ángulo de quién no está siendo bien servido.

La dislexia como ventaja inesperada

Hay un detalle sobre la dislexia de Kamprad que merece atención.

Alguien que tiene dificultades con la lectura y la escritura desarrolla formas alternativas de procesar y transmitir información. No puede apoyarse en los mismos mecanismos que el resto. Tiene que encontrar otro camino.

En el caso de Kamprad eso se tradujo en una capacidad extraordinaria para comunicar ideas de forma visual y espacial. Los catálogos de IKEA, las exposiciones en las tiendas, la forma en la que cada producto se muestra en un contexto real y habitable, todo eso tiene la huella de alguien que piensa en imágenes antes que en palabras.

El diseño de las tiendas IKEA, ese laberinto obligatorio que te lleva por todos los departamentos, fue una idea de Kamprad. Obligarte a pasar por todo antes de llegar a la caja. Que veas cosas que no sabías que necesitabas. Que el recorrido sea una experiencia, no una transacción.

Eso no sale de un libro de marketing. Sale de un cerebro que procesa el espacio de una forma diferente.

Lo que te llevas de esto

Ingvar Kamprad no es un ejemplo de que la dislexia y el TDAH te convierten en el fundador de la empresa más grande del mundo.

Es un ejemplo de algo más específico.

Un cerebro que no encaja en el modelo estándar de aprendizaje puede encontrar canales donde sí funciona. Kamprad no encajaba en la escuela. Encajaba perfectamente vendiendo, resolviendo problemas logísticos, diseñando experiencias de compra.

La pregunta no es si tu cerebro tiene un defecto. La pregunta es si estás mirando en el sitio correcto.

Porque si llevas años sintiéndote lento o desordenado en entornos que no están diseñados para ti, puede que el problema no sea tu cerebro. Puede que sea el entorno.

Si alguna vez has sentido que tu cabeza va a otro ritmo que la de los demás y no sabes si eso tiene nombre, he construido un test basado en escalas clínicas reales. Son 43 preguntas y en 10 minutos te da más contexto del que probablemente hayas tenido hasta ahora.

Hacer el test de TDAH

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