Si tu cerebro funciona como el de Houdini, esto te interesa
Houdini no podía quedarse quieto. Escapaba de todo. Si tu cerebro también necesita huir de lo predecible, puede que tengáis más en común de lo que crees.
Houdini necesitaba escapar de todo. De cadenas, de baúles, de la rutina, del aburrimiento. Si tu cerebro también necesita escapar constantemente de lo predecible, de lo monótono, de lo que "debería" ser suficiente, puede que tengáis más en común de lo que crees.
Y no estoy hablando de magia.
Estoy hablando de un cerebro que no acepta la jaula. Ninguna jaula. Ni la física ni la mental. Un cerebro que si le dices "siéntate aquí y haz esto durante ocho horas", empieza a buscar la salida antes de que termines la frase.
¿Quién era Houdini y qué tiene que ver contigo?
Harry Houdini, nacido Erik Weisz en Budapest en 1874, fue el escapista más famoso de la historia. Se metía dentro de baúles cerrados con candados, le ataban con cadenas, lo sumergían en agua helada. Y salía. Siempre salía.
Pero lo interesante no es que saliera. Lo interesante es que él mismo se metía ahí.
Buscaba activamente situaciones imposibles. Necesitaba el reto. Necesitaba sentir que algo intentaba retenerle para poder demostrar que no había nada capaz de hacerlo. Si un truco dejaba de ser peligroso, lo descartaba y buscaba uno más extremo.
Eso no es showbusiness. Eso es un cerebro que necesita estímulo constante para funcionar.
Houdini no paraba. Aprendió cerrajería de adolescente y a las pocas semanas ya abría cualquier cerradura que le pusieran delante. Estudió aviación y se convirtió en el primer piloto en volar un avión en Australia. Investigó el espiritismo, creó una productora de cine, escribió libros, diseñó trucos mecánicos complejos. Todo a la vez. Todo con una intensidad que agotaba a cualquiera que intentara seguirle el ritmo.
Si esto te suena familiar, no es casualidad.
¿Te reconoces en la necesidad de escapar de Houdini?
Piénsalo un momento.
¿Alguna vez has sentido que tu trabajo se convierte en una camisa de fuerza? No porque sea malo, sino porque es predecible. Sabes lo que viene mañana. Y pasado mañana. Y el mes que viene. Y esa certeza, que para la mayoría de la gente es seguridad, para tu cerebro es una condena.
Houdini lo llamaba "el reto". Nosotros lo llamamos "necesitar estimulación nueva constantemente o morirse de asco".
Es el mismo mecanismo. El cerebro con TDAH no gestiona bien la monotonía. No es que no quiera. Es que no puede. La dopamina no aparece cuando el estímulo es repetitivo, y sin dopamina tu cerebro entra en modo "buscar salida de emergencia". Da igual que estés en una reunión, en una relación, en un trabajo que objetivamente está bien. Si no hay novedad, tu cabeza empieza a planificar la fuga.
Houdini lo canalizó en escapismo literal. Se ganaba la vida escapando. Convirtió la necesidad de su cerebro en un espectáculo que llenaba teatros.
Tú probablemente lo canalizas de otras formas. Cambias de proyecto cada tres meses. Empiezas hobbies que abandonas en semanas. Tienes veintitrés pestañas abiertas y un plan de negocio a medias en una libreta que no encuentras. Aprendes cosas nuevas con una velocidad que asusta a la gente, y luego las dejas cuando dejan de ser nuevas.
No eres inestable. Tu cerebro funciona como el de Houdini. Necesita el reto o se apaga.
La parte oscura de necesitar escapar siempre
Aquí viene lo que nadie cuenta en los documentales.
Houdini era obsesivo hasta niveles destructivos. Trabajaba sin parar. Se lesionaba constantemente. Ignoraba señales de su cuerpo porque el hiperfoco le impedía registrar el dolor. De hecho, la teoría más aceptada sobre su muerte es que recibió un golpe en el abdomen que habría requerido atención médica inmediata, pero él decidió seguir actuando esa noche.
Eso no es valentía. Es un cerebro que cuando se engancha a algo, lo demás desaparece.
¿Te suena?
A mí sí. Me suena a las veces que he seguido trabajando en algo a las cuatro de la mañana sabiendo que al día siguiente iba a estar destrozado. Me suena a esa conexión que siento con Phelps cuando habla de necesitar el agua para poder funcionar. Cada uno encuentra su elemento. Houdini encontró las cadenas.
El problema es cuando la necesidad de escapar se vuelve contra ti. Cuando no solo escapas de lo aburrido, sino también de lo que te importa. Cuando dejas un proyecto que iba bien porque tu cerebro ya ha dejado de producir dopamina con él. Cuando saboteas relaciones estables porque la estabilidad te sabe a jaula.
Houdini nunca resolvió eso. Murió a los cincuenta y dos años, probablemente porque su cerebro le dijo que un golpe en el estómago no era razón suficiente para cancelar una función.
Lo que Houdini te enseña sin pretenderlo
Que la necesidad de escapar no es un fallo. Es una característica de un cerebro que necesita más para funcionar. Más estímulo, más reto, más novedad. Y que eso, bien canalizado, puede convertirte en alguien extraordinario.
Houdini transformó lo que podría haber sido un desastre vital en una carrera legendaria. No porque supiera que tenía TDAH (en 1900 eso no existía como diagnóstico), sino porque intuitivamente encontró una forma de darle a su cerebro lo que necesitaba.
Es parecido a lo que hizo Branson montando empresas como si fueran trucos de magia. O a lo que hizo Edison encerrándose en su laboratorio persiguiendo mil ideas a la vez. Cerebros que no podían quedarse quietos y en vez de luchar contra eso, lo convirtieron en su forma de vivir.
La diferencia entre Houdini y tú es que tú puedes entender lo que pasa. Puedes ponerle nombre. Puedes saber por qué a los tres meses de empezar algo tu cerebro ya está mirando hacia otro lado. Y con esa información, puedes diseñar tu vida para que no necesites escapar de ella.
Porque el truco nunca fue abrir las cadenas.
El truco fue entender por qué necesitaba que se las pusieran.
Si alguna vez has sentido que tu cerebro necesita escapar de todo lo que intenta retenerlo, quizá no sea un problema de actitud. Quizá sea un cerebro que funciona diferente. Y el primer paso es entender cómo funciona el tuyo.
Sigue leyendo
Lo que Zidane nos enseña sobre la genialidad y el control con TDAH
Zidane era el mejor del mundo cuando controlaba su cerebro. Y el peor cuando no podía. Esa dualidad entre genialidad e impulsividad es puro TDAH.
Lo que Bolívar nos enseña sobre liderar con un cerebro que no acepta rendirse
Bolívar fue exiliado, traicionado y derrotado. Y volvió cada vez. Su cerebro no procesaba la derrota como definitiva. Eso tiene nombre.
Rasputin: el monje que hipnotizaba zares con un cerebro incontrolable
Rasputin dominó la corte rusa con carisma extremo e impulsividad sin freno. Analizamos los posibles rasgos TDAH del monje más polémico de la historia.
Einstein vs Edison: dos cerebros dispersos, dos formas de crear
Einstein hiperfocaba durante años en un solo problema. Edison probaba mil cosas a la vez. Ambos cerebros dispersos, pero opuestos.