Cambiar de canción a la mitad: tu cerebro TDAH y la búsqueda eterna
847 canciones en la playlist, una escuchada entera. Tu cerebro con TDAH necesita novedad constante, y la música es el ejemplo perfecto.
Tengo 847 canciones en mi playlist de Spotify. He escuchado una entera esta semana.
UNA.
Las demás las he saltado antes del minuto. Algunas antes de los 30 segundos. Hay canciones que me encantan, que he añadido yo, que nadie me ha obligado a meter en la lista, y que aun así no soy capaz de terminar.
Es como invitar a alguien a cenar, cocinar tres platos, y levantarte de la mesa después del primero porque te ha dado curiosidad qué hay en la nevera.
Y mira, si solo fuera con la música, bien. Sería una anécdota graciosa. Pero no es solo con la música.
¿Por qué no puedes terminar una canción si te gusta?
Porque tu cerebro no busca lo que le gusta. Busca lo nuevo.
Esa es la trampa. Piensas que el problema es que la canción no te mola lo suficiente. Que si encontraras LA canción perfecta, esa sí la escucharías entera. Pero no. Lo que pasa es que tu cerebro con TDAH funciona con dopamina, y la dopamina no viene de lo bueno. Viene de lo inesperado.
Los primeros 20 segundos de una canción son pura novedad. Tu cerebro dice "oh, esto es nuevo, toma dopamina". Pero a los 40 segundos ya sabe cómo va. Ya ha pillado el patrón. Y como ya no hay sorpresa, deja de soltar dopamina. Y como deja de soltar dopamina, tú pierdes el interés. Y como pierdes el interés, le das a siguiente.
No es que tengas mal gusto. No es que seas impaciente. Es que tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y la dopamina tiene la capacidad de atención de un pez dorado con cafeína.
El Spotify es un síntoma, no el problema
Lo de las canciones es la versión inofensiva.
La versión no tan inofensiva es cuando haces lo mismo con todo lo demás. Empiezas un libro y lo dejas por la mitad. Empiezas una serie y la abandonas en el episodio 4. Empiezas un hobby nuevo con la intensidad de mil soles y tres semanas después tienes una guitarra acumulando polvo, un kit de acuarelas sin abrir, y una suscripción a un gimnasio al que fuiste exactamente dos veces.
¿Te suena? Seguro que sí. Es lo que pasa cuando tienes un cementerio de hobbies abandonados y piensas que el problema eres tú.
Y lo peor no es dejarlo. Lo peor es la culpa que viene después. Esa voz interior que te dice "¿ves? Nunca terminas nada. Eres un desastre. No tienes constancia". Y te lo crees. Porque llevas años viéndolo pasar. Canción tras canción, proyecto tras proyecto, ilusión tras ilusión.
Pero no es falta de constancia. Es un cerebro que necesita novedad como otros necesitan café por la mañana. No es un defecto de carácter. Es neurología.
El zapping mental que no puedes apagar
¿Sabes lo que es el zapping mental? Es lo que le pasa a tu cerebro cuando está en modo Spotify. Salta de una cosa a otra sin control. De un pensamiento a otro. De una tarea a otra. De una ventana del navegador a otra.
Estás escuchando una canción y piensas en lo que vas a cenar. Y de la cena saltas a que tienes que comprar detergente. Y del detergente saltas a que la lavadora hizo un ruido raro ayer. Y del ruido raro saltas a que igual tienes que llamar a un técnico. Y del técnico saltas a que no tienes su número. Y de ahí saltas a buscar el número en Google. Y de ahí acabas viendo un vídeo de cómo funciona una lavadora por dentro. Y de ahí ya no vuelves.
Todo eso en 45 segundos. Mientras la canción sigue sonando de fondo y tú no has escuchado ni una palabra.
Esto no pasa porque no te concentres. Pasa porque tu cerebro tiene 14 canales abiertos al mismo tiempo y no tiene mando a distancia. Salta solo. Sin tu permiso. Sin tu consentimiento. Y tú vas detrás intentando seguirle el ritmo.
Entonces, ¿soy raro o es TDAH?
Las dos cosas. Pero una de ellas tiene nombre y explicación.
Mira, todo el mundo salta canciones de vez en cuando. Todo el mundo tiene días en los que no se concentra. La diferencia es la frecuencia y la intensidad.
Si de 847 canciones escuchas una entera y eso te pasa cada semana, no es un día tonto. Es un patrón. Si no solo pasa con la música sino con los libros, las series, los hobbies, las conversaciones, los proyectos, las relaciones, y las ideas que tienes a las 2 de la madrugada, ya no es una anécdota. Es un sistema operativo diferente.
No hace falta que lo dramatices. No hace falta que te autodiagnostiques. Solo hace falta que te hagas una pregunta honesta: ¿cuántas cosas he dejado a medias esta semana sin querer?
Si la respuesta te incomoda, no eres el único.
Lo que no te dicen del skip
Nadie habla de lo agotador que es.
Porque saltar de canción en canción es gratis. No pasa nada. Pero saltar de idea en idea, de proyecto en proyecto, de ilusión en ilusión, eso tiene un coste enorme. Cada salto es una promesa rota contigo mismo. Y tu cerebro lleva la cuenta aunque tú intentes no llevarla.
La guitarra que no tocas. El curso que no acabaste. La app que ibas a desarrollar. El diario que escribiste tres días. La dieta que duró hasta el miércoles.
Cada una de esas cosas era algo que te ilusionaba. Y cada vez que saltas, una parte de ti piensa que la próxima vez será diferente. Que la próxima canción sí la terminarás. Que el próximo hobby sí durará. Que el próximo proyecto sí lo acabarás.
Y a veces sí. A veces encuentras algo que le da a tu cerebro exactamente lo que necesita y te enganchas durante meses. Pero la mayoría de las veces, los primeros 30 segundos son mejores que el resto. Y a los 40, ya estás buscando lo siguiente.
Convivir con el botón de skip
No voy a decirte que dejes de saltar canciones. Tu cerebro es así. No va a cambiar. Y pretender que vas a escuchar un álbum entero de principio a fin sin tocar el móvil es como pretender que un gato no va a tirarte el vaso de la mesa. Puedes pedirlo, pero va a pasar igualmente.
Lo que sí puedes hacer es dejar de culparte por ello.
Saltar canciones no te hace peor persona. Abandonar hobbies no te hace un desastre. Tener 847 canciones y escuchar una entera no significa que no tengas constancia. Significa que tu cerebro procesa la novedad de una forma diferente. Que tu sistema de recompensas funciona con reglas distintas. Que lo que otros llaman paciencia, a ti te cuesta diez veces más.
Y cuando dejas de luchar contra eso y empiezas a entenderlo, la cosa cambia. No desaparece el skip. Pero desaparece la culpa. Y sin la culpa, resulta que puedes vivir perfectamente bien siendo alguien que salta canciones.
Las 847 de mi playlist siguen ahí. Y la semana que viene probablemente escuche otra entera. Quizá dos si tengo un buen día.
Es lo que hay. Y no pasa nada.
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Si lo de las canciones te ha sonado demasiado familiar y sospechas que tu cerebro funciona con sus propias reglas, hice un test de TDAH basado en escalas clínicas. 43 preguntas, 10 minutos, y un mapa de cómo funciona tu cabeza. No es un diagnóstico, pero es un buen primer paso para dejar de preguntarte si lo que te pasa tiene nombre.
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