Volver al blog

Ser contable con TDAH: cuando los números se mueven solos

Columnas, facturas y un cerebro que salta de cifra en cifra. Ser contable con TDAH es resistencia pura que nadie reconoce.

tdah

Columnas de números, facturas que cuadrar y un cerebro que salta de cifra en cifra sin terminar ninguna.

Ser contable con TDAH es un ejercicio de resistencia que nadie reconoce. Porque desde fuera parece que tienes un trabajo tranquilo, ordenado, de esos que se hacen sentado y con cafecito. Y tú ahí dentro, sudando como si estuvieras desactivando una bomba cada vez que abres un Excel.

Cuando tu cerebro decide que el 7 y el 1 son intercambiables

Tengo un amigo contable. Se llama Marcos. Marcos es de esas personas que puede explicarte una normativa fiscal como si fuera el argumento de una peli. Entiende los números. Los disfruta, incluso. Pero su cerebro tiene la costumbre de intercambiar dígitos sin avisarle.

Un 347 se convierte en un 374. Un 1.250 en un 1.520. Y él ni se entera. Lo revisa, lo da por bueno, y dos días después el cuadre no cuadra y empieza la cacería.

No es que sea descuidado. Es que su cerebro filtra la información como le da la gana. Los errores por descuido en el trabajo con TDAH no son errores de alguien que pasa de todo. Son errores de un cerebro que procesa demasiado rápido y se salta los detalles como quien se salta los términos y condiciones.

Marcos lo sabe. Pero su jefa no.

Su jefa ve un error en una factura y piensa "este tío no revisa". Y Marcos ha revisado. Tres veces. Lo que pasa es que su cerebro lee lo que cree que pone, no lo que realmente pone.

¿Es posible ser buen contable con TDAH?

Sí. Rotundamente sí.

Pero no de la forma en la que te lo imaginas.

La contabilidad tradicional es repetición, detalle, rutina. Tres cosas que un cerebro con TDAH gestiona fatal. Es como pedirle a un perro de caza que se quede quieto en un piso de 40 metros cuadrados. Puede hacerlo, pero le cuesta la vida.

Lo que funciona no es forzarte a ser el contable perfecto del manual. Lo que funciona es construir un sistema que compense lo que tu cerebro no hace solo.

Marcos, por ejemplo, tiene una regla: nunca revisa sus propios números el mismo día que los introduce. Los mete un día, los revisa al siguiente. Con ojos frescos, los dígitos intercambiados le saltan a la cara. Parece una tontería. Le ahorra semanas de búsqueda de errores al año.

Otro truco suyo: divide el trabajo de detalle en bloques de 25 minutos. Ni uno más. Porque sabe que a partir del minuto 30 su cerebro empieza a hacer turismo mental. Y un cerebro haciendo turismo con una hoja de cálculo de 3.000 líneas es una receta para el desastre.

Lo que nadie te cuenta de la contabilidad con TDAH

Que no es solo el trabajo técnico lo que cansa. Es el peso invisible.

Es llegar a casa y seguir repasando mentalmente si has cerrado bien el trimestre. Es la ansiedad de saber que un solo número mal puesto puede tener consecuencias reales. Es que tu compañero termina a las seis y tú te quedas una hora más revisando porque no confías en tu propio cerebro.

Eso agota. No el trabajo. La desconfianza constante hacia ti mismo.

Y aquí es donde muchos contables con TDAH acaban quemados. No porque el trabajo sea imposible, sino porque el esfuerzo extra que ponen para llegar al mismo resultado que los demás es invisible. Nadie lo ve. Nadie lo reconoce. Y cuando cometen un error, reciben el doble de reproche que alguien que no se ha dejado la piel revisando.

Las adaptaciones que cambian todo

Hay cosas concretas que ayudan. Y no son cosas raras ni de otro planeta.

Software de verificación automática. Plantillas con fórmulas que cruzan datos y te avisan cuando algo no cuadra. Doble pantalla para no tener que ir saltando entre pestañas (cada salto es una oportunidad para que tu cerebro se vaya de viaje).

Pero las más importantes no son técnicas. Son las adaptaciones laborales que tienen que ver con cómo organizas tu día.

Poner las tareas de máximo detalle a primera hora, cuando tu cerebro aún tiene gasolina. Agrupar reuniones para que no te rompan el flujo cada media hora. Tener un sistema de checklist para cierres mensuales, porque confiar en que "ya me acordaré" es como confiar en que el WiFi del aeropuerto va a funcionar bien.

Marcos tiene una checklist de 47 pasos para el cierre trimestral. La primera vez que la hizo le llevó un domingo entero. Ahora la sigue como un piloto sigue el procedimiento antes de despegar. Sin pensar. Sin improvisar. Y sin dejarse nada.

El estigma silencioso

El problema real no es que no puedas ser contable con TDAH. Es que la gente asume que no puedes.

Cuando alguien se entera de que tienes TDAH en un entorno de contabilidad, la reacción suele ser una ceja levantada. Como diciendo "¿tú? ¿Con números? ¿En serio?". Como si el TDAH significara que no puedes sumar.

Puedes sumar. Puedes cuadrar balances. Puedes llevar la fiscalidad de una empresa entera. Lo que no puedes es hacerlo de la misma forma que alguien sin TDAH. Y eso no te hace peor profesional. Te hace un profesional diferente.

Muchos contables con TDAH acaban sacándose certificaciones profesionales a base de pura cabezonería. Estudiando el doble, olvidando el triple, y volviendo a empezar. Y cuando aprueban, saben más que nadie. Porque lo han machacado tantas veces que lo tienen grabado a fuego.

No necesitas otro cerebro. Necesitas otro sistema.

La contabilidad no es enemiga del TDAH. La contabilidad mal organizada sí.

Un contable con TDAH que tiene buenos sistemas, buenas herramientas y un entorno que no le castiga por funcionar diferente puede ser tan bueno como cualquiera. A veces mejor. Porque la misma mente que salta entre cifras es la que ve patrones que otros no ven. La que detecta inconsistencias porque su cerebro no sigue el camino lineal y coge atajos inesperados.

No es un defecto. Es otra forma de procesar.

Lo que sí necesitas es dejar de fingir que tu cerebro funciona como el de tu compañero de mesa. Porque no funciona así. Y cuanto antes lo aceptes, antes dejas de pelearte con él y empiezas a trabajar con él.

---

Si eres de los que revisa las cosas tres veces y aun así se le escapa algún número, quizá no es falta de atención. Quizá es que tu cerebro funciona de otra manera. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre cómo funciona tu cabeza que un artículo de Google. 10 minutos, gratis, sin email obligatorio.

Relacionado

Sigue leyendo