AuDHD: cuando el TDAH y el autismo conviven en el mismo cerebro
Tu TDAH quiere novedad y tu autismo quiere rutina. AuDHD es vivir con dos sistemas operativos incompatibles en un solo cerebro.
Tu TDAH quiere novedad. Tu autismo quiere rutina. Y los dos viven en el mismo cerebro.
AuDHD es tener dos sistemas operativos incompatibles que comparten un solo procesador. Uno quiere abrir 47 pestañas y el otro quiere que todo esté en una carpeta con nombre, fecha y color asignado. Y los dos pelean a la vez, todo el rato, sin que nadie te haya explicado que eso tiene nombre.
Yo tardé años en entender por qué algunos días necesitaba cambiar de tarea cada cinco minutos y otros días me destrozaba que alguien moviera un boli de mi escritorio. No era que fuera raro. Bueno, sí. Pero había una explicación.
¿Qué es AuDHD y cómo se vive con TDAH y autismo a la vez?
AuDHD no es un diagnóstico oficial. No vas a encontrarlo en el DSM-5 con su código bonito. Es un término que usa la comunidad para describir algo que durante décadas la psiquiatría decía que era imposible: tener TDAH y autismo al mismo tiempo.
Hasta 2013, el manual diagnóstico no permitía diagnosticar ambos. Literalmente. Si tenías autismo, no podías tener TDAH. Y viceversa. Como si tu cerebro tuviera que elegir bando en una guerra que nadie le pidió pelear.
Hoy se sabe que entre el 50% y el 70% de las personas autistas también cumplen criterios de TDAH. La mitad. Más de la mitad. Y aun así, mucha gente sigue sin saber que esto existe.
Porque lo que pasa cuando los dos conviven no es que se sumen. Es que se contradicen.
¿Cómo es vivir con dos cerebros que se contradicen?
Imagina esto.
Tu parte TDAH quiere empezar un proyecto nuevo. Ahora. Ya. Se ha emocionado con una idea a las once de la noche y quiere tirar el plan antiguo y empezar de cero. Dopamina pura.
Tu parte autista quiere seguir el plan de siempre. El mismo horario, la misma estructura, las mismas herramientas. Cambiar de plan es como que alguien te quite la silla donde siempre te sientas en clase. Técnicamente no pasa nada. Pero pasa todo.
Resultado: parálisis. No haces ni lo nuevo ni lo viejo. Te quedas atrapado entre la necesidad de cambio y el terror al cambio.
Otro ejemplo.
Tu TDAH te impulsa a ser espontáneo. Salir de casa sin plan. Decir que sí a todo. Improvisar.
Tu autismo necesita saber qué va a pasar. A qué hora. Con quién. Cuánto va a durar. Y si cambia algo a última hora, sientes que el suelo se mueve bajo tus pies.
Resultado: dices que sí a un plan, te arrepientes al instante, y luego te sientes culpable por querer cancelar. Un bucle precioso. Porque esto no va de blanco o negro, va de convivir con grises que cambian según el día.
¿Por qué tarda tanto en diagnosticarse?
Porque se enmascaran mutuamente. Así de simple.
El TDAH te hace impulsivo, hiperactivo, caótico. El autismo te hace rígido, metódico, estructurado. Cuando los dos están ahí, uno compensa al otro. Y desde fuera, pareces "normal". Raro, pero normal. Funcional, pero a un coste que nadie ve.
Es como tener un acelerador pegado al suelo y un freno pisado al mismo tiempo. El coche no avanza ni retrocede. Parece que está aparcado. Pero por dentro, el motor está ardiendo.
Los profesionales ven al chaval organizado que saca buenas notas y dicen "no puede ser TDAH". Ven al adulto sociable que hace bromas y dicen "no puede ser autismo". Y ninguno de los dos se entera de que ese chaval llega a casa y necesita dos horas a oscuras sin hablar con nadie para recuperarse.
Ese agotamiento de fingir normalidad
¿Cuáles son las señales de AuDHD?
No existe un checklist oficial, pero hay patrones que se repiten:
Necesitas rutina pero te aburres de ella. La creas, la sigues tres semanas, te cansa, la rompes, y luego te angustias porque no tienes rutina.
Eres hipersensible a estímulos (ruido, luz, texturas) pero a la vez buscas estimulación constante. Necesitas que haya algo pasando, pero no demasiado. El nivel exacto de estímulo cambia cada hora y nadie te ha dado el manual.
Tienes intereses intensos (autismo) pero saltas entre ellos (TDAH). Te obsesionas con algo durante dos semanas. Sabes más que nadie de ese tema. Y de repente, un martes, desaparece. Como si nunca hubiera existido.
Las transiciones te cuestan la vida. Cambiar de tarea, salir de casa, pasar de trabajar a descansar. Cada transición es un muro. Tu autismo se ancla a lo que está haciendo y tu TDAH no tiene la gasolina para arrancar lo siguiente.
Social: quieres conectar con gente, pero no de la forma estándar. Y cuando lo intentas, gastas tanta energía en descifrar las reglas sociales que acabas agotado.
¿Qué hago si creo que esto me pasa?
Primero: no te autodiagnostiques con un post de blog. Ni con un vídeo. Ni con un hilo de Twitter. Ni con un TikTok de 30 segundos que dice "si haces esto eres AuDHD". Esto va más allá de tener TDAH o autismo como etiquetas separadas. Va de entender cómo funciona tu cabeza cuando las dos cosas interactúan.
Lo que sí puedes hacer es apuntar. Escribir lo que notas. Los patrones. Las contradicciones. Las cosas que no encajan en una sola explicación. Y llevar eso a un profesional que entienda de neurodivergencia. No uno que te diga "eso es ansiedad" y te mande a casa.
Y segundo: si te has pasado la vida sintiéndote raro porque un día necesitas ruido y al siguiente necesitas silencio absoluto, si tu sistema de organización perfecto te dura exactamente dos semanas, si sientes que hay dos versiones de ti peleando por el mando... no estás loco.
Tienes un cerebro con dos manuales de instrucciones distintos. Y nadie te los ha dado.
Eso no es un fallo. Es una complejidad que la mayoría de la gente no tiene ni que pensar. Pero tú sí. Y cuanto antes lo entiendas, antes dejas de pelearte contigo mismo por no encajar en una sola caja.
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