Ser periodista con TDAH: vivir en deadline permanente es tu superpoder y tu condena
El periodismo y el TDAH comparten una droga: la urgencia. Cuando tu cerebro solo funciona con deadline, el cierre de edición es tu mejor amigo y tu peor enemigo.
El cierre es en 20 minutos, faltan 300 palabras y tu cerebro acaba de activarse.
Bienvenido al periodismo con TDAH.
Llevas tres horas delante del documento en blanco. Has ido al baño cuatro veces, te has leído un hilo sobre el cambio climático en Groenlandia, has reorganizado tu bandeja de entrada por colores y has mantenido una conversación de 15 minutos con el becario sobre si el kebab de la esquina ha bajado de calidad.
Y ahora, con el reloj comiéndote los talones, tus dedos vuelan sobre el teclado como si alguien hubiera enchufado tu cerebro a la corriente.
300 palabras en 18 minutos. Titular incluido. Sin una falta.
Tu jefe piensa que eres un irresponsable que siempre entrega en el último segundo. Tú sabes que es el único segundo en el que puedes entregar.
¿Por qué el periodismo atrae tanto a cerebros con TDAH?
Piénsalo un momento.
El periodismo es caos estructurado. Cada día es diferente. No hay dos semanas iguales. Hay estímulos constantes: una llamada, un suceso, una rueda de prensa, un contacto que te filtra algo. Tu cerebro no se aburre porque el entorno no le deja aburrirse.
Y luego está la adrenalina del cierre. Ese pico de urgencia que hace que tu cerebro funcione a toda máquina cuando el deadline está encima. Para un cerebro neurotípico, el estrés del cierre es incómodo. Para un cerebro con TDAH, el estrés del cierre es combustible.
Es como una droga. Y el periodismo te la da gratis, todos los días, a las 20:00 en punto.
Por eso hay tantos periodistas con TDAH que no saben que tienen TDAH. Porque el trabajo les proporciona exactamente la estructura externa que su cerebro no puede generar solo. El problema aparece cuando te vas de vacaciones, cuando cambian los plazos, o cuando te piden un reportaje largo sin fecha de entrega.
Ahí es cuando todo se desmorona. Porque sin deadline, no hay gasolina.
¿Es talento o es supervivencia?
Un poco de las dos cosas.
Hay partes del periodismo que encajan con el TDAH como un guante. La curiosidad infinita. La capacidad de saltar de tema en tema y conectar puntos que nadie más ve. El hiperfoco cuando una historia te atrapa. Esa sensación de que el hiperfoco elige por ti y de repente son las 3 de la mañana y llevas 27 pestañas abiertas investigando un caso que nadie te ha pedido.
Eso es genuino. Es talento. Es tu cerebro funcionando en su mejor versión.
Pero también hay una parte de supervivencia que no es tan bonita. Porque no entregar a tiempo no es productividad. Es que tu cerebro solo genera dopamina cuando huele peligro. Y confundir las dos cosas te puede costar la salud mental.
Conozco periodistas que llevan 10 años funcionando así. Entregando al límite. Durmiendo cuatro horas. Cambiando de sección cada dos años porque se aburren. Con un CV que parece un mapa de carreteras en vez de una línea recta. Y lo peor: creyendo que son vagos, desorganizados, o que simplemente "no son lo bastante profesionales".
Cuando la realidad es que su cerebro funciona diferente. Y nadie se lo ha explicado.
¿Qué pasa cuando el deadline no es suficiente?
Al principio funciona. El estrés te activa, la adrenalina te salva, entregas a tiempo y todo el mundo contento.
Pero el cuerpo tiene un límite.
Vivir en modo emergencia permanente agota. No es sostenible. Y llega un punto en el que tu cerebro empieza a necesitar deadlines más extremos para activarse. Ya no te vale con 20 minutos. Necesitas 10. Luego 5. Luego necesitas que tu jefe te llame gritando para que tus neuronas decidan ponerse a trabajar.
Eso ya no es periodismo. Es supervivencia.
Y es el momento en el que muchos periodistas empiezan a sentir que algo no cuadra. Que no puede ser normal que escribir 500 palabras te cueste una tarde entera y luego las hagas en 12 minutos con el agua al cuello. Que no puede ser normal que tu cabeza funcione así.
No. No es normal. Es TDAH. Y saberlo no te quita el talento. Te da la opción de gestionarlo antes de que te queme.
¿Qué puedes hacer si eres periodista y esto te suena?
No voy a decirte que dejes el periodismo. Ni que cambies de profesión. Si te gusta, te gusta. Y probablemente seas bueno en ello precisamente por cómo funciona tu cerebro.
Pero hay cosas que cambian cuando entiendes el mecanismo.
Entender que necesitas estructura externa no es una debilidad. Es información. Puedes ponerte deadlines intermedios (falsos, pero tu cerebro no lo sabe si eres creíble contigo mismo). Puedes trabajar en bloques cortos que imiten la urgencia del cierre. Puedes buscar compañeros que te hagan accountability. Puedes negociar con tu redactor jefe plazos más cortos en vez de más largos.
Y sobre todo: puedes dejar de culparte.
Porque lo que llevas años interpretando como falta de disciplina es un cerebro que tiene su propio sistema operativo. Diferente, sí. Pero no defectuoso. Solo que nadie te dio el manual.
Y la primera página de ese manual es entender qué te pasa.
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