Que te despidan con TDAH: cuando el mundo se hunde y tu cerebro dice "ya lo sabía"
Te despiden y tu cerebro con TDAH ya tenía el discurso preparado. Por qué duele diferente y cómo no caer en la espiral.
Te llaman al despacho. Lo sabes antes de que abran la boca. Llevas semanas notándolo. Y mientras te dicen las palabras, tu cerebro ya ha montado la película completa: nunca serás suficiente, siempre te pasa lo mismo, esto es culpa tuya.
La persona de Recursos Humanos te explica algo sobre reestructuración, sobre necesidades de la empresa, sobre "no es personal". Pero tú no estás ahí. Estás dentro de tu cabeza, viendo pasar a cámara rápida todos los trabajos anteriores, todas las veces que algo parecido pasó, todas las señales que ignoraste o que no ignoraste pero tampoco pudiste hacer nada.
Sales del despacho. Y en vez de sentir rabia, o tristeza, o miedo, sientes algo peor.
Alivio.
Y eso te destroza más que el propio despido.
¿Por qué un despido duele diferente cuando tienes TDAH?
Porque no es la primera vez.
No hablo del despido en sí. Hablo de la sensación de que algo se rompe y tu cerebro dice "ya lo sabía". Esa especie de profecía autocumplida que llevas arrastrando desde el colegio: empiezas algo con toda la ilusión del mundo, las primeras semanas eres el mejor, y poco a poco la novedad se apaga, la dopamina deja de aparecer, y tu rendimiento cae como si alguien hubiera desenchufado algo dentro de tu cabeza.
Cuando a una persona sin TDAH la despiden, duele. Claro que duele. Pero normalmente la narración interna es "esto ha sido injusto" o "encontraré algo mejor".
Cuando a una persona con TDAH la despiden, la narración es otra. Es "otra vez". Es "ya sabía que iba a pasar". Es una confirmación de algo que llevas años sospechando: que hay algo mal en ti que no puedes arreglar.
Y eso no es un despido. Eso es una herida que se abre encima de otras treinta heridas que nunca cerraron del todo.
¿Por qué el cerebro TDAH ya "lo veía venir"?
Porque probablemente lo veía venir de verdad.
No es paranoia. Es patrón. Si llevas siete trabajos en cinco años, tu cerebro ha aprendido a detectar las señales. La reunión que se alarga. El tono del jefe que cambia. El proyecto que te quitan sin explicación. El compañero que deja de mirarte a los ojos.
Tu cerebro TDAH no filtra bien la información, pero eso tiene un efecto secundario que nadie te cuenta: eres hiperconsciente del ambiente emocional. Captas microexpresiones, cambios de tono, tensiones no dichas. Lo captas todo. Todo el rato. Y no puedes apagarlo.
Así que cuando llega el despido, no es una sorpresa. Es la confirmación de una película que llevabas semanas rodando en tu cabeza. Y eso, paradójicamente, no lo hace más fácil. Lo hace peor. Porque añade un "¿por qué no hice nada para evitarlo?" encima de todo lo demás.
La espiral de después
Aquí es donde el cerebro TDAH se convierte en tu peor enemigo.
Porque después del despido no hay estructura. No hay horario. No hay obligación externa que te saque de la cama. Y un cerebro TDAH sin estructura es como un coche sin volante en una autopista: va a ir a algún sitio, pero no va a ser bonito.
Los primeros días te dices que vas a aprovechar para reinventarte. Vas a actualizar el CV, vas a hacer networking, vas a por fin montar ese proyecto que siempre has querido. Tu cerebro se llena de dopamina solo de pensarlo.
Tres días después estás en el sofá a las cuatro de la tarde viendo vídeos de gente restaurando máquinas recreativas de los 90.
Y la culpa aparece. Otra vez.
"Ves, es que ni en paro puedes ser productivo."
Esa frase. Esa frase te la has dicho tantas veces que ya ni la cuestionas. Es como un ruido de fondo que lleva ahí toda tu vida.
¿Y qué haces con todo esto?
Lo primero: separar el despido de tu identidad.
Suena a frase de libro de autoayuda, lo sé. Pero escucha. Un despido es algo que te ha pasado. No es algo que eres. Tu cerebro TDAH va a intentar conectar los puntos y crear una narrativa de "siempre me pasa esto porque soy así". Y esa narrativa es mentira. Es una historia que tu cerebro ha montado con datos reales pero conclusiones falsas.
Segundo: recupera la estructura cuanto antes. No mañana. Hoy. Aunque sea una estructura mínima. Levantarte a una hora fija. Salir a caminar. Tener una tarea concreta para antes de comer. Tu cerebro necesita raíles o descarrila. Y después de un despido es cuando más necesitas esos raíles.
Tercero: no te lances a buscar trabajo en modo pánico. El cerebro TDAH en modo pánico envía 47 CVs sin personalizar, acepta la primera oferta que aparece, y tres meses después estás igual. Buscar empleo con TDAH tiene sus propias reglas, y la primera es no tomar decisiones importantes cuando tu cerebro está en modo supervivencia.
¿Es posible que el despido fuera, en parte, por el TDAH?
Puede. Y decirlo no es una excusa.
Si nadie en tu empresa sabía que tienes TDAH, nadie adaptó nada. Ni las reuniones interminables que te vaciaban el cerebro. Ni los plazos que necesitabas ver por escrito porque si alguien te los dice de voz se evaporan en diez segundos. Ni el open office donde tu cabeza captaba cada conversación, cada silla que se movía, cada notificación del móvil del compañero de al lado.
No es que no fueras capaz. Es que estabas corriendo una maratón con los cordones atados entre sí. Y cuando tropezabas, todos veían a alguien que no se esforzaba lo suficiente.
Pero esto va en las dos direcciones. Aprender de cada tropiezo también implica mirar qué parte sí era tuya. Quizá no pediste ayuda a tiempo. Quizá no comunicaste lo que necesitabas. Quizá sí viste las señales y decidiste mirar para otro lado porque enfrentarlas daba más miedo que esperar el golpe.
Todo eso puede ser verdad a la vez. No eres un villano ni una víctima. Eres alguien con un cerebro que funciona diferente en un mundo que no está diseñado para ti. Y eso es una putada, sí. Pero también es información. Y la información se usa.
El siguiente paso no es buscar trabajo
El siguiente paso es entender qué pasó de verdad.
No la versión de RRHH. No la versión de tu cerebro a las tres de la mañana. La versión real: qué funcionaba, qué no, qué necesitas en tu siguiente trabajo para que no se repita el patrón.
Porque el patrón se puede romper. Pero no si lo ignoras y mandas el CV a LinkedIn rezando para que esta vez sea diferente.
Esta vez puede ser diferente. Pero solo si esta vez haces algo diferente.
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