Volver al blog

Hacer amigos en otro país con TDAH: la barrera doble

Ya te cuesta mantener amistades con TDAH. Ahora añade idioma, cultura nueva y ninguna red de toda la vida. Hacer amigos en el extranjero con TDAH es otra liga.

tdah

Antes de irme a vivir al extranjero, ya era malísimo manteniendo amistades.

Dejaba mensajes sin contestar durante semanas. Desaparecía sin avisar. Me olvidaba de cumpleaños, planes y conversaciones a medias. Mis amigos de siempre lo sabían. Lo aceptaban. Habían aprendido a leer mi silencio sin tomárselo como algo personal.

Luego me fui. Y no tenía amigos de siempre. Tenía que construirlo todo desde cero.

Con el mismo cerebro de siempre.

¿Por qué hacer amigos en el extranjero con TDAH es una barrera doble?

Porque hay dos capas que se juntan y se amplifican.

La primera es la que ya conoces. La de perder amigos con TDAH sin hacer nada dramático, solo a base de silencio. Conoces a alguien, conectáis, te vas a casa pensando "qué buena persona, tengo que escribirle esta semana". Y no le escribes. Pasan diez días. Luego veinte. Y cuando te quieres dar cuenta ya da vergüenza retomar porque el hueco es demasiado grande.

Eso ya pasa en tu ciudad. Con gente que habla tu idioma. Con gente con quien no tienes que explicar nada.

La segunda capa es la del extranjero. El idioma. La cultura. Los códigos sociales que no manejas. Los silencios que en tu país eran normales y aquí se interpretan diferente. Las conversaciones donde entiendes el 80% y te pierdes justo en el momento clave. La energía extra que gastas en cada interacción social porque hay un filtro de traducción entre tu cerebro y el mundo.

Junta las dos capas. El resultado es que hacer amigos nuevos cuesta el doble. Y mantenerlos, el triple.

El idioma no es solo el idioma

La gente piensa que el idioma es lo más difícil. Y no, o al menos no de la manera que crees.

Lo más difícil no es no saber una palabra. Lo más difícil es que cuando ya llevas el coste cognitivo del TDAH encima, añadir el filtro del idioma te deja el tanque en cero mucho antes.

Una conversación normal en tu lengua materna con TDAH ya requiere esfuerzo. Estás pendiente de no interrumpir, de no irte por las ramas, de escuchar de verdad cuando tu cabeza quiere saltar a otro tema. Ya estás actuando. Ya estás gestionando.

Ahora pon eso en otro idioma. O en un entorno cultural diferente, donde los chistes no funcionan igual, donde el humor es distinto, donde lo que en España es confianza aquí es mala educación o viceversa.

Sales de cada quedada social agotado. No porque la gente sea mala. Sino porque has estado operando con el 150% de tu capacidad durante dos horas y tu cerebro necesita tres días de recuperación.

Y la gente no lo ve. Ve que te fuiste pronto. Ve que no propusiste quedar otra vez. Ve que tardaste dos semanas en contestar al mensaje de seguimiento.

Lo interpreta como desinterés. Tiene toda la lógica del mundo. Es mentira.

La red que no tienes

Cuando vives solo en el extranjero con TDAH, una de las cosas que más notas es la ausencia de la red invisible.

Con tus amigos de siempre, hay años de historial. Saben que eres intenso la primera semana y luego desapareces. Saben que tu silencio no es rechazo. Saben que si te escriben en frío después de un mes y medio sin señales de vida, vas a responder encantado como si el tiempo no hubiera pasado.

Esa tolerancia se construye con años. Con confianza acumulada. Con suficientes momentos buenos como para que el silencio no borre todo lo anterior.

En el extranjero no tienes ese historial con nadie.

Cada persona que conoces te ve por primera vez. No tiene datos de cómo funciona tu cerebro. No tiene contexto. Solo tiene lo que observa: que tardas mucho en contestar, que cancelas planes a última hora, que a veces desapareces semanas sin explicación.

Y eso, visto desde fuera y sin contexto, parece una persona que no está muy interesada en la amistad.

Los pocos que consigues, los pierdes igual

Esta es la parte que más duele.

Porque a veces lo consigues. Conoces a alguien que mola, conectáis de verdad, hay buena química. Y te dices que esta vez va a ser diferente. Que vas a esforzarte. Que vas a contestar rápido, quedar seguido, no desaparecer.

Durante unas semanas funciona. La novedad y la dopamina del principio sostienen el ritmo.

Y luego tu cerebro vuelve a ser tu cerebro.

WhatsApp sin contestar durante semanas

Se va. No con drama. Con silencio. El mismo silencio que tú usabas sin querer.

Y te quedas igual que antes. Pero más cansado. Y con más evidencia de que en el extranjero esto es imposible.

No es imposible. Pero es genuinamente difícil de una manera que pocas personas sin TDAH entienden.

La soledad que pega diferente lejos de casa

Hay una soledad específica del extranjero que no tiene que ver con no salir o no conocer gente.

Es la soledad de estar en un sitio nuevo, rodeado de personas, y no tener a nadie con quien ser completamente tú. Sin el esfuerzo del filtro social. Sin el idioma procesado. Sin gestionar impresiones.

Con tus amigos de siempre puedes ser raro tranquilamente. Puedes decir lo que se te cruza por la cabeza sin calcular el impacto. Puedes estar en silencio sin que nadie lo interprete mal.

Aquí no. Aquí cada interacción tiene coste. Cada silencio necesita gestión. Cada rato de honestidad requiere contexto previo que no tienes.

Y eso agota de una manera diferente a la soledad normal. No es "no tengo gente a mi alrededor". Es "no tengo un sitio donde descansar de ser persona".

Cuando ya de por sí hacer amigos de adulto con TDAH es un deporte de resistencia, hacerlo lejos de casa con todos los extras encima puede sentirse como un muro. Uno bastante alto.

Lo que sí funciona (aunque no sea perfecto)

No tengo una solución mágica. Pero hay cosas que ayudan.

La primera: ser explícito antes de que sea un problema. "Soy malísimo con los mensajes, no es falta de interés, es que mi cerebro funciona así. Si no te escribo, escríbeme tú." Es incómodo decirlo. Funciona mejor que no decirlo.

La segunda: buscar entornos estructurados. Clases, grupos de idioma, deporte regular, cualquier cosa que ponga a las mismas personas en el mismo sitio de forma repetida sin que tú tengas que iniciar. La proximidad hace parte del trabajo que tu cerebro no puede hacer solo.

La tercera: no competir con tu versión de casa. Aquí no vas a tener diez amigos sólidos en seis meses. Si consigues dos personas con quienes te sientas cómodo de verdad en el primer año, eso es mucho. El estándar no puede ser el mismo que el de quien lleva cinco años en el país y no tiene TDAH.

La cuarta: mantener las conexiones de casa activas. No como sustituto de lo de aquí, sino como ancla. Saber que hay personas que te conocen de verdad, aunque sean a distancia, ayuda más de lo que parece cuando el extranjero se pone cuesta arriba.

Y la quinta, la más difícil: aceptar que va a costar más. No porque seas un desastre. Sino porque estás haciendo algo objetivamente difícil con un cerebro que hace que todo lo social cueste más. Los dos factores juntos no se anulan. Se suman. Y eso merece reconocerlo en lugar de machacarte por no estar a la altura de expectativas que nunca fueron realistas para tu situación.

---

Si llevas un tiempo sintiéndote así y no terminas de entender por qué lo social te cuesta tanto, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero en 10 minutos te da un mapa bastante claro de cómo funciona tu cerebro. A veces, ponerle nombre a lo que pasa es el primer paso para dejar de culparte.

Relacionado

Sigue leyendo