Descansar de verdad con TDAH: por qué no sabes parar y cómo aprenderlo
Te sientas a descansar y tu cerebro te grita que hagas algo. Con TDAH, parar no es fácil. Pero se puede aprender.
Te sientas en el sofá a descansar y tu cerebro te grita que deberías estar haciendo algo. Así no se descansa. Así se sobrevive.
Porque no estás descansando. Estás sentado, que es diferente. Tu cuerpo está en el sofá, sí, pero tu cabeza está repasando la lista de pendientes, calculando si te da tiempo a poner una lavadora, y de paso recordándote que llevas tres días sin contestar un email que "era urgente". Todo a la vez. En bucle. Mientras se supone que estás "relajándote".
Y lo peor es que encima te sientes culpable. Porque ni estás haciendo nada productivo ni estás descansando de verdad. Estás en un limbo raro donde no avanzas, no recuperas, y terminas más cansado que antes de sentarte.
Bienvenido al descanso con TDAH.
¿Por qué las personas con TDAH no saben descansar?
Porque descansar requiere algo que tu cerebro no hace bien: apagarse.
No apagarse del todo, obviamente. Pero sí bajar revoluciones. Pasar de quinta a punto muerto. Y un cerebro con TDAH no tiene punto muerto. Tiene quinta y tiene "me he quedado sin gasolina en mitad de la autopista". No hay término medio.
Tu cerebro funciona con dopamina. Y descansar, sentarse sin hacer nada, mirar por la ventana, eso no genera dopamina. Genera aburrimiento. Y el aburrimiento para un cerebro con TDAH es como la kryptonita para Superman. No es que sea incómodo. Es que duele. Literalmente sientes una necesidad física de hacer algo, lo que sea, porque tu cerebro está gritando "dame estímulo o me muero".
Por eso coges el móvil. Por eso abres TikTok. Por eso acabas reorganizando un cajón a las 11 de la noche un domingo. No es que no quieras descansar. Es que tu cuerpo no sabe lo que es estar en calma.
Y encima la sociedad te vende que descansar es "no hacer nada". Siéntate. Respira. Medita. Desconecta. Como si tu cerebro tuviera un botón de apagado que pudieras pulsar cuando te diera la gana.
Spoiler: no lo tiene.
¿Por qué te sientes culpable cuando intentas parar?
Porque llevas toda la vida compensando.
Las personas con TDAH desarrollan un sistema de supervivencia basado en estar siempre haciendo algo. Si estás ocupado, no puedes fallar por no hacer nada. Si estás produciendo, nadie te puede decir "es que no te esfuerzas lo suficiente". Y eso, repetido durante años, crea una ecuación brutal en tu cabeza: parar = ser un vago.
No es verdad. Pero tu cerebro se lo cree.
Así que cuando te sientas a descansar, no sientes alivio. Sientes alarma. Una vocecita que dice "podrías estar aprovechando el tiempo". Y te levantas. Y haces algo. Lo que sea. No porque te apetezca, sino porque la culpa de no hacer nada te come por dentro.
Eso tiene un nombre: no saber descansar. Y es mucho más común de lo que crees.
¿El descanso productivo es una trampa?
Depende de cómo lo uses.
Hay gente que habla de descanso productivo como si fuera la solución a todo. "Haz algo que te relaje pero que también aporte". Leer, caminar, cocinar. Y sí, puede funcionar. Pero también puede ser otra forma de disfrazar la incapacidad de parar de verdad.
Si tu "descanso" siempre tiene que servir para algo, sigues sin descansar. Estás haciendo cosas que te gustan más, que es diferente. Y a veces eso basta. Pero otras veces tu cuerpo necesita parar de verdad. Cero estímulos. Cero producción. Cero listas.
La clave no es elegir entre descanso activo o descanso pasivo. La clave es que tú elijas, no tu cerebro por ti.
¿Cómo se aprende a descansar con TDAH?
No con fuerza de voluntad. Eso ya lo has intentado. "Voy a sentarme aquí y no voy a hacer nada durante 20 minutos." Duras tres. Puede que cuatro si estás teniendo un buen día.
Lo que funciona es preparar el descanso como preparas cualquier otra cosa.
Primero: define qué es descanso para ti. No para tu madre, no para un artículo de bienestar, para ti. Si para ti descansar es jugar una partida de algo, eso es descansar. Si es tumbarte en el suelo mirando el techo, eso es descansar. Si es dar un paseo sin auriculares, eso es descansar. No tienes que encajar en el modelo de "persona zen meditando con velas".
Segundo: ponlo en el calendario. Sí, suena ridículo. Agendar descanso. Pero funciona. Porque si no lo agendas, no pasa. Aparece otra tarea, otra urgencia, otra excusa, y el descanso se queda para "luego". Y luego no existe.
Tercero: negocia con la culpa. No vas a eliminarla. Pero puedes hablar con ella. "Sé que sientes que debería estar haciendo algo. Pero llevo 6 horas produciendo y mi cerebro necesita parar. Voy a descansar 30 minutos y luego volvemos." Suena raro. Funciona de verdad.
Cuarto: cuida las siestas. Si eres de echarte una siesta, genial. Pero con TDAH, la frontera entre una siesta reparadora y destruir tu horario de sueño es más fina que un hilo. 20 minutos pueden salvarte el día. 90 pueden hundirte la noche.
¿Y si no puedo parar de ninguna manera?
Entonces probablemente no es solo que no sepas descansar. Probablemente tu sistema nervioso está en modo alerta permanente. Y eso ya no es "soy muy activo". Eso es un cuerpo que no ha bajado la guardia en meses. O años.
Si tu versión de descanso siempre acaba con más cansancio, si cuando intentas parar sientes ansiedad real, si llevas semanas sin un solo momento de calma genuina, no necesitas más consejos de productividad. Necesitas parar el sistema entero y revisar qué está pasando.
Descansar no es un premio que te ganas después de ser productivo. Es el combustible que necesitas para poder funcionar. Y con TDAH, aprender a descansar es tan importante como aprender a organizarte, a gestionar el tiempo, o a no perder las llaves tres veces al día.
Tu cerebro no viene con manual de instrucciones. Pero puedes escribir el tuyo.
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