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Cómo mantener un hábito más de dos semanas con TDAH

La semana uno va genial. La tres, tu cerebro dice 'esto ya no es nuevo' y desaparece. Hay trucos que los libros de productividad no cuentan.

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La semana uno va genial. La semana dos aguanta. La semana tres tu cerebro dice "esto ya no es nuevo" y desaparece.

Lo he vivido cien veces. Con el gimnasio, con meditar, con la dieta, con escribir un diario, con acostarme temprano. Empiezo con una energía que parece imparable. Compro la esterilla, descargo la app, preparo las tuppers del domingo. Soy el protagonista de un montaje motivacional de película.

Y luego llega el martes de la tercera semana. No ha pasado nada malo. No hay excusa concreta. Simplemente ya no me apetece. Como si alguien hubiera desenchufado el cable que conectaba la motivación con la acción. Sin drama. Sin aviso. Solo silencio donde antes había ganas.

¿Por qué los hábitos mueren en la semana tres con TDAH?

Porque tu cerebro funciona con novedad, no con rutina.

La primera semana, un hábito nuevo es brillante. Es estímulo fresco. Tu cerebro suelta dopamina como si fuera Nochevieja. Cada sesión de ejercicio, cada página de diario, cada meditación se siente como un logro. Es emocionante.

La segunda semana baja un poco, pero la inercia todavía tira. Te acuerdas de lo bien que te sentó. Hay un poco de orgullo. "Llevo ya diez días." Aguantas.

La tercera semana es donde mueren los hábitos con TDAH. Porque tu cerebro ya ha mapeado la actividad. Ya sabe lo que viene. Ya no hay sorpresa. Y un cerebro con TDAH sin sorpresa es como un coche sin gasolina. Técnicamente todo funciona. Pero no se mueve.

Los libros de productividad te dicen que los hábitos tardan 21 días en formarse. Lo que no te dicen es que esos 21 días están calculados para cerebros neurotípicos que pueden funcionar con piloto automático. El tuyo no tiene piloto automático. El tuyo necesita que alguien le dé una razón para despegar cada vez.

¿Y entonces qué? ¿Estamos condenados a no mantener nada?

No. Pero necesitas trucos diferentes.

Lo primero que aprendí es que la constancia con TDAH no se parece a la constancia de los demás. No es hacer lo mismo, a la misma hora, de la misma forma, todos los días durante meses. Eso funciona para gente que disfruta la rutina. Tú y yo sabemos que la constancia para inconstantes se construye de otra manera.

Lo que sí funciona es cambiar el envoltorio sin cambiar el contenido.

Yo no puedo hacer la misma rutina de ejercicio más de dos semanas. Pero puedo mover el cuerpo todos los días si un día corro, otro hago pesas, otro voy a nadar, otro estiro en el salón con un vídeo aleatorio de YouTube. El hábito no es "hacer la rutina X". El hábito es "mover el cuerpo". El cómo puede rotar todo lo que quiera.

Es como ponerle una funda nueva al móvil cada semana. El móvil es el mismo. Pero tu cerebro cree que tiene algo nuevo. Y eso basta.

¿Qué más funciona para mantener hábitos con TDAH?

Hazlo ridículamente pequeño. No "voy a meditar 20 minutos". Eso es bonito el día uno y una tortura el día quince. Mejor: "voy a sentarme y respirar tres veces". Si luego quieres seguir, genial. Si no, ya has cumplido. Tu cerebro necesita victorias fáciles, no maratones diarios.

Engancha el hábito nuevo a algo que ya haces. Después de preparar el café, hago mis tres respiraciones. Después de sentarme en el autobús, abro la app de lectura. No dependes de acordarte. Dependes de algo que ya ocurre solo. El café se hace solo. El bus llega solo. Tu hábito viaja de polizón.

Haz visible el progreso. Un calendario en la pared con cruces rojas. Una app con racha. Un tarro con canicas. Lo que sea. Porque tu cerebro no recuerda que llevas doce días. Necesita verlo. Y una vez que lo ve, romper la racha duele lo suficiente como para no querer hacerlo. Es manipulación emocional, sí. Pero funciona.

Acepta que vas a fallar días. Esto es lo más importante. Vas a romper la racha. Va a haber un miércoles que no puedas, que no te apetezca, que se te olvide. Y el truco no es no fallar nunca. El truco es que fallar un día no signifique abandonar. Un día sin ir al gimnasio no borra los doce anteriores. Pero tu cerebro con TDAH te dirá que sí, que ya la has cagado, que para qué seguir. No le hagas caso.

¿Y el ejercicio? ¿Por qué ese hábito en concreto importa tanto?

Porque el ejercicio es casi un tratamiento para el TDAH. No lo digo yo. Lo dicen los estudios. Mover el cuerpo libera dopamina, norepinefrina, serotonina. Las tres cosas que tu cerebro anda pidiendo a gritos todo el día.

Treinta minutos de cardio hacen por tu concentración lo que dos cafés intentan hacer y no consiguen. Y el efecto dura horas.

Por eso el ejercicio es el hábito que más merece la pena pelear. No porque tengas que estar cachas. Sino porque es el único hábito que hace que todos los demás hábitos sean más fáciles de mantener. Es como subir el nivel base de tu cerebro. Todo lo que viene después cuesta un poco menos.

Y sí, también es el que más cuesta mantener. Porque sudar no es divertido la tercera semana. Pero si le aplicas las reglas de arriba, variar el formato, hacerlo pequeño, engancharlo a algo, hacer visible el progreso, tienes muchas más opciones de que sobreviva al mes.

No necesitas más disciplina. Necesitas mejores trucos.

La gente que mantiene hábitos de salud con TDAH no lo hace porque tenga más fuerza de voluntad que tú. Lo hace porque ha dejado de jugar con las reglas de los neurotípicos y ha inventado las suyas propias.

Tu cerebro no está roto. Funciona diferente. Y cuando dejas de forzarlo a encajar en un molde que no es el suyo y empiezas a diseñar sistemas que trabajan con él, no contra él, pasan cosas.

No vas a mantener un hábito 365 días seguidos sin fallar. Nadie lo hace, tenga TDAH o no. Pero puedes mantenerlo lo suficiente como para que deje de ser un esfuerzo y empiece a ser simplemente algo que haces. No todos los días. Pero sí la mayoría.

Y eso ya es suficiente.

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