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Videojuegos y TDAH: 6 horas sin comer ni pestañear

El videojuego es la tormenta perfecta de dopamina para el TDAH. Recompensa inmediata, progresión visible, novedad. 6 horas sin comer. No es vicio: es tu cerebro.

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Son las 3 de la tarde. Entras a echar "una partida rápida".

A las 9 de la noche alguien te pregunta si has comido. No habías pensado en ello. No has ido al baño. Llevas 6 horas sin pestañear del todo y tienes el cuello como si hubieras dormido en una excavadora.

Y lo más extraño de todo: no te has dado cuenta de que han pasado 6 horas.

Eso no es vicio. Eso es hiperfoco. Y los videojuegos son el entorno más perfectamente diseñado que existe para activarlo en un cerebro con TDAH.

¿Por qué no puedo parar de jugar?

Porque el videojuego hace tres cosas simultáneamente que tu cerebro lleva toda la vida buscando.

Primero: recompensa inmediata. Disparas, mueres, matas, subes de nivel, desbloqueas algo. Cada 30 segundos pasa algo. Tu cerebro con TDAH necesita saber que el esfuerzo tiene resultado ahora, no dentro de tres meses cuando hagas la declaración de la renta. El videojuego te da eso en bucle, sin parar, durante horas.

Segundo: progresión visible. La barra de experiencia que sube. El número de nivel que crece. Las habilidades que se desbloquean. El mapa que se llena. Tu cerebro ve el progreso en tiempo real. No es como estudiar, donde no sabes si estás mejorando hasta que te examinas. Aquí cada minuto te dice exactamente cuánto has avanzado.

Tercero: novedad constante. Un nuevo nivel. Un nuevo enemigo. Una nueva zona. Una nueva mecánica. Tu cerebro con TDAH se aburre en cuanto deja de haber novedad, y los videojuegos modernos están diseñados por equipos enteros de psicólogos para que nunca llegue ese momento. Siempre hay algo nuevo a 5 minutos de distancia.

Mezcla esas tres cosas y tienes la tormenta perfecta de dopamina. Exactamente lo que un cerebro con déficit de dopamina lleva toda la vida rastreando.

No es que seas débil. Es que tu cerebro encontró exactamente lo que necesita, y no tiene ninguna razón lógica para parar.

El hiperfoco entra solo. Salir es otra historia.

Con el trabajo, con los estudios, con las tareas del hogar, el hiperfoco brilla por su ausencia. El hiperfoco no elige cuándo aparecer. No lo puedes convocar cuando tienes que rellenar un formulario de la Seguridad Social.

Pero con los videojuegos aparece en dos minutos.

Y cuando aparece, el mundo exterior deja de existir. La alarma que pusiste por si acaso. La notificación del móvil. El hambre. El dolor de espalda. Tu pareja preguntándote algo desde otra habitación. Todo eso pasa por encima de tu consciencia como agua sobre aceite. No lo filtras. Es que literalmente no llega.

Tu cerebro está tan dentro del juego que no hay ancho de banda para lo de fuera.

Y cuando salgas, que saldrás, lo harás con esa sensación rara de haber vuelto de un sitio muy lejano. El tiempo no ha pasado para ti de la misma manera que ha pasado para el resto del mundo. Son las 9 de la noche y para ti acaba de ser la hora de comer.

Yo he tenido partidas de Final Fantasy que me han dado esa sensación de resaca temporal. Acabas, miras el reloj, y hay un momento de genuina confusión. No recuerdas haber decidido quedarte tanto tiempo. Solo... seguiste.

¿Esto es adicción o es TDAH?

A veces las dos cosas se solapan y es complicado separarlo. Pero hay una diferencia importante.

La adicción es cuando sigues aunque no lo disfrutes. Cuando juegas por ansiedad, por no poder no hacerlo, cuando el juego ya no te da nada pero tampoco puedes dejarlo.

El hiperfoco en el videojuego es diferente. Lo estás disfrutando genuinamente. Tu cerebro está recibiendo exactamente lo que necesita y está en un estado de flujo real. El problema no es el disfrute. El problema es que no puedes parar aunque quieras. No porque sufras, sino porque el sistema de frenado está roto.

Es lo mismo que pasa con el scroll infinito del móvil. No es que quieras pasarte 45 minutos viendo vídeos de hachas vikingas. Es que tu cerebro no tiene la señal de stop.

Con el videojuego, esa señal tampoco llega sola. Y encima el juego está activamente diseñado para que no llegue. Siempre hay un objetivo a un paso. Siempre hay un jefe más. Siempre hay un "guarda aquí y te pillo al principio del siguiente capítulo".

Lo que no funciona y lo que sí funciona

Decirte "contrólate" no funciona. Lo sabes. Lo has intentado.

"Solo una hora" es mentira que te cuentas con toda la buena fe del mundo y que tu cerebro ignora completamente en cuanto entra en modo hiperfoco.

Lo que sí funciona son los sistemas externos. Barreras que no dependan de tu fuerza de voluntad en el momento.

Alarma externa antes de empezar. No una alarma del móvil que puedes silenciar deslizando el dedo. Un temporizador físico, si tienes, o al menos una alarma con un tono que te obligue a levantarte para apagarla. Y te tienes que comprometer contigo mismo, antes de empezar la partida, a que cuando suene paras. No negocias. El momento de decidir cuánto juegas es antes de encender la consola, no a las 8 de la noche cuando llevas 5 horas dentro.

Jugar después de hacer X, no antes. Tu cerebro sabe que después del videojuego no va a querer hacer nada más. Así que el videojuego va al final. Primero la tarea que necesitas hacer. Después el tiempo de juego. No como castigo, sino como lógica de secuencia. Es mucho más fácil empezar algo sabiendo que después te espera algo que te gusta que al revés.

Sesiones con principio y fin claros. No "juego hasta que me canse". Juego de 6 a 8. Cuando el reloj marca las 8, guardo. Aunque esté en mitad de algo. Aunque sea un momento horrible para parar. El cerebro con TDAH necesita límites externos porque los internos no funcionan de la misma manera. No es un fallo tuyo. Es cómo está montado el sistema.

Nunca empieces sin límite. Esta es la más importante. Sentarte a jugar sin haber decidido cuándo paras es garantizar que no pararás. No porque seas débil. Porque tu cerebro no va a generar esa señal de stop por sí solo, y el juego tampoco te la va a dar. Sin límite previo, el límite lo decide el agotamiento o alguien que te interrumpe desde fuera. Ninguna de las dos opciones es tuya.

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Si esto te resuena, quizá lleves tiempo sintiéndolo sin ponerle nombre. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. Son 10 minutos. Puede que aclaren más de lo que esperas.

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