Mudarte de ciudad con TDAH: empezar de cero otra vez
Nueva ciudad, nuevos trámites, cero rutinas. Para un cerebro con TDAH, mudarse no es cambiar de sitio. Es resetear todo el sistema.
Nueva ciudad, nueva casa, nuevos trámites. Para alguien con TDAH, mudarse no es solo cambiar de lugar. Es un reset total del sistema de supervivencia que habías construido.
Porque tú no funcionas con disciplina. Funcionas con rutinas que has tardado meses (o años) en montar. Pequeñas muletas invisibles que nadie ve pero que sostienen todo. Las llaves siempre en el mismo sitio. El supermercado al que vas sin pensar. El camino al trabajo que haces en piloto automático. El bar donde sabes qué pedir sin mirar la carta.
Todo eso desaparece en una mudanza.
Y lo que queda es tu cerebro desnudo, sin red, intentando procesar cuarenta decisiones nuevas al día mientras no recuerdas dónde has metido el cargador del móvil.
¿Por qué mudarse de ciudad es especialmente difícil con TDAH?
Porque mudarse no es una tarea. Es cien tareas simultáneas que dependen unas de otras y que no tienen un orden lógico claro.
Cambiar de dirección en el censo. Encontrar médico de cabecera. Dar de alta la luz. Buscar un sitio para comprar pan que no sea un atraco. Aprenderte las calles. Montar una ruta para ir al trabajo. Decidir dónde pones la estantería. Y todo esto mientras sigues trabajando, comiendo, existiendo.
Para un cerebro neurotípico, eso es estrés puntual. Dos semanas de caos y luego estabilidad.
Para un cerebro con TDAH, eso es como soltar a alguien que no sabe nadar en medio del océano y decirle "tú tranquilo, que el agua es la misma que en la piscina".
El agua es la misma. Pero no hay bordes. No hay fondo. No hay líneas pintadas que te digan por dónde ir.
Y lo peor no es la logística. La logística de una mudanza ya es un apocalipsis propio. Lo peor es lo que viene después.
¿Qué pasa cuando ya estás en la nueva ciudad?
El primer mes mola. Todo es nuevo, todo es estímulo, todo es novedad. Tu cerebro con TDAH se lo pasa en grande porque hay dopamina por todas partes. Barrio nuevo, cafetería nueva, tiendas que explorar, calles que descubrir.
Luego llega el segundo mes.
La novedad se evapora. Y lo que queda es una ciudad donde no conoces a nadie, no tienes rutinas, y cada día tienes que tomar decisiones que antes eran automáticas.
¿Dónde compro fruta? ¿Por dónde voy al gimnasio? ¿A qué hora pasa el bus? ¿Dónde está el contenedor de reciclaje?
Para alguien sin TDAH, esas preguntas se responden una vez y ya. Para alguien con TDAH, esas preguntas se responden una vez, se olvidan, se vuelven a responder, se olvidan otra vez, y a la tercera semana acabas comprando fruta en el mismo sitio malo porque al menos ya sabes llegar.
La fatiga de decisión es brutal. Y tu cerebro, que ya de por sí tiene la memoria de trabajo de un pez dorado con jet lag, no da abasto.
¿Y los amigos? ¿Y la gente?
Aquí es donde la cosa se pone fea de verdad.
Porque las rutinas se pueden reconstruir. Tarda, cuesta, pero se puede. Lo que no puedes reconstruir de un día para otro es una red social.
Y si ya de por sí eres el amigo que desaparece tres meses y luego vuelve como si nada, imagina intentar construir amistades desde cero en una ciudad donde no conoces a nadie.
El TDAH te pone dos trabas enormes para esto.
La primera: el impulso social. Tienes ganas de quedar con gente, pero organizar un plan requiere ejecutar una secuencia de pasos (proponer, cuadrar horarios, recordar el día, llegar a tiempo) que para tu cerebro es como montar un mueble de IKEA sin instrucciones. Cada paso es una oportunidad de que algo falle.
La segunda: el mantenimiento. Hacer un amigo requiere contacto repetido. Y tú eres de los que piensa en alguien, se dice "tendría que escribirle", y tres semanas después se acuerda mientras se ducha. Si encima estás en otro país, el tema se multiplica por diez.
Así que al principio socializas mucho (novedad, dopamina), luego vas dejando de responder mensajes (fatiga, olvido), y de repente llevas cuatro meses en una ciudad y sientes que no tienes a nadie.
No es que seas antisocial. Es que tu cerebro no automatiza el mantenimiento de relaciones como lo hace el de otras personas.
¿Se puede hacer bien?
Se puede hacer mejor. "Bien" es mucho pedir.
Lo que a mí me ha funcionado (y he hecho varias mudanzas, así que hablo con cicatrices):
Reconstruye primero las rutinas pequeñas. No intentes montarte la vida perfecta la primera semana. Elige una cosa: la ruta al supermercado. Repítela hasta que sea automática. Luego la siguiente. Luego la siguiente. Tu cerebro necesita piloto automático para no colapsar, y el piloto automático se entrena con repetición, no con planificación.
Acepta el mes de mierda. El segundo mes va a ser duro. La novedad se ha ido, las rutinas aún no están, y vas a sentir que has cometido un error enorme. No lo has cometido. Es tu cerebro reaccionando a la falta de estructura. Pasará.
No te aísles por comodidad. Es tentador quedarte en casa porque salir requiere esfuerzo cognitivo que no tienes. Pero el aislamiento con TDAH es una trampa. Cuanto más te aíslas, más difícil es salir. Ponte una regla mínima: una cosa social a la semana. Una. No hace falta que sea una fiesta. Un café cuenta.
Perdónate por lo que se te olvide. Vas a perder papeles del ayuntamiento. Vas a llegar tarde al médico nuevo. Se te va a pasar algún plazo. No es que seas un desastre. Es que estás reconstruyendo un sistema entero desde cero con un cerebro que no viene con manual de instrucciones.
No es solo una mudanza
Mudarte de ciudad con TDAH no es un cambio de dirección. Es empezar un videojuego en el que ya habías desbloqueado cosas, y de repente alguien te borra la partida y te dice "venga, desde el principio, pero el juego ahora es más difícil".
Y sí, es agotador. Y sí, los primeros meses vas a sentir que no puedes con todo.
Pero lo que poca gente te dice es que también es una oportunidad. Porque las rutinas que montes ahora las puedes montar bien. Sin arrastrar las inercias malas que tenías antes. Puedes elegir. Eso, para alguien con TDAH que lleva años funcionando en modo supervivencia, es más valioso de lo que parece.
No va a ser fácil. Pero no va a ser imposible.
Y si llevas semanas sintiéndote perdido en tu propia vida nueva, no es porque hayas tomado una mala decisión.
Es porque tu cerebro está haciendo algo muy difícil sin que nadie le haya dado las herramientas.
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