Tu médico de cabecera no cree en el TDAH adulto: qué hacer
Le dices que crees tener TDAH y te mira como si le hablaras de unicornios. Esto es lo que puedes hacer cuando tu médico no te toma en serio.
Le dices a tu médico que crees tener TDAH. Te mira por encima de las gafas. "Eso es de niños", dice. Y así empieza una batalla que no debería existir.
Porque no has ido a que te dé la razón. Has ido a pedir ayuda. Y lo que te llevas a casa es una palmadita en el hombro y una receta de "relájate un poco".
Lo sé porque me ha pasado. Y le ha pasado a la mitad de las personas que me escriben.
La consulta de los 7 minutos
Tu médico de cabecera tiene 7 minutos por paciente. Siete. En ese tiempo tiene que escucharte, decidir qué te pasa, y mandarte algo o a alguien. Y tú llegas con un tema que requiere como mínimo una hora de conversación, una historia clínica detallada y un conocimiento actualizado sobre un trastorno que muchos profesionales siguen asociando a niños que no paran quietos.
No es que tu médico sea mala persona. Es que el sistema no está diseñado para esto.
La formación en TDAH adulto en atención primaria en España es, siendo generosos, escasa. Muchos médicos de cabecera terminaron la carrera hace 20 o 30 años, cuando el TDAH ni siquiera se contemplaba en adultos. Y la formación continua no siempre cubre las actualizaciones. Así que tu médico aplica lo que sabe. Y lo que sabe es que el TDAH es "cosa de críos hiperactivos".
Tú no eres un crío. Ni estás rebotando por las paredes. Así que para él, caso cerrado.
¿Qué haces cuando tu médico no se toma en serio el TDAH adulto?
Lo primero: no te hundas. En serio. Que un profesional te diga que lo tuyo no es TDAH no significa que tenga razón. Significa que no tiene las herramientas para evaluarlo. Son cosas muy distintas.
Un médico de cabecera no diagnostica TDAH. No es su función. Su función es derivarte. Y si no lo hace, el problema no es que tú estés equivocado. El problema es que la puerta que debería abrirse se ha quedado atascada.
Esto es lo que puedes hacer, paso a paso.
1. Pide la derivación directamente
No vayas a explicar tus síntomas esperando que tu médico conecte los puntos. Ve con la petición clara: "Quiero que me deriven a psiquiatría para una evaluación de TDAH adulto".
Así de directo. Sin rodeos.
En el sistema público español tienes derecho a pedir una derivación. Tu médico puede tener su opinión, pero la derivación a un especialista es algo que puedes solicitar. Si te dice que no, pide que lo deje por escrito en tu historial. Eso suele cambiar la conversación bastante rápido.
2. Lleva información preparada
No vayas con las manos vacías. Lleva una lista concreta de síntomas, desde cuándo los tienes, y cómo afectan tu vida diaria. No hace falta que sea un documento de 40 páginas. Unas notas en el móvil valen.
Lo importante es que sean específicos. No "me cuesta concentrarme". Eso lo dice todo el mundo. Mejor: "Llevo tres meses sin poder terminar un informe del trabajo. Empiezo, me voy a otra cosa, y cuando vuelvo ya no sé por dónde iba. Me pasa cada día, con cada tarea, desde que tengo memoria".
Cuanto más concreto, más difícil es despacharte con un "es estrés".
3. Si tu médico insiste en que no, cambia de médico
Puedes pedir cambio de médico de cabecera en tu centro de salud. Es tu derecho. No tienes que dar explicaciones. Simplemente solicitas el cambio y ya.
No es lo ideal. Lo ideal sería que el primer médico te escuchara. Pero si no lo hace, quedarte ahí repitiendo la misma conversación cada tres meses no va a cambiar nada. Sobrevivir al sistema sanitario público con TDAH requiere a veces ser más terco que el propio sistema.
4. Considera la vía privada como puente
Si puedes permitírtelo, una evaluación privada con un psiquiatra especializado en TDAH adulto puede ahorrarte meses (o años) de espera. No todo el mundo puede. Lo sé. Pero si es una opción, te lo digo: a veces pagar esa primera consulta es lo que desbloquea todo.
Con un informe de un especialista privado, vuelves a tu médico de cabecera con un papel que dice lo que tú llevas meses intentando explicar. Y ese papel, por injusto que sea, pesa más que tu palabra.
5. No aceptes el "ya se te pasará"
El TDAH no se pasa. No es una fase. No es estrés laboral. No es que "los jóvenes de hoy en día se distraen mucho con el móvil".
Si te dicen cualquiera de esas cosas, ya sabes que estás hablando con alguien que no tiene la formación necesaria para opinar sobre esto. Y eso no te hace a ti el problema. El sistema sanitario tiene un agujero enorme con el TDAH, y tú has tenido la mala suerte de caer justo en ese agujero.
No estás loco. Estás mal derivado.
Esta es la frase que me habría gustado escuchar hace años. Porque cuando tu médico te dice que no tienes nada, una parte de ti empieza a dudar. A pensar que te lo estás inventando. Que quizá sí es estrés. Que quizá eres vago de verdad.
No lo eres.
Un cerebro con TDAH no diagnosticado lleva años funcionando con un motor distinto al que todo el mundo asume. Y cuando por fin te das cuenta de que algo no encaja, lo último que necesitas es que la persona a la que pides ayuda te diga que el problema no existe.
El problema existe. La solución también. Solo necesitas llegar a la persona correcta.
Y a veces, llegar a esa persona implica pasar por encima de quien te está bloqueando el camino. Con educación, con firmeza, y con la certeza de que conoces tu cabeza mejor que alguien que te ha visto 7 minutos.
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Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro antes de esa consulta, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da información útil que puedes llevar a tu médico (o al siguiente). 10 minutos, gratis, sin registro.
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