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Trabajar en atención al cliente con TDAH: sonrisa obligatoria, cerebro en llamas

8 horas sonriendo, escuchando quejas y manteniendo la calma. Con un cerebro que procesa cada estímulo a tope. Atención al cliente con TDAH es actuar todo el día.

tdah

8 horas de sonreír, escuchar quejas y mantener la calma.

Con un cerebro que procesa cada estímulo a volumen máximo. Que no filtra. Que se engancha a la emoción del cliente enfadado como si fuera suya. Que necesita moverse pero tiene que quedarse sentado. Que quiere responder rápido pero tiene que seguir un guion.

Atención al cliente con TDAH es actuar todo el día. Y nadie te ha dado el guion.

El problema no es el trabajo. Es lo que te exige por dentro.

Trabajar de cara al público ya es intenso para cualquiera. Pero cuando tu cerebro funciona con TDAH, cada interacción cuesta tres veces más.

No porque seas peor. Sino porque tu cerebro hace cosas que el de tus compañeros no hace.

El cliente está enfadado y tu cuerpo absorbe esa emoción como una esponja. No es empatía normal. Es que tu cerebro no tiene filtro para separar "esto es su problema" de "esto es mi problema". Te llevas la queja a casa, la masticas por la noche, y al día siguiente llegas ya cargado.

Tu compañera atiende una llamada complicada, cuelga, y sigue con la siguiente. Tú atiendes una llamada complicada, cuelgas, y necesitas diez minutos para volver a la tierra. Pero no tienes diez minutos. Tienes otra llamada entrando.

¿Se puede trabajar en atención al cliente con TDAH?

Sí. Pero necesitas entender qué te está pasando, porque si no lo entiendes vas a pensar que eres tú el problema. Y no lo eres.

Lo primero: el TDAH y la atención al cliente chocan en un punto concreto. Tu cerebro necesita variedad y estímulo para funcionar. La atención al cliente te da estímulo de sobra. Pero no del tipo que tu cerebro necesita. Te da estímulo emocional repetitivo. Las mismas quejas, las mismas preguntas, el mismo tono de voz de alguien que quiere hablar con tu superior. Una y otra y otra vez.

Es como si te pusieran una canción que no te gusta en bucle durante ocho horas. Tu cerebro no puede desconectar, pero tampoco puede engancharse. Está en un limbo donde todo le molesta pero nada le interesa.

Y encima tienes que sonreír.

Trabajar en un call center con TDAH

La máscara que nadie te paga

Hay un coste que no sale en tu nómina.

El coste de actuar. De poner la voz amable cuando por dentro estás saturado. De mantener la paciencia cuando tu cerebro ya se ha ido a pensar en lo que vas a cenar. De parecer tranquilo cuando tienes ganas de levantarte y dar tres vueltas al edificio.

Eso tiene nombre: masking. Las máscaras sociales con TDAH. Y en atención al cliente no es opcional. Es literalmente tu trabajo. Tu trabajo es parecer calmado, empático y disponible. Ocho horas. Cinco días a la semana.

El problema no es hacerlo un rato. El problema es hacerlo todo el día, todos los días, sin que nadie sepa lo que te está costando. Porque por fuera pareces competente. Amable. Profesional. Y por dentro tu cerebro está quemando el doble de energía que el de cualquier otra persona en tu mismo puesto.

Llegas a casa y no quieres hablar con nadie. No quieres que te pregunten qué tal el día. No quieres ni que te miren. Y tu pareja piensa que estás enfadado, cuando en realidad estás vacío.

Socializar me encanta hasta que me agota

Lo que funciona (y lo que no)

Lo que no funciona: aguantar. Decirte que eres fuerte, que puedes, que solo son ocho horas. Aguantar es la estrategia que te lleva al burnout en seis meses. Tu cerebro no está diseñado para aguantar estímulos emocionales constantes sin descanso. Pedirle eso es como pedirle a un sprinter que corra una maratón al mismo ritmo.

Lo que funciona es más aburrido pero más real:

Micro-descansos reales. No el "descanso" de mirar el móvil. Sino salir, moverte, beber agua, cerrar los ojos treinta segundos. Tu cerebro necesita reset entre interacciones. Si tu empresa te da pausas, úsalas todas. Si no te las da, negocia. Es una adaptación razonable, no un capricho.

Tener un ancla después de las llamadas difíciles. Un gesto, un ritual, algo que le diga a tu cerebro "eso ya pasó". Puede ser tan simple como lavarte las manos o ponerte un chicle. Suena ridículo. Funciona.

Externalizarlo todo. No confíes en tu memoria para los procedimientos, las incidencias, los seguimientos. Apúntalo todo. Todo. Tu cerebro ya está gastando toda su RAM en mantener la máscara. No le pidas que además recuerde el número de referencia del cliente anterior.

Saber cuándo no es para ti. Esto es lo más importante y lo que nadie te dice. No todos los trabajos son para todos los cerebros. No es rendirse. No es ser débil. Es entender que estás usando el 200% de tu energía para rendir al 100%, y que a lo mejor hay trabajos donde tu cerebro no necesita disfrazarse ocho horas al día.

La trampa de "se te da bien"

La peor trampa es que se te dé bien.

Porque cuando eres bueno en atención al cliente (y mucha gente con TDAH lo es, por la empatía, por la rapidez, por la capacidad de improvisar), nadie cuestiona si te está costando. Nadie pregunta "¿estás bien?" porque tus métricas son buenas. Tus clientes están contentos. Tu jefe te pone de ejemplo.

Y tú estás reventado.

Se te da bien porque tu cerebro ha aprendido a compensar. Llevas años desarrollando una máscara tan buena que ni tú mismo la notas. Pero la energía que gastas en llevarla no desaparece. Se acumula. Y un día explota en forma de agotamiento que no puedes explicar, irritabilidad que no entiendes, o una mañana en la que simplemente no puedes levantarte de la cama para ir a trabajar.

No es pereza. Es que tu cerebro lleva meses funcionando en modo emergencia y acaba de decidir que ya no puede más.

Tu cerebro no es el problema. El formato sí.

No eres peor trabajador. Eres un trabajador que necesita condiciones diferentes. Y eso no es un defecto. Es información.

Información que puedes usar para pedir adaptaciones, para buscar puestos con menos carga emocional repetitiva, para organizarte de forma que tu cerebro no acabe frito a las 12 del mediodía.

O simplemente para dejar de culparte cuando llegas a casa hecho polvo después de un turno que a los demás "no les parece para tanto".

Les parece porque no lo están viviendo desde tu cerebro.

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