Llevo tres años diciendo que voy a empezar un proyecto

Tres años con la misma idea en la cabeza y sin dar el primer paso. No es falta de ambición. Es algo que tu cerebro hace sin que te des cuenta.

Tres años. Tres años con la misma idea en una nota del móvil. Tres años diciéndote "este mes empiezo". Tres años viendo cómo otra gente lanza cosas parecidas mientras tú sigues en el punto cero.

Y lo más raro no es que no hayas empezado.

Lo más raro es que la idea te sigue pareciendo buena. No la has descartado. No se te ha olvidado. Está ahí, flotando, cada vez que te acuestas y piensas "mañana va a ser diferente". Y mañana nunca es diferente.

¿Por qué no empiezas algo que quieres hacer?

A ver, esta es la pregunta que duele. Porque no estamos hablando de algo que te obligan a hacer. No es una tarea del trabajo. No es un trámite. Es algo que tú quieres. Que te emociona. Que visualizas perfectamente en tu cabeza.

Y aun así, no empiezas.

Parece una tontería, pero hay una diferencia enorme entre querer algo y poder arrancar. La mayoría de la gente confunde ambas cosas. "Si quieres de verdad, lo haces." Pues no. No funciona así para todos los cerebros.

Lo que pasa es que tu cerebro necesita un tipo de activación concreta para iniciar una tarea. No le basta con que sea importante. No le basta con que la quieras. Necesita urgencia, presión, novedad o emoción. Y un proyecto que llevas tres años posponiendo no tiene ninguna de esas cosas. Es una idea tibia. Familiar. Sin chispa.

Imagínate un coche que solo arranca cuando el motor está caliente. Pues tú tienes un motor que lleva tres años frío porque nunca llega la chispa que lo encienda. No es que el coche esté roto. Es que necesita un tipo de arranque que nadie te ha enseñado.

El plan perfecto que nunca ejecutas

Lo peor es que no has estado parado. Has estado pensando. Planificando. Diseñando el sistema perfecto para cuando por fin empieces. Tienes la carpeta, las herramientas, el nombre, la estructura. Te falta el primer paso real.

Y cada vez que te sientas a darlo, pasa algo. Una distracción. Un "primero tengo que hacer otra cosa". Un "no es el momento ideal". Y se te va otro día. Otra semana. Otro mes.

Te lo digo por experiencia: yo estuve más de un año con un proyecto así. Lo tenía todo claro en la cabeza. Todo planificado. Y cada vez que abría el portátil para empezar, acababa haciendo cualquier otra cosa. No porque no me importara. Sino porque empezar era la parte más difícil y mi cerebro lo sabía.

El problema no era la idea. El problema era la iniciación de tarea. Esa función del cerebro que te permite pasar de "quiero hacerlo" a "estoy haciéndolo". Y si esa función no te acompaña, puedes pasarte tres años, cinco años, diez años con la misma idea en la cabeza sin mover un dedo.

Lo que realmente te frena

No es pereza. No es falta de motivación. No es que no seas lo bastante bueno.

Es que tu cerebro tiene una relación complicada con la activación. Necesita un nivel de estímulo que la planificación a largo plazo no da. Necesita novedad, urgencia o presión para arrancar el motor. Y un proyecto personal que puedes hacer "cuando quieras" no tiene fecha límite, no tiene jefe que te pida resultados, no tiene consecuencia inmediata si no lo haces.

O sea, tienes todo el tiempo del mundo. Y eso, para un cerebro como el tuyo, es lo peor que te puede pasar.

Porque sin presión, no hay arranque. Sin arranque, no hay acción. Sin acción, la idea sigue en la nota del móvil otro año más.

Quizá hay algo más detrás

Mira, voy a ser directo.

Cuando alguien lleva tres años queriendo hacer algo y no puede empezar, no estamos hablando de vagancia. Estamos hablando de un patrón. Un patrón que se repite en más áreas de tu vida de las que te gustaría admitir.

Ese patrón tiene nombre. Se llama TDAH. Y antes de que pienses "yo no tengo eso, yo soy un adulto funcional", te digo que la mayoría de adultos con TDAH son precisamente eso: funcionales. Sacan las cosas adelante. Pero a un coste brutal. Y con un cementerio de proyectos sin empezar que nadie ve.

Esto no es un diagnóstico. No soy tu médico. Pero si llevas años en ese bucle de "quiero pero no puedo" y no encuentras la explicación, quizá valga la pena mirar en esa dirección. Porque cuando yo lo descubrí, no dejé de procrastinar de golpe. Pero sí dejé de pensar que era un vago. Y eso, aunque parezca poco, lo cambia todo.

Si te suena esto, hice un test de 43 preguntas que tarda diez minutos. No es un diagnóstico, pero es un punto de partida para entender qué te pasa y dejar de culparte. Puedes hacerlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo