Cambiar de tarea me cuesta más que empezarla desde cero
Tu cerebro con TDAH no cambia de tarea. Se reinicia. Por qué las transiciones son el enemigo invisible y qué puedes hacer con eso.
Estás concentrado en algo. Alguien te interrumpe. Te piden que cambies a otra cosa. Y tu cerebro se queda colgado como un programa que no responde. Ctrl+Alt+Supr mental.
La transición entre tareas en un cerebro TDAH no es un cambio. Es un reinicio completo.
Y no es que seas lento. No es que no quieras. Es que tu cerebro necesita soltar una cosa, procesar el duelo de la anterior, buscar en qué punto estaba la nueva, arrancar el motor desde cero, y rezar para que la concentración vuelva antes de que alguien te interrumpa otra vez.
He tardado 30 años en entender que mi problema no era empezar cosas. Era cambiar entre ellas.
¿Por qué cambiar de tarea duele tanto?
Porque tu cerebro no tiene un interruptor. Tiene una hoguera.
Cuando un cerebro con TDAH se engancha a algo, enciende un fuego. Tarda lo suyo en prenderlo, pero cuando está encendido, arde. Y lo que te piden cuando te dicen "oye, deja eso y haz esto otro" es que apagues el fuego, barras las cenizas, busques leña nueva, y enciendas otro desde cero. En 30 segundos. Mientras alguien te mira esperando que ya estés listo.
Los neurotípicos no entienden esto. Para ellos, cambiar de tarea es como cambiar de canal. Clic. Ya. Para ti, es como apagar la tele, desenchufar el cable, guardarlo, sacar la tele nueva de la caja, montarla, enchufarla, buscar el mando, configurar el wifi, y luego acordarte de en qué episodio te habías quedado.
Y no, no exagero.
Lo que pasa dentro de tu cabeza durante una transición es brutal. Tu cerebro sigue procesando la tarea anterior en segundo plano. Los pensamientos de lo que estabas haciendo se mezclan con lo que deberías estar haciendo ahora. Y mientras intentas concentrarte en lo nuevo, una parte de tu mente sigue dándole vueltas a dónde dejaste lo otro. A si guardaste el archivo. A si ese último párrafo estaba bien.
Se llama residuo atencional. Y en un cerebro con TDAH, ese residuo no se va en dos minutos. Se queda ahí como una pestaña del navegador que no puedes cerrar. Consumiendo recursos. Ralentizando todo.
¿Y si por fin me concentro y me interrumpen?
Esta es la que más duele.
Has tardado 45 minutos en entrar en modo hiperfoco. 45 minutos de abrir y cerrar el documento, mirar el móvil, levantarte a por agua, volver a sentarte, releer el primer párrafo seis veces. Y justo cuando por fin estás dentro, cuando el cerebro por fin ha encendido la hoguera y estás produciendo como una máquina, alguien te toca el hombro.
"Oye, ¿tienes un minuto?"
No. No tengo un minuto. Tengo 45 minutos de arranque que acabo de perder. Y no tengo garantía de que pueda volver a entrar hoy.
Porque eso es lo que nadie entiende. Una interrupción para un cerebro TDAH no son dos minutos de distracción. Son 45 minutos de arranque perdidos. A veces más. A veces esa concentración no vuelve en todo el día. Y te quedas en un limbo raro donde no puedes volver a lo de antes pero tampoco puedes arrancar con lo nuevo. Flotando entre dos tareas sin hacer ninguna.
Las reuniones que te apagan el cerebro son exactamente esto. Una interrupción programada que te saca del estado de flujo y te obliga a reiniciar después. Solo que después de la reunión tu cerebro ya no quiere reiniciar. Quiere irse a casa.
¿Por qué a veces prefiero empezar algo nuevo desde cero?
Porque empezar algo nuevo es más fácil que retomar algo a medias.
Suena absurdo, pero tiene lógica. Cuando empiezas algo desde cero, tu cerebro tiene un lienzo en blanco. No hay residuo atencional. No hay contexto que recuperar. No tienes que recordar dónde lo dejaste, qué decisiones tomaste, por qué el párrafo tres dice lo que dice. Empiezas limpio.
Retomar algo a medias es como entrar en mitad de una película. Tienes que reconstruir la trama, recordar quién es quién, entender qué estaba pasando. Y tu cerebro, que ya de por sí tiene la memoria de trabajo de un pez dorado, necesita un esfuerzo enorme para hacer eso.
Por eso la gente con TDAH tiene 400 proyectos empezados y ninguno terminado. No es falta de compromiso. Es que cada vez que dejas un proyecto y vuelves a él, retomarlo cuesta más que empezar otro nuevo. Y tu cerebro, que busca siempre el camino de menor resistencia, elige lo nuevo. Porque lo nuevo tiene la dopamina de la novedad. Y lo viejo tiene la cuesta arriba de "¿por dónde iba?".
¿Qué hago entonces?
No voy a decirte que uses un planificador. Si pudieras usar un planificador sin problemas, probablemente no estarías leyendo esto.
Lo que sí funciona es reducir el número de transiciones. No gestionarlas mejor. Reducirlas.
Si tienes que hacer cuatro cosas distintas en un día, no las intercales. No hagas un rato de cada una. Haz la primera entera, descansa, y haz la segunda. Tu cerebro necesita quemar cada tarea por completo antes de pasar a la siguiente. Porque si la dejas a medias, el residuo atencional te va a perseguir todo el día.
Los bloques largos de una sola cosa son tu mejor aliado. Tres horas de lo mismo siempre van a ser más productivas que seis bloques de 30 minutos de cosas distintas. Porque esas tres horas incluyen un solo arranque. Y los seis bloques incluyen seis arranques, seis apagados, y seis momentos de "¿por dónde iba?".
Y cuando te interrumpan, porque te van a interrumpir, anota en 10 segundos dónde estabas. Literalmente. "Iba por el punto 3, falta revisar el cierre." Esas 8 palabras te ahorran 20 minutos de reconstrucción después. Es el truco más tonto del mundo y es el que mejor funciona.
No eres lento. Tu cerebro tiene un coste de arranque diferente.
El problema no es que no puedas trabajar. Es que cada transición te cobra un peaje que los demás no pagan.
Un neurotípico cambia de tarea y pierde dos minutos. Tú cambias de tarea y pierdes media hora. Multiplica eso por un día normal con 8 o 10 cambios de contexto y entiendes por qué llegas a las 7 de la tarde agotado sin saber qué has hecho exactamente.
No procrastinas por vago. Necesitas urgencia
No es un problema de productividad. Es un cerebro que funciona diferente al que el mundo laboral espera. Y cuanto antes lo entiendas, antes puedes dejar de culparte por no ser capaz de saltar entre tareas como si nada.
Porque no es como si nada. Es como reiniciar un ordenador cada vez. Y nadie le echa la culpa a un ordenador por tardar en arrancar.
Esto es experiencia, no diagnóstico. Si crees que el TDAH explica cosas que llevas años sin entender, el siguiente paso es un profesional.
Si cada interrupción te cuesta media hora de tu vida y siempre pensaste que era falta de concentración, quizá no es eso. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro no cambia de tarea, se reinicia.
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