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TDAH entre los 16 y los 19: la edad en la que todo se complica

A los 16 tus padres dejan de organizarte. A los 19 se supone que eres adulto. Tu cerebro TDAH intenta sobrevivir sin manual.

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A los 16 tus padres dejan de organizarte la vida. A los 19 se supone que eres adulto. Entre medias, tu cerebro TDAH intenta sobrevivir sin manual de instrucciones.

Y nadie te avisa.

Nadie se sienta contigo y te dice "oye, lo que funcionaba hasta ahora va a dejar de funcionar, y no va a ser culpa tuya". Nadie. Simplemente un día te despiertas y todo pesa el doble.

¿Por qué el TDAH empeora entre los 16 y los 19 años?

Porque hasta los 15 o 16 tienes andamios. Invisibles, pero los tienes.

Tu madre te dice a qué hora cenar. Tu padre te recuerda que mañana tienes examen. El horario del instituto te organiza el día. Los profesores te dicen qué hacer, cuándo hacerlo y cuánto vale. Tu vida tiene carriles, y aunque vayas dando bandazos, los carriles te mantienen en la carretera.

Y entonces empiezan a desaparecer.

A los 16 te dan optativas. A los 17 te dicen que elijas carrera. A los 18 te dan la llave de casa y un horario que tú te montas. A los 19 estás en la universidad o trabajando y nadie te persigue para que entregues nada.

Es como si llevaras toda la vida nadando con manguitos y de repente alguien te los quitara. En mitad del océano. Sin avisar.

Un cerebro neurotípico se adapta. Le cuesta, claro. Pero tiene la capacidad de autorregularse, de crear rutinas nuevas, de decir "esto lo hago ahora porque si no luego me olvido". Un cerebro con TDAH no tiene ese regulador. Nunca lo ha tenido. Lo que pasa es que hasta ahora había alguien regulando por ti.

Y cuando ese alguien desaparece, no es que bajes el rendimiento. Es que te caes del mapa.

La trampa del "es que es la edad"

Aquí viene lo peor. Porque cuando un chaval de 17 empieza a suspender, a llegar tarde, a perder cosas, a discutir con todo el mundo, los adultos a su alrededor dicen "es la edad". "Son las hormonas." "Ya madurará."

Y sí, las hormonas existen. La adolescencia es un lío para todo el mundo. Pero hay una diferencia enorme entre un adolescente que está descubriendo quién es y un adolescente cuyo cerebro lleva años funcionando sin las herramientas que necesita.

El primero se estabiliza. El segundo se hunde más.

Porque cada suspenso, cada bronca, cada "es que no te esfuerzas lo suficiente", deja marca. Tu cerebro aprende que vas a fallar. Que da igual lo que hagas. Que eres el que siempre la caga.

Y eso no es la edad. Eso es un cerebro que pide ayuda de la única forma que sabe: fallando.

Las cosas que nadie te cuenta que pasan

Selectividad. O FP. O tu primer empleo. Lo que sea que venga después del instituto es como un campo de minas para un cerebro TDAH.

Te pongo ejemplos concretos:

La gestión del tiempo se vuelve cosa tuya. Y tú no sabes gestionar el tiempo. No porque seas vago, sino porque tu cerebro no percibe el tiempo como los demás. Para ti, "dentro de dos semanas" y "dentro de seis meses" se sienten igual de lejos. Hasta que de repente quedan dos días y todo es un desastre.

Las relaciones sociales cambian. En el instituto tenías un grupo fijo. Ahora tienes que mantener amistades activamente. Contestar mensajes. Quedar. Llegar a la hora. Y si tienes TDAH, sabes lo que pasa: se te olvida contestar, cancelas a última hora, llegas 40 minutos tarde, y poco a poco la gente deja de contar contigo.

El dinero aparece. Quizá tu primer curro, quizá una paga, quizá una beca. Y un cerebro impulsivo con dinero es como un niño en una tienda de chuches sin supervisión. Compras por dopamina. Gastas sin pensar. Y a final de mes no sabes dónde han ido 200 euros.

Las decisiones pesan. Elegir carrera, elegir ciudad, elegir si estudias o trabajas. Son decisiones que te piden proyectar a futuro. Y proyectar a futuro es exactamente lo que peor se le da a un cerebro TDAH. Así que te bloqueas. O eliges lo primero que pillas. O cambias de idea cada tres meses.

¿Y si encima no sabes que tienes TDAH?

Esta es la parte que más duele.

Porque muchos chavales entre 16 y 19 no están diagnosticados. O los diagnosticaron de pequeños, les quitaron la medicación a los 12 "porque ya estaban mejor", y ahora están en caída libre sin entender por qué.

Si no sabes que tienes TDAH, todo lo que te pasa lo interpretas como un defecto personal. No es "mi cerebro no regula la atención". Es "soy un desastre". No es "necesito estructura externa". Es "soy un vago que no puede con su vida".

Y esa narrativa te acompaña. A los 19. A los 25. A los 30. Hasta que alguien enciende la luz y te dice que lo que te pasa tiene nombre, tiene explicación y tiene solución.

Muchas veces esa confusión se mezcla con ansiedad. Porque años de fallar sin saber por qué generan un miedo constante a volver a fallar. Si te suena eso, este post te va a interesar.

¿Qué se puede hacer?

No voy a darte una lista de 10 consejos motivacionales. No funciona así.

Lo que sí te digo es esto: si tienes entre 16 y 19 años y sientes que todo se te va de las manos, que la gente a tu alrededor parece tenerlo todo bajo control menos tú, que te esfuerzas pero los resultados no llegan, para un segundo.

No eres tonto. No eres vago. No es la edad.

Puede ser que tu cerebro funcione diferente. Y que hasta ahora nadie te lo haya dicho porque los andamios que tenías lo disimulaban.

Si estás pensando en FP o formación profesional, por ejemplo, a veces ese camino más práctico encaja mejor con un cerebro que aprende haciendo, no sentado escuchando cuatro horas seguidas.

El primer paso no es "esforzarte más". El primer paso es entender cómo funciona tu cabeza. Y a partir de ahí, construir un sistema que funcione para ti. No el que funciona para los demás. El tuyo.

Porque el problema nunca fuiste tú. El problema es que te dieron un manual de instrucciones que no era para tu modelo de cerebro.

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