Tengo más inicios que finales en absolutamente todo

Tu historial es una lista infinita de comienzos brillantes y cero finales. No es falta de compromiso. Es un cerebro que funciona por novedad.

Si mi vida fuera un libro, tendría 300 primeros capítulos y ningún final.

Lo digo literal. Miro hacia atrás y veo una colección impresionante de comienzos. Proyectos que arranqué con una energía que daba miedo. Hobbies que devoré durante semanas. Ideas que desarrollé hasta el más mínimo detalle. Planes que tenían todo para funcionar.

Y cero finales. Ninguno.

Bueno, miento. Algunos los terminé. Pero los que terminé se pueden contar con los dedos de una mano y me sobran dedos. El ratio inicio/final de mi vida es tan absurdo que si fuera una estadística, alguien pensaría que hay un error en los datos.

¿Por qué empiezo tantas cosas?

Porque empezar es la parte fácil. Es la parte divertida. Es la parte donde todo es posible y nada ha salido mal todavía.

Empezar un proyecto es como abrir un regalo. No sabes qué hay dentro. Todo es emoción, expectativa, dopamina pura. Tu cerebro se enciende como un árbol de Navidad porque hay novedad, hay descubrimiento, hay potencial infinito.

Terminar un proyecto es lo contrario. Es repetir tareas que ya conoces. Es resolver problemas aburridos. Es hacer las partes que no molan pero que son necesarias. Es la parte donde la novedad se acabó y lo único que queda es disciplina.

Y algunos cerebros funcionan con novedad. Sin ella, se apagan. No por vagancia. No por capricho. Por química. La dopamina que genera empezar algo nuevo es brutal. La que genera terminar algo a medio hacer es prácticamente cero.

Es como comparar el primer bocado de una pizza con el último. El primero es una experiencia. El último es un trámite. Y hay gente que solo vive para los primeros bocados.

La colección de primeros capítulos

Te hago un resumen rápido de mi colección. Solo del último año.

Un blog sobre productividad que duró 12 posts. Un canal de YouTube sobre cocina que duró 3 vídeos. Un podcast que duró exactamente un episodio y medio (el medio es porque grabé el segundo pero no lo edité). Un curso online que planifiqué entero pero del que solo grabé la introducción. Una novela que tiene 40 páginas brillantes y cero páginas más.

Cada uno de esos proyectos, cuando lo empecé, era EL proyecto. El definitivo. El que iba a cambiar todo. Y durante unos días o semanas lo fue. Hasta que dejó de serlo y apareció el siguiente.

Y así se forma una colección de comienzos que nunca llegan a nada.

Lo que más duele no es dejarlo

Lo que más duele es que la gente crea que no te importa.

"Si de verdad te importara, lo habrías terminado." Esa frase. Esa puñetera frase. Como si la importancia de algo se midiera por si lo terminas o no.

Me importaba. Me importaba cada uno de esos proyectos. Me importaba el blog, el canal, el podcast, el curso, la novela. Les puse ilusión real, tiempo real, energía real. Pero la ilusión no es suficiente para sostener algo cuando tu cerebro decide que ya no hay nada nuevo que descubrir.

No es que no puedas terminar nada. Es que tu motor funciona con un combustible que se agota rápido. Y cuando se agota, no importa lo mucho que quieras seguir conduciendo. El coche se para.

Si esto te suena y no es una cosa aislada sino el patrón de toda tu vida, merece la pena que un profesional le eche un vistazo. No es falta de carácter. Puede ser cómo está cableado tu cerebro.

¿Hay manera de terminar algo cuando eres un eterno principiante?

Sí. Pero no la que te imaginas.

No es "más disciplina". No es "ponerte objetivos más claros". No es "buscar tu pasión de verdad" (si me dicen esto una vez más les tiro algo).

Lo que a mí me funciona es hacer los proyectos más pequeños. Absurdamente pequeños. Tan pequeños que terminarlos sea casi inevitable.

En vez de "voy a escribir un libro", "voy a escribir un capítulo". En vez de "voy a crear un curso online", "voy a grabar una lección de 10 minutos". En vez de "voy a montar un negocio", "voy a hacer una cosa esta semana".

Porque el problema no es que no puedas terminar. Es que el final está tan lejos del inicio que tu cerebro se rinde antes de llegar. Y si acercas el final, a veces llegas. No siempre. Pero más que antes.

La otra cosa que funciona es aceptar que vas a tener mil ideas y ejecutar pocas. Y que eso está bien. No tienes que terminar todo lo que empiezas. Pero ayuda elegir una cosa, solo una, y protegerla del siguiente comienzo brillante.

Es difícil. Pero entender por qué te pasa ya cambia la perspectiva.

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Si tu vida es una colección de inicios sin finales y quieres entender qué hay detrás de eso, tengo un test de 43 preguntas que te puede orientar bastante. Sin compromiso, sin registro. Hacer el test TDAH.

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