No recuerdo cómo se llaman personas que conozco desde hace años

Te presentan a alguien, te lo repiten tres veces, y a los cinco minutos tu cabeza lo ha borrado. No es falta de interés. Tiene explicación.

El otro día me crucé con un vecino al que veo desde hace dos años. Todos los días. Mismo portal, mismo ascensor, mismo "buenos días". Y me preguntó algo sobre el buzón. Y yo le respondí con naturalidad. Y cuando se fue, me di cuenta de que no tenía ni la más remota idea de cómo se llamaba.

Dos años. Lo veo más que a algunos amigos. Y mi cerebro no ha retenido su nombre.

Y no es la primera vez. Es un patrón. Colegas del trabajo, amigos de amigos, gente que me han presentado tres, cuatro, cinco veces. Los reconozco. Sé quiénes son. Puedo recordar de qué hablamos la última vez. Pero el nombre se evapora como si nunca lo hubiera escuchado.

¿Por qué recuerdo datos absurdos pero no un nombre?

Esto es lo que me volvía loco.

Puedo recordar que la capital de Mongolia es Ulán Bator. Puedo recordar el resultado de un partido de hace quince años. Puedo recordar una frase exacta de una peli que vi en 2007. Pero no puedo recordar cómo se llama la persona que me acaban de presentar hace diez segundos.

Y la gente piensa que es falta de interés. "Si te importara, te acordarías." Esa frase la he escuchado mil veces. Y me la he creído durante años. Porque tiene lógica, ¿no? Si algo te importa, lo recuerdas. Si no lo recuerdas, es que no te importa.

Pues no. No funciona así. O al menos no funciona así en todos los cerebros.

Tu memoria no es un disco duro que graba todo por igual. Tu memoria tiene preferencias. Y esas preferencias no las eliges tú. Las elige tu cerebro en función de la carga emocional, la novedad y la dopamina que genera la información.

Un nombre suelto, sin contexto emocional, sin historia detrás, sin nada que lo enganche a algo que ya tienes en la cabeza... es la información más aburrida que existe para ciertos cerebros. Es como un post-it que pegas en una pared húmeda. Se cae antes de que te des la vuelta.

La vergüenza que nadie menciona

Lo peor no es olvidar el nombre. Lo peor es el momento en que tienes que presentar a esa persona a alguien. O cuando te la encuentras y tienes que decidir en 0.3 segundos si dices "¡Ey, qué tal!" con entusiasmo genérico o si te arriesgas a usar un nombre que igual no es.

Yo he desarrollado todo un sistema de supervivencia. Espero a que otro diga el nombre. Miro el móvil por si tiene el contacto guardado. Digo "perdona, soy malísimo con los nombres" como si fuera un defecto simpático en vez de algo que me genera una ansiedad real.

Porque la realidad es que cuando te pasa constantemente, empiezas a evitar situaciones sociales. No porque no te gusten. Sino porque el momento de "no me acuerdo de tu nombre aunque nos hemos visto veinte veces" es tan incómodo que prefieres no pasar por él.

Y eso te pasa en las conversaciones también. Estás ahí, quieres estar ahí, pero tu cerebro tiene otros planes.

No es descortesía. Es cómo funciona tu memoria de trabajo.

La memoria de trabajo es como una mesa muy pequeña. Solo caben dos o tres cosas encima. Y cada vez que entra algo nuevo, se cae algo que ya estaba.

Cuando te presentan a alguien, en ese mismo momento estás procesando su cara, su tono de voz, el contexto, qué decir, cómo saludar, si dar dos besos o la mano. Tu mesa ya está llena. El nombre llega, busca hueco, no lo encuentra, y se cae al suelo.

No es que no hayas prestado atención. Es que tu atención estaba repartida entre demasiadas cosas a la vez. Y tu cerebro decidió que el nombre era lo menos urgente en ese momento.

Si te suena esto, probablemente también te pase que tu mente se queda en blanco justo cuando más la necesitas. Es el mismo mecanismo. Tu memoria de trabajo tiene un límite más bajo de lo que piensas.

Lo que hay detrás del olvido de nombres

A ver, te voy a decir algo.

Olvidar nombres de forma sistemática, no como algo puntual sino como patrón que se repite toda tu vida. Olvidar cosas que acabas de escuchar. Tener una memoria que funciona fenomenal para lo que le da la gana y fatal para lo que tú necesitas.

Todo eso tiene un nombre. Se llama TDAH. Y la memoria de trabajo deteriorada es uno de sus síntomas más comunes en adultos. No es el que más se conoce, porque cuando piensas en TDAH piensas en un niño saltando en clase. Pero en adultos se manifiesta en cosas así. Cosas cotidianas. Cosas que parecen descortesía, despiste o falta de interés.

Y no son nada de eso.

Si quieres entender mejor cómo funciona este tipo de memoria y qué puedes hacer, te recomiendo leer sobre externalizar la memoria. Porque cuando dejas de confiar en tu cabeza para recordar y empiezas a usar sistemas externos, el alivio es brutal.

No estoy diciendo que sea tu caso. No soy tu médico. Esto no sustituye una evaluación profesional. Pero si llevas toda la vida olvidando nombres, olvidando recados, olvidando cosas que te acaban de decir, y sintiéndote mal por ello... quizá no es un defecto de carácter. Quizá es algo que te hace sentir que todo te cuesta más que a los demás. Y quizá merece la pena explorarlo.

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