Empiezo un podcast, lo escucho tres episodios y lo abandono
Encuentras un podcast que te encanta. Tres episodios después, ya no te genera nada. Tu lista de suscripciones es un cementerio de buenas intenciones.
Descubrí un podcast el otro día que me voló la cabeza.
Primer episodio: esto es exactamente lo que necesitaba. Segundo episodio: este tío es un genio, ¿cómo no lo conocía antes? Tercer episodio: bueno, está bien, pero no como los otros dos. Cuarto episodio: no lo he escuchado. Quinto episodio: no sé ni de qué va. Sexto episodio: ¿qué podcast?
Y ahora tengo otra suscripción muerta en mi app de podcasts. Uniéndose a las otras 40 suscripciones muertas que acumulo como trofeos de buenas intenciones.
Lo gracioso es que cada vez que descubro un podcast nuevo, pienso "este sí que lo voy a seguir". Con la misma convicción con la que pensé lo mismo de los últimos 40. Y cada vez tengo razón durante exactamente tres episodios.
¿Por qué tres episodios es el límite?
Porque tres episodios es más o menos lo que tarda tu cerebro en mapear un podcast.
Episodio 1: todo es nuevo. El presentador, el formato, los temas, el tono. Tu cerebro está recibiendo información nueva por todos los frentes. Dopamina máxima.
Episodio 2: empiezas a pillar el patrón. Ya conoces al presentador, ya sabes cómo estructura las cosas. Pero todavía hay suficiente novedad para mantenerte enganchado. El tema es diferente, hay invitados nuevos.
Episodio 3: ya lo tienes mapeado. Sabes cómo empieza, cómo se desarrolla, cómo acaba. Puedes predecir más o menos qué va a decir antes de que lo diga. Y tu cerebro, que vive de la sorpresa, dice "aquí ya no hay nada para mí".
No es que el podcast sea peor. Es que tu cerebro ya lo procesó. Es como un videojuego que has descifrado y ya no te genera nada. El contenido sigue ahí. Pero el subidón no.
La app de podcasts como espejo del alma
Mi app de podcasts dice más de mí que cualquier test de personalidad.
137 suscripciones. De las cuales escucho activamente cero. Bueno, tres. Pero en dos semanas probablemente sean cero también.
Categorías de todo tipo. Tecnología, historia, crimen, comedia, psicología, filosofía, cocina, negocios. Cada suscripción representa un momento de entusiasmo real. Un descubrimiento que me emocionó. Una promesa de conocimiento que iba a mantener.
Y ahora son notificaciones que ignoro. "Nuevo episodio de..." Deslizar. Ignorar. "Nuevo episodio de..." Deslizar. Ignorar. 47 episodios sin escuchar. 120 episodios sin escuchar. Números rojos que crecen como una deuda emocional que sé que nunca voy a pagar.
De vez en cuando hago limpieza. Desuscribirme de todo. Empezar de cero. Y a las dos semanas tengo 15 suscripciones nuevas que van a morir exactamente igual que las anteriores.
El problema no son los podcasts
El problema es que este patrón se repite en todo.
Series de Netflix: tres episodios y abandono. Libros: tres capítulos y lo dejo en la mesita. Hobbies: tres semanas y paso a otra cosa. Proyectos personales: tres meses y mueren con el 80% completado.
Siempre hay un punto de inflexión donde la novedad se acaba y el interés se apaga. Y el número cambia (tres episodios, tres semanas, tres meses) pero la mecánica es idéntica. Tu cerebro se queda sin combustible nuevo y se niega a funcionar con el viejo.
Si esto te suena no como algo que te pasa a veces sino como algo que te pasa siempre, en todas las áreas, con todo lo que empieza siendo emocionante, puede que valga la pena mirarlo con un profesional. No estoy diciendo que tengas nada. Estoy diciendo que hay una explicación que va más allá de "eres inconstante".
¿Hay algún podcast que hayas terminado?
Sí. Pocos. Y todos tienen algo en común: son finitos.
Miniseries de 6 episodios. Podcasts con un principio y un final claro. Historias que se resuelven. Cosas con estructura cerrada.
Y ahí está la pista. Mi cerebro puede con algo si sabe que tiene final. Si ve el final desde el principio. Si puede contar los pasos que quedan y no son infinitos.
Los podcasts infinitos, los que sacan episodios cada semana sin fin, esos los abandono siempre. Porque mi cerebro necesita un destino. Sin destino, pierde el interés. Y lo que empezó como un descubrimiento termina como una notificación más que ignoro.
A mí me funciona elegir podcasts cortos y completos. Temporadas cerradas. No me comprometo con nada que no tenga final visible. Es adaptarme a cómo funciona mi cerebro en vez de pedirle que funcione como no funciona.
---
Si abandonas podcasts, series, libros y proyectos siempre en el mismo punto, puede que no sea una cuestión de gustos. Tengo un test de 43 preguntas que te puede dar bastante perspectiva. Gratis, anónimo, sin registro. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Me cuesta concentrarme después de una discusión o un disgusto
Has discutido con alguien y tu cerebro se niega a volver al trabajo. No es drama, es que tu atención se ha ido con el portazo.
Dejo la ropa para lavar hasta que no tengo nada limpio que ponerme
Pospones lavar la ropa hasta quedarte sin opciones. No es dejadez. Es lo que pasa cuando tu cerebro no puede arrancar con tareas que no le interesan nada.
Me cuesta concentrarme cuando alguien me está mirando trabajar
Trabajas bien solo, pero en cuanto alguien te observa, tu cerebro se bloquea. No es vergüenza. Tiene una explicación más profunda que nadie te ha dado.
Actúo sin pensar y luego me arrepiento casi siempre
Envías el mensaje, compras la cosa, dices la frase. 10 segundos después quieres volver atrás. No es imprudencia.