No puedo tener un horario fijo de nada en mi vida
Comer a las 2, trabajar de 9 a 5, dormir a las 11. Suena fácil. Para ti es imposible. Si los horarios fijos no te funcionan, lee esto.
No como a la misma hora dos días seguidos. No me duermo a la misma hora. No empiezo a trabajar a la misma hora. No hago nada a la misma hora. Mi vida es un reloj derretido de Dalí.
Y no es porque no quiera. He intentado ponerme horarios. Muchas veces. "Comida a las 2. Trabajo de 9 a 6. Dormir a las 11:30." Lo escribo. Lo pongo en la nevera. Lo miro. Y mi cuerpo hace lo que le da la gana.
Porque hay algo entre "sé que debería comer a las 2" y "como a las 2" que en mi caso no funciona. Es como si mi reloj interno estuviera roto. O mejor dicho, como si no tuviera reloj interno. Como si cada día fuera el primer día y mi cuerpo no recordara lo que hizo ayer.
¿Es normal no poder seguir un horario?
A ver, todo el mundo tiene días que se desajustan. Un lunes que comes tarde. Un viernes que te duermes a las 3. Eso es normal.
Lo que no es tan normal es que CADA día sea diferente. Que no exista un patrón. Que si alguien te pregunta "¿a qué hora sueles comer?" no tengas respuesta. Porque no sueles comer a ninguna hora. Comes cuando te acuerdas. O cuando el hambre se vuelve imposible de ignorar. O cuando alguien te dice "¿has comido?".
Es lo mismo con el trabajo. Hay días que empiezo a las 8 lleno de energía. Hay días que empiezo a las 12 y no sé dónde se fue la mañana. Hay días que empiezo a las 10 de la noche y trabajo hasta las 3 porque mi cerebro decidió que ese era el momento.
No hay patrón. No hay regularidad. No hay constancia. Y cada sistema que intento crear para arreglarlo acaba abandonado en menos de dos semanas.
El mundo está hecho para gente con horarios
Este es el problema real. No es solo que no tengas horarios. Es que el mundo asume que los tienes.
Las reuniones son a horas fijas. Las comidas con amigos se organizan a horas concretas. El gym tiene clases a horas específicas. El médico te da cita a las 10 y espera que estés ahí a las 10. No a las 10:25. No a las 10:40. A las 10.
Y cuando llegas tarde a todo, la gente piensa que no te importa. Que eres descuidado. Que no respetas su tiempo. Pero no es eso. Es que tu cerebro no tiene la función de "quedan 30 minutos, empieza a prepararte". Tu cerebro está en lo que está hasta que de repente mira la hora y ya vas tarde. Siempre.
¿Por qué mi cerebro no tiene reloj?
Porque la percepción del tiempo no funciona igual en todos los cerebros. Hay personas que sienten pasar los minutos como un metrónomo. Saben intuitivamente cuánto ha pasado. Saben cuándo es hora de comer, cuándo es hora de salir, cuándo llevan demasiado tiempo con algo.
Y hay personas para las que el tiempo es un líquido. Se expande. Se contrae. Cinco minutos pueden sentirse como una hora o una hora como cinco minutos. Y no hay forma de calibrarlo desde dentro.
Imagínate que intentas cocinar con un temporizador que a veces va al doble de velocidad y a veces se para. Nunca sabrías cuándo sacar la comida del horno. Pues así funciona el sentido del tiempo en ciertos cerebros. No es que no les importe ser puntuales. Es que no tienen la herramienta interna para serlo.
¿Qué hago si los horarios fijos no me funcionan?
Lo que a mí me ayuda no es forzar horarios. Es crear anclas.
Un ancla es algo que haces a la misma hora porque algo externo te obliga. No tu voluntad. Algo externo. Una clase. Una reunión. Una persona que te espera. Algo que no puedes mover.
Si tienes una ancla a las 9, todo lo demás se organiza alrededor de eso. Comes antes o después de la ancla. Trabajas antes o después. Duermes para poder llegar a la ancla.
Sin ancla, todo es líquido. Todo se desplaza. Todo cambia cada día. Con una o dos anclas al día, el caos se reduce. No desaparece. Pero se reduce.
Y lo otro: deja de intentar mantener rutinas de gente con otro cerebro. Su sistema no es tu sistema. Lo que para ellos es "normal" para ti es una lucha diaria. Y eso está bien. Pero necesitas saberlo para dejar de machacarte.
Porque si esto te pasa desde siempre, no es que no hayas encontrado el sistema correcto. Es que tu cerebro necesita algo diferente. Y un profesional puede ayudarte a entender qué.
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