Tengo explosiones de productividad y luego nada durante días

Un día produces como tres personas juntas. Al siguiente no puedes ni abrir el correo. No es bipolaridad ni pereza. Tu cerebro tiene un patrón de picos y.

El miércoles pasado escribí cuatro artículos, grabé un vídeo, contesté todos los emails pendientes, reorganicé mi sistema de tareas y todavía me sobraron ganas para cocinar algo decente por la noche.

El jueves no pude ni abrir el portátil.

No es una exageración. No es forma de hablar. Es literal. El jueves me desperté y mi cuerpo pesaba el triple. Mi cerebro estaba en modo pantalla en negro. Intenté sentarme a trabajar y fue como intentar nadar en miel. Todo era lento, todo era difícil, todo requería un esfuerzo desproporcionado para lo que era.

Y lo peor no fue la improductividad del jueves. Lo peor fue la pregunta: "Si ayer podía con todo, ¿por qué hoy no puedo con nada?"

¿Por qué alterno entre ser una máquina y ser un vegetal?

A ver, mira. Esto me pasa desde que tengo memoria. En el colegio eran las semanas de exámenes en las que lo clavaba todo y las semanas siguientes en las que no hacía ni los deberes. En la universidad era lo mismo. En el trabajo, lo mismo. Y ahora con mi propio negocio, exactamente lo mismo.

Hay días en los que funciono a un nivel que la mayoría de la gente no alcanza nunca. No es modestia falsa. Es la realidad. Cuando estoy en modo "on", soy brutal. La velocidad a la que proceso, creo, ejecuto, decido. Es como si alguien hubiera pulsado un botón turbo.

Y luego hay días en los que una persona de ochenta años con gripe sería más productiva que yo.

No hay término medio. O es un diez o es un cero. O es todo o es nada. Y no elijo cuándo es cada cosa.

Es exactamente lo que cuento en el post sobre los días en que puedo con todo y los que no puedo ni levantarme: la inconsistencia no es un fallo de carácter. Es un patrón. Y tiene una explicación.

¿Esto es normal o me pasa algo?

A todo el mundo le pasan días mejores y peores. Eso es ser humano.

Lo que no es normal es que la diferencia entre un día bueno y un día malo sea un abismo. No una colina, un abismo. Un día bueno es producir como tres personas juntas. Un día malo es no poder ducharte hasta las cuatro de la tarde.

Ese rango de variación no es normal. Y si alguien te dice "a mí también me pasa", pregúntale si alguna vez ha tardado cuatro horas en contestar un mensaje de tres palabras. Porque eso es lo que te pasa a ti en los días malos. Y eso no le pasa a todo el mundo.

La analogía que mejor lo explica es la de los fuegos artificiales. Un cerebro estándar es como una hoguera: quema a un ritmo constante, puedes ir echando leña, y el fuego se mantiene. Tu cerebro es un castillo de fuegos artificiales: espectacular cuando explota, pero imposible de mantener encendido. Sale todo de golpe, con una intensidad brutal, y luego se apaga. Y no puedes encenderlo otra vez hasta que se recarga.

¿Qué pasa durante los días de "nada"?

Esto es importante y nadie habla de ello.

Los días de nada no son días de descanso. Ojalá lo fueran. Un día de descanso lo eliges. Te sientas en el sofá, ves una serie, disfrutas. Los días de nada son días en los que quieres hacer cosas y no puedes. Estás en el sofá, pero no disfrutando. Estás sufriendo porque sabes que deberías estar haciendo algo y tu cuerpo no responde.

Es una impotencia horrible. Porque no es pereza. La pereza es no querer hacer algo. Tú sí quieres. Pero tu cerebro se ha quedado sin combustible después de la explosión del día anterior. Y no hay forma de rellenarlo a voluntad.

Y entonces llega la culpa. "Ayer podía con todo, ¿por qué hoy no?" Y la culpa te hunde más. Y cuanto más hundido estás, menos puedes hacer. Y cuanto menos puedes hacer, más culpable te sientes. Y así hasta que un día el cerebro decide encenderse otra vez y vuelves a producir como un poseso.

Es lo que explico en el post sobre la gratificación retardada: tu cerebro funciona en sprints, no en maratones. Y pretender que funcione como una maratón es receta para el desastre.

¿Cómo vivo con un cerebro de picos y valles?

Pues lo primero, aceptando que es así. No luchando. Aceptando. Tu cerebro tiene picos y tiene valles. Los picos son tu superpoder. Los valles son el precio. Intentar eliminar los valles es como intentar tener verano sin invierno. No funciona.

Lo segundo es aprender a aprovechar los picos. Cuando sientas que el turbo se enciende, no lo desperdicies en tareas pequeñas. Mete todo lo importante ahí. Escribe, crea, decide, avanza. Porque no sabes cuándo va a volver.

Y lo tercero es proteger los valles. No hacer nada importante en un día de valle. No tomar decisiones grandes. No responder emails difíciles. Si puedes, haz tareas mecánicas que no requieran cerebro. Y si no puedes hacer ni eso, descansa sin culpa. Porque el próximo pico va a venir. Siempre viene.

Ahora bien. Si los picos y valles son tan extremos que tu vida profesional y personal es un caos, si la inconsistencia te ha costado trabajos, relaciones o salud, merece la pena preguntarse por qué tu cerebro funciona así. Porque cuando entiendes por qué te cuesta todo más que a los demás, dejas de verte como alguien inconsistente y empiezas a verte como alguien que necesita un manual de instrucciones diferente.

Esto no sustituye hablar con un profesional. Si vives en una montaña rusa de productividad que no controlas, una valoración puede darte información que lleves años necesitando.

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Si alternas entre modo bestia y modo apagado sin control, tu cerebro puede tener un patrón que tiene nombre y explicación. Tengo un test de 43 preguntas para empezar a entenderlo. Gratis. 10 minutos. Hacer el test.

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